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  1. It's okay though.

    miércoles, 7 de agosto de 2013

    Redacté y publiqué la entrada anterior, hice un par de cosas entre las que no me permití incluir comer porque ¿cómo iba a ocurrírseme?, y me fui a la cama. Entonces empecé a llorar y no sé qué pasó después, no lo tengo claro por falso que pueda sonar, aunque me parece que vi la cuchilla y sólo la usé sin pensar sobre mi muñeca izquierda. De nuevo. Un rasguño no fue suficiente, necesitaba ver sangre. Entonces lo llamé: una escena dramática y un poco confusa en la que yo no tenía la más remota idea de por qué lloraba, sangraba o lo llamaba. Contestó y hablamos un poco de su día y demás, y con 'hablamos' quiero decir que él lo hizo mientras yo hacía preguntas cortas para evitar que se me quebrara la voz porque quería decirle que no me encontraba bien y que necesitaba ayuda, pero la verdad es que nadie podría haberme ayudado en ese momento ni en ningún otro por ese medio, soy más partidaria de los medicamentos que de las llamadas desesperadas por teléfono. Colgué. El coma onírico tardó no más de tres minutos en llegar. Desperté con el estómago vacío y un escozor infinito en el brazo, que lavé con cuidado y cubrí posteriormente con una curita que iba justo debajo de mi reloj y las pulseritas que llevo desde hace un par de meses para despistar. Supuse que nadie lo notaría. Almorcé con mi chico y sus amigos, lo dejé en la universidad y fui a encontrarme con una amiga con la que volvería a casa y saldría en la noche, lo que, por cierto, no hicimos. Mientras la esperaba, él llegó a donde yo estaba porque no tenía clase, así que estuvimos hablando un rato hasta que vio mi muñeca y preguntó si me había hecho daño. No, respondí estúpidamente, y estuve a punto de echarme a reír hasta que comprendí que esta vez el enfado no iba a pasársele tan pronto. Fue un poco chocante, pensé que volvería a casa dejándolo enfadado y eso me molestó muchísimo, pero al final conseguí decir algo y él se suavizó un poco. La verdad es que temía que lo supiera, pero de todas maneras no esperaba esa reacción. Es decir, ya sé que puede ser un asunto repetitivo, pero quizá fue justo eso por lo que no se me ocurrió que se molestase a tal punto. Ayer pude intuir, por primera vez, que no está muy lejos de hartarse de esto y de mí, y eso me asustó. Es probable que, como dijo una de ustedes en algún comentario, hablar de ciertas cosas con él ya no haga ninguna diferencia, pero ayer me di cuenta de que tal vez sí la hace y no es en absoluto positiva. 
    Tengo un amigo que es psicólogo con el que hablo ocasionalmente de estas cosas... aunque también intento no sacar el tema a colación con frecuencia porque somos amigos, no es mi terapeuta y hasta para él puede resultar tedioso. "El problema es cómo estás normalizando el lastimarte. Tú no puedes empezar a cortarte y pensar que es normal y que puedes ocultarlo como si nada. (...) El problema no es que no puedas estar mal, es lo que haces cuando estás mal. No puedes pensar que eso pasó y no tiene relevancia porque hacerlo es mantenerlo." Hacerlo es mantenerlo. Tengo que detenerlo, detenerme, es cierto, tengo que dejarlo... pero nadie puede esperar que lo haga de un día para otro. Nunca he conseguido hacerlo. No es algo que desaparezca tras un parpadeo. El asunto es que él me propuso empezar a buscar un terapeuta, sin afán, porque el momento parece apropiado. Interesante, dijo. No me pareció una mala propuesta. Respondió a mi negativa por los antecedentes desastrosos con los psicólogos y psiquiatras con la sugerencia de que en la primera sesión comentara que nunca había logrado congeniar del todo con ellos, y eso me convenció... aunque, claro, todos sabemos que entre el momento en que me convenzo de algo y el momento en que lo convierto en un hecho no hay un espacio precisamente pequeño. Sigue siendo algo que tengo que pensar y organizar bien, no sólo por mí, sino por el horario, el tiempo que pueda tomarme y demás... 
    Vistas las cosas, tengo que actuar y volver a emprender la lucha contra esto, pero creo que mi novio tiene que dejar de enterarse de estas cosas porque, sean episodios aislados o algo de todos los días, últimamente terminan afectándonos como no lo hicieron antes y no me considero lo suficientemente fuerte para asegurar o prometer que podré dejarlo todo atrás en diez segundos. Ya no sé si hablarlo. Trabajó anoche y después salió con algunos amigos. Dijo que me avisaría al llegar a casa pero no lo ha hecho, y no estoy segura de que sea apropiado llamarle porque no sé si en efecto quiera hablar conmigo, aunque aparentemente no hay razones para pensar lo contrario. No sé si dejarlo estar y no mencionarlo de nuevo, que parece ser lo que necesitamos, o si hablarlo por última vez y después olvidarlo. Parece ser lo más sano e inteligente.  


    Ayer saldría con mis amigas, pero esa con la que regresé a casa tuvo que irse pronto porque su abuela cumplía años, y las otras dos que vendrían son pareja y pocas veces tienen tiempo para estar realmente a solas, así que salieron de la mano y yo me quedé sola, pero no estuvo mal porque, de hecho, aproveché para descansar un poco. Hoy es festivo en mi país, así que no tuve que ir a estudiar, pero no he hecho nada fuera de ver un par de películas y dormir. Un día muy productivo, claro.

