Rss Feed
  1. Hey.

    jueves, 6 de junio de 2013

    I feel older, but not very wise. 

    Lo de siempre: nunca hay tiempo. Y no hay tiempo, no porque la pase estudiando o haciendo cosas productivas, sino porque en realidad no tuve un momento en el que hubiese querido escribir algo. No hubo un momento en el que necesitara pasar por aquí. En fin.

    Me encuentro físicamente mejor. Estuve en el médico el 20 de mayo, así que me pesó. 46 kgs. Uno menos que dos o tres semanas antes de eso, dos menos que hace dos meses… y no me gusta bajar de peso si no lo hago a propósito porque siento que se me descontrola todo, y se nota: desapareció mi lindo trasero y mi esternón vuelve a ser huesudo. Tuve un retraso de unas dos semanas, pero supongo que se debía a eso y que debí haber aumentado de peso lo suficiente como para que la regla volviera. O no, no sé. He disminuido la cantidad de azúcar que ingiero porque, aunque jamás se me ocurrió –de hecho, pensaba justo lo contrario–, resulta que era el exceso de azúcar lo que hacía que tuviera sueño y cansancio constantemente, e intento no dormir más de lo necesario, pero, por lo demás, procuro no saltarme ninguna comida y evitar ese placer a medias de tener hambre. Prácticamente todos los días almuerzo con mi chico, así que me queda muy difícil siquiera desear no comer.

    Pero no es eso por lo que necesité venir. Siendo honesta, me he sentido bien estos días. Es decir, estoy en medio de los exámenes semestrales e intento conservar la estabilidad, pero sé que voy a quebrarme. La semana pasada me lastimé de nuevo. Ya lo había hecho el mes pasado, pero no lo mencioné porque fue sólo un corte y no me pareció relevante. No obstante, hace unos días sólo no pude evitarlo, y me lastimé el antebrazo, el brazo y las piernas, en la parte superior de los muslos, donde ya lo había hecho varias veces. Tal vez algunas desaparezcan, pero hay un en particular que no será fácil ocultar, porque se nota cuánto tardó en cerrar y cuán profunda fue. En determinado momento de la semana me preocupé porque pensé que se había infectado –lo que nunca me ha sucedido–, pero al final todo estuvo bien y la herida sanó. Ahora sólo me escuece ocasionalmente. Eso en términos físicos. El resto es otra cosa: me siento muy culpable, y no sé por qué me siento aún peor cuando pienso en que no se lo dije a nadie. Soy consciente de que lo último que quiero es que las personas cercanas a mí lo interpreten como que estoy desesperada y hundida, porque no es cierto en absoluto, pero supongo que de vez en cuando hace falta comentar estas cosas con alguien. Aunque, claro, tampoco puedo hacerlo con tranquilidad porque ya he hablado mucho, en los últimos años, de desórdenes y heridas. Creo que ya hablé por toda la vida, y no es algo de lo que nadie se sienta cómodo hablando. Eso me trae aquí: en últimas, quien lea esto va a limitarse a permanecer en silencio si así le apetece, o a dejar de leerlo en cuanto se harte, contrario a lo que sucede cuando se sostiene una conversación con alguien que siente que debe decirte algo, o que piensa ‘¿otra vez? Dios, ¿nunca se cansa? ¿Por qué no deja de cortarse y ya está?’. Puse el marcador en cero por enésima vez en la historia, y algo me dice que esto jamás se irá, pero intento dominarlo en vez de que sea al contrario. Debería tirar mis cuchillas a la basura –compré unas nuevas hace algunos meses–, pero no me siento lista para ello. No es que necesite hacerme un poco más de daño, sino que deshacerme de ellas va a suponer que, en medio del siguiente arrebato, sea más llamativo tener que salir a comprarlas y rendirme a la sangre si tengo que esforzarme, que si sé que sólo necesito cerrar la puerta del baño.


    Hoy leeré un poco, supongo, iré al cine y almorzaré con él. Quizá le comente lo que pasó, porque es mejor que lo escuche a que lo descubra la próxima vez que me quite la ropa.

    Llevaba bastante rato sin pasar por aquí, pero quiero intentar hacerlo más seguido, aunque publique cosas sosas y brevísimas porque, en medio de todo, esto me ayuda bastante.


    Un abrazo.

  2. 1 comentarios:

    1. Anónimo dijo...

      Siempre digo que es un vicio en sí mismo, por más extraño que pueda parecernos a veces. Así que nunca te diría o pensaría "deja de hacerlo y listo, fin del asunto" porque sé que no es tan sencillo. Es como decirle a un adicto a x droga que deje, que se deje de tonterías. Ninguna tontería. Ya ves: decís que estás bien y aun así te dieron ganas, digamos. Así son los hábitos.

      Yo también siento que siempre vengo a contar lo mismo y me siento súper tonta, pero tampoco es cierto que seamos "tontas" y esas cosas... En primer lugar, podés escribir lo que quieras (¿te imaginas un escritor pidiendo permiso o dejando que lo que cree que sus lectores pensarán interfieran tanto? No). Y en segundo lugar, al menos yo te aprecio y cuando dejas pasar un mes y no escribís, me pregunto dónde estarás. Si te hace bien volvé, si no, lo dejarás. Todo a su tiempo. También un día puede terminarse lo de los cortes. La verdad no lo sabemos, pero sólo empeoramos las cosas si nos detenemos demasiado a pensarlo porque podemos recaer con más fuerza -y culpa.

      Un beso enorme :)

    Publicar un comentario