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  1. Whatever tomorrow brings, I'll be there...

    jueves, 3 de enero de 2013

    La atmósfera general ha cambiado, ¡y de qué manera!

    Creo que hay cosas que no detallé anteriormente, por lo que pueden resultar confusas, así que me es necesario exponer un poco el contexto antes de continuar. Me explico: he venido con mi familia a Santa Marta hace doce días. Nos quedamos en casa de mi abuela paterna, con quien no tengo una relación cercana. 

    Mañana volvemos a casa y, según parece, mi 2013 empieza cumpliendo propósitos: la idea es visitar alguna(s) ciudad(es) que yo desconozca, por lo que el trayecto nos tomará dos días –que, si no me equivoco, podrían ser tres–. Claro que un avión es más rápido y más práctico, pero los viajes en carro nos dan la oportunidad de pasar más tiempo juntos antes de retomar cada uno las actividades usuales, dícese trabajar y estudiar. Por extraño que suene, me gusta estar con mis padres en épocas como la presente, cuando es evidente que se ha superado esa etapa tan tediosa de discusiones y contradicciones, y todos somos mucho más abiertos. No faltan las risas, los detalles curiosos y las historias, así que… bueno, es bastante cómodo el asunto.

    Hoy estuvimos en un pueblo a unos minutos de la ciudad donde, pese a la cercanía a los cero metros sobre el nivel del mar, el clima es caluroso en la mañana y demasiado fresco en la noche. Mis progenitores se ausentaron un par de horas, y durante ese lapso preferí quedarme a continuar mi provechosa lectura –debo decir que Tolstoi me ha enamorado–, acostada en una hamaca. De repente comencé a sentirme mal, y acabé corriendo al baño a vomitar al más perfecto estilo de las películas taquilleras de Hollywood es decir, limpia y rápida (gracias, de nuevo, experiencia bulímica) pero agresivamente–, tras lo que me quedé dormida durante unas dos horas. Desperté absolutamente renovada, y el dolor de cabeza se había ido. Creo que me encontraba tensa, mal dormida, y la relajación y el exceso de comida tuvieron su efecto.

    En fin, estoy sentada en la pseudo-terraza de la casa de mi abuela. Estamos fácilmente a 28ºC y, pese a lo variopinto del día, mi perspectiva ha cambiado radicalmente frente a varios aspectos.

    1. Mi abuela es una mujer senil, una anciana a la que no le gusto del todo, pero que igual requiere ocasionalmente cierta compañía. No exageré respecto a lo que sucedió, pero quizá sí le di más importancia de la que mi carácter usual le habría dado. Asumo que la razón habrá sido la incomodidad constante de la suma de factores calor, presión, aburrimiento y molestia. Hoy decidí que nadie es monedita de oro, como reza el dicho popular, para caerle bien a todo el mundo, así que… bueno, hija de puta y todo, es familia. Para mí los vínculos se hacen con el pasar del tiempo, por lo que ella representa poquísimo en mi connotación personal de la expresión, pero sería realmente desconsiderado desvincularme del todo estando mi padre de por medio.

    2. Difícilmente voy a sentirme cómoda con mi figura, pero el comentario de Blue Rose hizo que me replantease un poco la egocéntrica posición todos-se-sienten-bien-con-su-cuerpo-y-yo-no porque, al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a encarar sus problemas y cualidades negativas de la manera que le venga en gana. No retiro el comentario referente a la libertad con que llevan sus átomos algunas personas pasadas de kilos, pero reconozco que muchas de ellas se sienten incómodas y no tienen otra opción que aceptar y lidiar con el asunto.
    No soy una obeso-nazi, que quede claro. Pero decir que jamás se ha criticado a una persona gorda por serlo recibe el nombre de ‘doble moral’.
    Igual, la sensación acaba de sobresalir de nuevo con la llegada de mi hermana –que, como mi padre, nació aquí–. Pueden imaginársela: su atractiva figura entre un vestidito rosa de algodón, su cabello rubio –que permanece inalterable con todo y el calor y la humedad– perfectamente recogido y sus extremidades envidiables, todo conjugado con su natural cinismo y su tendencia a caer bien… no es que quiera ser insistente, pero yo soy unos centímetros más pequeña que ella, de torso más delgado y pechos infinitamente más reducidos, absolutamente nada destacable, con una melena negra con tendencia a enredarse y lucir descuidada en lugares calurosos, así que… encima viene con su novio. Le caigo bien, lo sé, pero ¿qué figura ocupo? La de cuñada tostada y graciosa.

