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  1. Back on the road.

    domingo, 17 de febrero de 2013

    Can I make it better with the lights turned on?

    Las últimas semanas han sido una excursión emocional. Pasé de la euforia a la duda, y de la duda a la depresión. Ahí me quedé durante dos semanas. A veces acompañada, a veces sola, porque me sigue costando hablar. No puedo decir que estuve deprimida todo el tiempo, pero sentí que estuve a punto de tocar fondo un par de veces. Es que todo me resultaba imposible, aunque tengo clarísimo que es difícil de entender para quien jamás se ha sentido de semejante manera, así que procuré no decir nada. Y de nuevo estaba esa tendencia que tengo de llorar cada que hablo de ciertas cosas. Además, cuando se habla de asuntos repetitivos… no lo sé, hablé con mi prima de ello, y ambas convinimos en que charlar no suele ayudar cuando uno no está bien. Es decir, claro que es lindo que alguien te escuche, pero las personas sí se cansan –yo, por ejemplo, me harté de dar “ánimo” a alguien cuando era cosa de todos los días–, y eso no los hace malos amigos, sino humanos. 
    Mi cuerpo es como plastilina: cuando no consigo expresarme toma medidas y exterioriza lo que estoy callándome de la mejor forma que encuentre. Fui presa de un escozor infinito en las piernas, lo que me dejó varias heridas que han ido sanando con el paso del tiempo y la estabilidad emocional. También caí enferma, y mis padres dicen que adelgacé –yo no diría que bajé de peso, sino que la grasa sufrió una re-acomodación–, pero me recuperé y sigo respirando. 

    Superé la duda existencial respecto a la carrera. Claro que es difícil, pero no se puede, entre otras cosas, confiar en lo que se consigue fácil. Es cuestión de estudiar y dedicarme, nadie está pidiéndome que sea un genio total. Se me ocurre que ahora veo las cosas desde una perspectiva más clara y un poco menos tensa. 
    La semana pasada estuve mucho mejor. Creo que suelo encontrar excusas para lo mal que me siento cuando no consigo explicarlo, así que elegí la asunción de que yo era un monstruo del pantano y el resto de chicas no para justificarme. Es evidente que no me siento del todo cómoda en mi piel, pero no se trataba de cómo veía a las demás, sino de qué motivo razonable darle a mi estado de ánimo, de cómo encontrar un argumento que pareciera al menos un poco sensato. Intelectualmente… quizá me sentí un poco presionada, pero tampoco tiene mucho que ver con la gente con la que estudio. Aunque no suelo adoptar actitudes favorables frente a la competencia, no soy estúpida y, lo que me cuesta, habrá otras formas de trabajarlo. No es el fin del mundo.

    Mi chico es el único con el que hablé un poco acerca de todo esto. Las charlas con él tienen la particularidad de que no te compadecen, no te hacen sentir considerado y bonito, pero te hacen pensar mucho al respecto, y me parece que eso es muchísimo más importante en tanto no es una palmadita en el hombro, sino una sacudida enfurruñada que te mueve un poco de donde estás. Me sentí un poco mejor después de ello.
    ¿El resto? Quizá actué algo infantil, pero fue, en cierta medida, porque no me sentía bien y eso acarrea determinada inseguridad. Llegó a molestarme el hecho de que una de sus compañeras le llamara el viernes a las 6 pm. La individua en cuestión está, evidentemente, buscando algo, pero no tenía por qué haberme fastidiado tanto, y mucho menos con él. Exageré, y no fue la única vez que lo hice en las semanas anteriores.
    No obstante, no es expresamente un asunto mío. Su forma de tratar a las mujeres es –o era, antes de hablarlo, no sé– incómoda para mí porque notaba un acercamiento que me ponía en una posición poco exclusiva. No sé si se entiende, pero básicamente era como si me relegase en determinados momentos, y pusiera a otras mujeres a mi, digamos, nivel. Tal vez ese fue el precedente que determinó mi comportamiento posterior, sumado a la inseguridad que mencioné. Igual se lo comenté, y al principio todo estuvo bien, claro, hasta que me pasé y me volví insistente. Primero, su comportamiento. Después, mi exageración. Supongo que tendré que esforzarme por no resultar tediosa.


    No hicimos nada para San Valentín, en primer lugar por lo obvio: no estamos en Estados Unidos, y porque, bueno... ese tipo de fiestas mediáticas no me llama la atención. Es mejor recibir detalles inesperados, que no suenen a obligación. Es que es como esas canciones comerciales que todo el mundo conoce, y que no son sólo de una, sino de cien mil parejas más. Uh.

    Hoy me encuentro bien. Es domingo y tengo que preparar un par de lecturas para las clases de mañana, puesto que ayer no hice absolutamente nada, así que parto pronto.

    Un abrazo enorme.

  2. 4 comentarios:

    1. Anónimo dijo...

      Totalmente de acuerdo con respecto a San Valentín...
      Me parece que cada tres líneas buscás oponerte, buscás encontrar o dar un motivo y que lo hacés para sentirte mejor y salir adelante. Me parece muy bueno. Para mí uno de los propósitos de escribir estas cosas es ir dándole forma a las situaciones, no sólo desahogarse. Para eso una iría a darse cabezasos en la pared (bueno, también exagero jaja).
      Me alegra que tengas el poder de reflexión que tenés y que de alguna forma te "reinventes" y salgas a flote. No sos persona que se queda llorando en los rincones. Eso hay que valorarlo :)

      Un abrazo!

    2. Hola! Cuánto tiempo! Sí que me acuerdo de tu otro nick, estuve mirando algunos comentarios de aquella época... pero cómo se llamaba tu antiguo blog? Es que no caigo del todo xD Perdon por la mala memoria! O_o

    3. Anónimo dijo...

      Estoy acá. Me cerraron el Facebook y antes de quedarme sin nada opté por mantener el blog... jaja
      Vos cómo estás? Actualiza pronto, sí? :)

      Besos

    4. Flor Marino dijo...

      Sly Flynn. Te dejo mi correo nuevo porque privatizo el blog. Si querés mandame tu dirección así te invito.

      Un beso grande :)

      flordelinvierno@gmail.com

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