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  1. Am I losing it?

    martes, 11 de junio de 2013

    Why do I keep hitting myself with a hammer? Because it feels so good when I stop.”


    Miraba el reloj cada cuatro minutos, calculando el tiempo que me quedaba para la hora a la que debía salir de casa, intentando saber si conseguiría estudiar todo lo que me hacía falta antes de llegar al examen. Me rendí a las ocho de la mañana.

    Supongo que dejé el listón muy arriba en los primeros exámenes, por lo que ahora me frustra pasar, por ejemplo, de un 4,6 a un 3,7. Es una ridiculez porque de cualquier forma tengo casi aprobadas las materias, lo sé, pero no es suficiente. A pesar de que durante los primeros dos meses me salté algunas clases –no fueron muchas–, para esos exámenes sentí que haberlo hecho había repercutido en mis notas buenas pero no excelentes, así que el resto del semestre intenté no faltar a menos que fuera realmente necesario, y lo conseguí. No sé qué pasó ahora. Estaba nerviosa, quizá, un poco pasiva… no sé, pero mis notas bajaron un poco y me sentí muy molesta. La única razón por la que me, digamos, recuperé, fue porque aún quedaban –quedan– exámenes, y no iba a permitir que mi estado de ánimo y mis ganas de cualquier cosa tuviesen incidencia en mi desempeño. Tal vez sucede que trabajo mejor bajo presión, y esta sensación de que estoy en vacaciones teniendo que estudiar me confunde un poco, como si mi cuerpo asimilara que estar en casa es sinónimo de comer y dormir, pero mi cabeza intentara decirle ‘¡aborten misión, aborten misión! ¡Aún no es momento de descansar!’… como que hay una batalla campal entre las ganas de dormir y la necesidad de estudiar y salvar mis calificaciones.

    En fin. Estoy en casa, es medio día, no me he duchado y estoy tomando un pequeño receso de los apuntes y las lecturas de economía porque, aunque ya no presentaré el examen hoy, de todas maneras tengo que estudiar y, en resumidas cuentas, ser economista para el día en que tengo que presentarlo. Me jode un poco porque hay que pagar, pero es el precio de mi pereza y mi ‘todavía hay tiempo’ y, asumo, esto no se repetirá de nuevo. Los últimos exámenes son el fin de semana, y dudo que mi sentido común me permita arriesgarme y acabar así otra vez. El jueves vi Rápido y furioso 6, y del viernes al lunes todo fue un relajo total, así que pensé que con estudiar desde la noche anterior tendría... y no.

    El viernes me inscribí en un curso intensivo de francés. Tengo clase todos los días de 11 a 1 durante un mes, es decir todas las vacaciones, lo que me permitirá no bajar el ritmo, no sentir que desperdicié el tiempo al final y, vamos, dejar la cabeza en otra parte. O eso espero, no sé, en realidad nunca he hecho nada semejante en mi tiempo ‘libre’, así que sólo estoy especulando acerca de cómo funciona. Sobre todo porque nunca se sabe, ¿no? Es muy difícil saber si en determinada situación voy a reaccionar de una u otra manera, así que lo mencionaré luego.


    He vuelto a comer tantos alimentos azucarados como puedo –de preferencia a escondidas y con ganas de vomitarlo, como si no fuera ya algo malo–, pero supongo que es sólo porque me siento un poquito sobrecargada. Tengo que intentar sacarlo de alguna manera y dejarlo estar, pero no se me ocurre cómo conseguir cuidarme de verdad.

    No ha sido un buen día, pero espero que mañana cambie. Y el resto de la semana. Y el mes. Y el año. Y la vida. A veces tengo la sensación de que cada cosa que hago es tan nimia, tan irrelevante, que al fin y al cabo todos los verbos que conjugo en carne propia tienen como propósito pasar el tiempo, esperar haciendo algo, ver qué pasa, cuándo acaba esto. Esa percepción suele ir de la mano del vacío existencial, ese que se cierne sobre tantos aspectos de mi rutina paulatinamente, sin que yo pueda presentirlo siquiera. Eso también me cansa. Entre intentar no hacerme daño, lidiar con el vacío existencial y convencerme de que no está mal no ser perfecta en todo, mi capacidad de aguante emocional queda al límite, como esperando que algún otro suceso reviente la burbujita de presión, ojalá con una cuchilla. Qué simbólico se me antoja ahora cada corte, como si guardara bajo la piel todas esas cosas que me hacen sentir siempre insuficiente y tuviese que abrirles una salida de emergencia que finalmente ilumina el camino con su luz roja.


    Con lo jodido que es que no me salga a volar la fe.


  2. 2 comentarios:

    1. Anónimo dijo...

      Siempre puedo sentir lo que vos sentís al escribir.
      No estoy segura de qué decirte :/
      Creo que ese hábito de no tener respiro es súper contraproducente porque una termina dejando las cosas de lado o dañándose (en la forma de preferencia) y al final ni siquiera se disfruta cuando alcanzás alguna meta.

      Espero que se te pase esta racha, que ya sé que las tuviste antes y ese vacío... es una porquería, pero es algo aunque suene paradójico. Cuidate mucho, no cedas a esos impulsos :)

    2. Anónimo dijo...

      Viendo mi comentario, no sé qué quise decir con que el vacío es algo... en fin.
      Nena, no puedo creer lo que me decís!! "Llévela a tomar un desayuno" después del diagnóstico???
      Disculpa que comente otra vez, es que no puedo creerlo! Son tan......... arrrg! Yo he visto chicas morir en el hospital de día porque los médicos esperaban contar con TODOS los síntomas de la anorexia para diagnosticarlas, pero como tal vez a alguna aún le venía la regla, no le dijeron que TENÍA anorexia y la obra social no les cubrió tratamiento. Jamás olvidaré eso.

      En fin...
      Un abrazo hermosa, cuidate

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