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  1. I did it.

    miércoles, 5 de diciembre de 2012

    Lo hice. Me gradué.

    Después de años de llevar una falda escocesa azul y medias blancas a la rodilla, por fin he recibido ese cartón que con el transcurso de los últimos días me parecía cada vez más lejano.

    La noche del viernes planeaba ir a la cama temprano, pero fui presa de un ansia comunicativa infinita, por lo que me resigné a no avanzar en el libro de turno y me dediqué a hablar con una de mis compañeras vía Whatsapp acerca de los planes que teníamos para celebrar el grado, hasta quedarme dormida a eso de las once. Desperté más o menos a las ocho de la mañana, dispuesta a comer algo y arreglarme, pero me resultó físicamente imposible ingerir cualquier alimento sólido. Igual no me sentí culpable: el estómago me pesaba demasiado. Me conformé con un café y me duché, saqué la ropa y me puse unos jeans y una camiseta cualquiera para ir a arreglarme el cabello. Durante todo el año lo llevé color naranja opaco, así que recientemente volví a mi tono natural y, para romper con el liso ininterrumpido tan característico en mi persona, decidí pedir que me hicieran ondas en las puntas, lo que me resultó medio exagerado, así que no me maquillé fuera del rímel negro usual.
    Regresé a casa, me puse el uniforme y me fui antes que mi familia. Al llegar había un par de personas, así que nos sentamos a hablar de nada hasta que alguien más hizo presencia y nos dirigimos juntas al baño, donde, a raíz de que mi ansia comunicativa permanecía latente, nos descojonamos un rato antes de regresar mi catarsis más efectiva es reír. Al volver había más gente, y después de los saludos característicos estás muy guapa (esta vez me lo creí) y demás nos rendimos a los fotógrafos. Entré cuando me llamaron, deteniéndome para la foto del corredor, y me senté a escuchar los consabidos discursos de grado. Nadie derramó una lágrima. Subí cuando me llamaron de nuevo y quien me entregó el diploma alguien que me apoyó durante todo el año a pesar de las metidas de pata me abrazó y dijo que estaba orgullosa de dármelo. Posterior a ello hubo un par de fotos más, bajé, me entregaron el acta de grado y regresé a mi asiento. Dado que no teníamos birrete, al concluir la ceremonia cada una se quitó el saco y lo lanzó al techo.  Un nada sutil y muy divertido 'no nos ha hecho falta'. Al salir hubo más fotos con algunas compañeras, con mi familia, y, por supuesto, las respectivas felicitaciones y despedidas.  Fue demasiado efímero para lo memorable que resultó salir por última vez de ese lugar. 

    Mis padres esperaron en el auto mientras me cambiaba de nuevo para ir a un restaurante español en el centro de la ciudad. La verdad es que jamás lo había escuchado, pero el ambiente del lugar me gustó desde que entramos. Mi padre pidió un vino chileno para acompañar la comida, y la mesa se llenó de tapas, carnes, alitas de pollo y unas patatas bravas, todo acompañado de diversas salsas. Todo increíble. Para ser sincera, hacía muchísimo no probaba algo nuevo que me gustara tanto. El hombre que nos atendió me felicitó y, al acabar de comer, me llevó una torta pequeña de chocolate belga. Ya sé que si digo que era gloriosa y celestial parece que no hubiese comido en años, pero no tengo más adjetivos para describirla. La comida transcurrió tranquilamente entre anécdotas, risas y fotos.
    Regresamos a casa a eso de las ocho de la noche y fuimos caminando a un bar que hay cerca a mi casa. Pensé que iban a pedirme documentos para entrar, pero no hubo problema por eso. Seguimos hasta el segundo piso, pedimos una cerveza y bailamos un poco antes de que llegaran algunas amigas. Éramos nueve personas, así que pedimos una botella de Ron Bacardi Mojito. Bailé muchísimo, así que pude beber sin sentir el efecto del alcohol. A eso de la una comencé a sentirme mal tenía hambre, pero en realidad no era hambre, sino un dolor punzante como de gastritis o indigestión–, pero, por ser ese dolorcito conocido, ya sabía cómo aliviarlo. Agradecí como pocas veces al cielo poder provocarme el vómito, puesto que después de hacerlo, aunque fue poquísimo, me sentí infinitamente mejor. Bailamos otro poco y estuvimos de vuelta en casa a las dos.

    La deliciosa pesadez de mi cuerpo después del ajetreo me hizo caer como una roca en la cama. Fue un día increíble.


    El domingo no hice nada fuera de lo usual.

    Ayer, martes, me dediqué a acabar un libro y sacar a Lío mi perro al parque, porque le encanta rendirse ante los encantos del buen clima. Supongo que hoy terminaré otro libro, disfrutaré de una deliciosa comida sin preocuparme por las calorías y ayudaré a decorar la casa de navidad, justo como cuando era pequeña.

    La cantidad de ojos que absorben eventualmente mis letras ha aumentado, así que creo que tengo el deber de despedirme con un agradecimiento por los comentarios.

    ¿Ha llegado alguien hasta el final? Voy a dejar como premio una imagen bastante erótica. Enjoy.


    Un abrazo.

  2. 3 comentarios:

    1. I'm a boy dijo...

      Siempre ha sido un marcado placer leerte, es como comer un dulce muy suculento. Me parece que las cosas están bien, por un momento visualicé muy bien tu relación y me trajo buenas vibras.

      La imagen del final bastó para sacar a ciertas personas definitivamente de mi cabeza, absolutamente.

      Gracias, gracias y mil gracias por ser quien eres conmigo, te quiero, ¿sabes?

    2. Anónimo dijo...

      Jaja hay que censurar esa imagen :p
      Bueno, muchas felicidades por todo: graduarte y por pasarla bien. Hay gente que pregunta por obligación y hay gente que asume nuestros problemas como propios. De cualquier manera eso no nos hace malas personas ni nada de eso. Hay otras personas también que nunca llegan a hartarse de escucharnos. Aprovecha eso, no te creo de las personas capaces de hacerlo más que para uno que otro desahogo.

      Llegamos al final de la entrada.. ya verás que yo también escribo bastante.... jaja!

      Un beso.

    3. Alice Blue dijo...

      Muchas felicidades!!!!!
      Estoy orgullosa de ti!

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