    3. En resumen, dejar de aferrarme a la idea de dar valor a lo intangible por si lo otro sigue estancado sería equivocarme. No puedo dedicarme a mi físico de lleno, no porque me cueste más trabajo, sino porque sé que es perecedero y no soy lo suficientemente imbécil como para entregarme a ello. No obstante, descuidar del todo el cúmulo de electrones que represento no redundaría en una perspectiva agradable, ni siquiera cómoda para mí misma, porque no soy un ogro del pantano, no… y dejar de lado aspectos como la limpieza y el orden, que apenas me llevan algunos minutos al día, no me haría una mejor persona, ni una mujer más sabia, ni más exitosa. Hay que encontrar una suerte de equilibrio, por complicado que parezca. No puedo intentar romper con eso que forma parte de mí, pero sí puedo evitar entregarme a las calorías –o la falta de ellas– en exceso.


    4. Estoy tranquila. Lo de anoche fue un arrebato, un momento de inestabilidad, de deslizarme por la pendiente de eso que no es depresión aunque se le parezca, y no puedo decir que me sentía increíble, pero tampoco era algo preocupante. El calor, el fastidio, el cansancio y el hecho de que echo infinitamente de menos mi casa, mi cama y a mi chico, reforzaron el malestar… pero todo estuvo y está bien: no hubo ningún detonante y tampoco estoy en modo tan autodestructivo como hace años, por lo que no me quiebro por cualquier pequeñez. No me quejo porque no tengo motivos para hacerlo, y tuve siempre presente que sólo han acaecido sucesos a los que estoy poco o nada habituada, pero que no representan un obstáculo mayor para mi existencia. Además, no me considero una individua melindrosa y no es momento de empezar a serlo, así que... bueno, como quiera que sea, supe llevar las situaciones de manera apropiada, pese a la soledad que pude sentir por momentos.

    Creo que acabo la reflexión diciendo que me complace volver, que tenía ya muchísimas ganas de hacerlo y que sí estaba un poco cansada de estar aquí, pero tal vez mi fastidio de ayer exageró un poco el asunto. Tengo que arreglar mi equipaje porque siempre hay algo que se me acaba olvidando, así que... me despido.

    Un abrazo.


  2. 2 comentarios:

    1. Blue Rose dijo...

      Muy interesante. Yo creo que todos tenemos "doble moral". Igualmente, obvio que se critica a una persona gorda por serlo y de qué manera! Es un sufrimiento espantoso..

      Sos muy reflexiva, yo creo que vas a estar bien. Tal vez no lo veas tan claro porque siendo así para vos es algo natural, pero dejame decirte que no todo el mundo es así ni tiene ese "poder" de sumergirse en lo profundo de su ser para sacar a flote qué es, qué no es, y hacer una suerte de ecuación para resolver sobre su futuro. Me parece bien que hagas eso. También me parece, por otro lado, que pensás demasiado... pero... tal vez sea porque este es tu espacio para hacerlo. No sé. Sé que sos una chica sumamente inteligente y el cabello rubio e inmutable de tu hermana o la relación no tan cercana con tu abuela no deberían poder moverte de tu lugar ni un milímetro.

      Un abrazo :)

    2. Anónimo dijo...

      Hola. Soy Blue Rose. TUve que abrir otro blog, mi nombre allí es Flynn, como en el viejo blog.. espero verte y espero que estés bien.

      Un abrazo!

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