Rss Feed
  1. Arms

    lunes, 12 de noviembre de 2012

    Obtuve un buen puntaje en el examen de estado y el 21 de enero empiezo a estudiar Derecho en la universidad que quería. El martes es mi último día de clases en el colegio y no niego que, aunque me provoca evadir más de un recuerdo entre esas paredes, me invade algo de nostalgia por irme. No pasaría un mes más en ese lugar, pero tengo que admitir que mi paso por él me hizo más fuerte, más sensata y, por qué no, más dada a los lazos joviales. No sé, sé que no extrañaré la rutina de las cinco de la mañana, la caminata de los siete minutos para no llegar tarde y la monja interrumpiéndome la vida para reprenderme por pintarme el cabello o para decirme que soy una mala influencia. No, no lo echaré de menos, pero quizá sí me haga un poco de falta volver a casa acompañada, riendo, o morbosear –también es un derecho fundamental– a mi profesor de filosofía. En fin, habrá que superarlo. Supongo que ampliaré más la información en un tiempo.

    Hoy compré Una palabra tuya. Para decidir si vale la pena comprar o no un libro tengo por costumbre leer una página al azar, y, bueno, básicamente lo traje a casa porque su precio me sedujo –en cuestiones monetarias el gusto se me invierte: entre más pequeño, mejor (aunque supongo que a todas nos pasará igual)– y porque me topé con esto:

    «Yo, en cuestión de hombres, siempre he puesto el listón muy alto, quiero decir con esto que ninguno de los hombres con los que me he acostado a lo largo de mi vida ha llegado a ese listón para nada. Tú te construyes un tipo de hombre en la cabeza, un hombre con cierta cultura, que te escuche, que sepa conversar, que a la hora de hablar en una cafetería sepa hablar y engatusarte con sus argumentos y a la hora de echarte un polvo lo haga como un macho sensible, que es para mí la descripción perfecta de mi ideal, macho sensible, en otras palabras, hombría más ternura; tu vives con esa esperanza, esa idealización, pero luego la realidad es bien distinta.»

    No me sentí identificada en tanto se afirma que la realidad acaba siendo distinta, pero mi inconsciente asintió frenéticamente cuando se le habló de ideales. Todas –y todos, me atrevo a decir–, hemos idealizado alguna vez el modelo de pareja que quisiéramos tener. El problema es que las novelas –rosa o sadomaso– nunca dicen que en realidad es difícil pasar la noche abrazados porque uno de los dos monopoliza las almohadas y el otro las cobijas, que a veces no hay qué desayunar o que durante el sexo alguno puede querer estornudar, y eso propicia una atmósfera mental adecuada para el cultivo de los ideales falsos. Entonces, cuando aparece alguien que nos guste mucho, pero que no deja de ser humano, nos resulta frustrante no hallar perfección.  En mi caso, la frustración es un poquito al contrario: siempre se espera intentar llenar un modelo femenino ideal, lo que suscita una insatisfacción profunda y unidireccional porque no tengo unos pechos grandes, una piel admirable, una estatura más cómoda y un pasado menos problemático y asqueroso –porque hay que afrontarlo, que él sepa que tengo tendencias bulímicas y varias cicatrices no es lindo, ni interesante, ni romántico–, y sigo siendo una figura nula para su familia. ¿Que si lo entiendo? ¡Claro que lo entiendo! Por eso no convierto ciertos detalles y mi papel en determinado aspecto de su vida en un drama constante. Pero mi sensatez no oculta mi sensibilidad: es más, son irreconciliables, y su único punto de convergencia soy yo, el acongojado ser que tiene que conjugarlas y, a veces, ignorarlas.

    No soy perfecta. No me cuesta no ducharme un día, no consigo mantener las uñas siempre arregladas, tengo manchas en la espalda, odio los días lluviosos... en fin. No sé. No soy la mujer ideal.

    Y llevo todo el fin de semana atiborrándome con laxantes porque mi sistema digestivo está jodido. Nada funciona.

  2. 1 comentarios:

    1. I'm a boy dijo...

      Abro mi blog, observo tu comentario, pongo casualmente FOX y están transmitiendo la puta película de Summer, ¿por qué siempre estás cerca cuando me ocurren estas coincidencias? Te invito a que me partas el corazón, creo que sería mucho mejor sufrir por ti. Comunícate conmigo, te quiero.

    Publicar un comentario