    Gracias por sus comentarios, chicas. Siempre es útil leer visiones ajenas.

    Un abrazo.

  2. 4 comentarios:

    1. Alice dijo...

      Yo me corté desde los trece años hasta hace unos dos años. No de forma constante, tan sólo cuando el dolor o el odio interno se hacían demasiado insoportables. Incluso cuando llevaba meses sin hacerme cortes, seguía teniendo a mano mi "kit": un navaja, tiritas, desinfectante (porque cortarme estaba bien, era lo normal, pero no quería que la herida se infectase).
      Tardé un año en confesárselo a mi psicóloga y cuando preguntó porqué no lo había mencionado antes, le contesté sinceramente que porque no me parecía tan importante, era algo que había hecho desde siempre y con lo que no tenía ningún problema. Yo era la que me cortaba, por lo tanto tenía el control de cómo y cuándo hacerlo.
      Tardé 4 años y un recaída en mi depresión en darme cuenta de mi error. Y cuando decidí que no quería hacerlo más, que no quería ser esa chica que se autolesiona, fue ahí cuando me di cuenta de que no lo controlaba en absoluto. Era como un vicio más, como fumar, pero peor.
      Pasé por épocas en las que no sentía la necesidad de cortarme, tuve (Y tendré) que aguantar otras en que me apetecía tanto que soñaba despierta con la navaja como quien fantasea con comer chocolate o tener buen sexo.
      Mi forma de no caer consistía en autoconvencerme de "hoy no, si mañana sigo teniendo tantas ganas de cortarme, lo haré, pero hoy no". Y repetírmelo todo de nuevo al día siguiente.
      Y en ese punto estoy: dos años sin causarme daño físico, pero también sin saber si mañana caeré en la tentación y tendré que volver a contar desde cero.
      La idea del psicólogo a mí me parece buena. Según mi experiencia, te dañas por fuera para purgar el dolor interior. Y la terapia debe servir para ayudarte a lidiar con tus problemas de forma que los vayas superando, no agrandándolos. Porque cada vez que te cortas, caes un poquito más en el pozo, aunque tú no te des cuenta.
      En cuanto a tu novio, yo creo que es normal que se enfade, pero no creo que se enfade contigo: se enfada con esa enfermedad, ese dolor que llevas por dentro y que te hace tanto daño como para recurrir a la cuchilla. Es tu novio, no sólo te quiere, se preocupa por ti y quiere protegerte, incluso de ti misma si es necesario. Dale un poco de tiempo y anímate a darle a los profesionales otra oportunidad, seguramente tratar el tema de la autolesión con alguien profesional le dé a tu novio respuestas que tú sola no puedes proporcionarle.
      Mucho ánimo, sé paciente contigo misma, y recuerda que no importa cuán malo sea el momento que estás viviendo: esto también pasará.
      Un beso y mucho cariño, cuídate.

    2. *Cristal* dijo...

      A ver...

      Efectivamente, mientras más pronto lo dejes, menos se perpetúa ese círculo vicioso de autolaceraciones que tienes. Coincido con tu amigo en lo que dice y en las alternativas que te ha dado. Efectivamente, no es real que lo dejes de hacer de un día para otro. Eso se puede ir distanciando con el tiempo y la práctica, hasta que logras estar meses o años sin tocarte la piel de forma agresiva. Mientras menos interiorizado está el hábito, menos persiste en el futuro. Pero para eso hay que actuar, y ya. Yo sí creo que es posible que alguien de afuera te ayude a dejar de hacerlo, porque es la única forma de que dejemos de hacer cosas que no podemos dejar de hacer por nuestra propia voluntad, porque ésta está resquebrajada.

      Y al respecto de eso, me has hecho recordar a una amiga mía muy querida de quien hablé hace poco. Una de las excusas que puso (Y que suelo leer) para achacar a la falla de su tratamiento es la bendita falta de empatía con su terapeuta y que no le sirve pedir ayuda. Sin embargo, y hoy está haciendo una cosa maravillosa en pos de su salud, ha contactado a una de las terapeutas del internado que no le caían bien, y está viéndose con ella. Recién está empezando sus consultas. Ella se explica como "soy una persona muy libre e independiente y no me gusta que me digan qué hacer. Probablemente no me gusta esa psicóloga porque chocamos en cuanto a carácter y porque me dice las cosas que no quiero escuchar". Y sí, pues, ¿A quién le gusta que te digan que estás enferma, que estás equivocada, que de no hacer lo que te indican puedes hacer mucho daño, a tí y a tu entorno?

      Yo creo que lo que le pasó a esta amiga (Y puede que te pase a tí, a mí y a todas las que estamos en el hoyo, en su momento) la autosuficiencia de la enfermedad, esa que te hace ver que puedes sola, que todo está bien (O no está tan mal como te lo pintan), que los demás no te van a entender porque no han estado ahí o porque te van a encasillar, y que mejor te las arreglas tú sola, porque sabes que en algún momento de la vida sucederá el milagro y mágicamente todo esto desaparecerá. Ahí es donde debe actuar nuestra humildad, como en el caso de mi amiga, que está agotando todos los recursos que tiene porque de lo contrario no va a haber futuro. Al menos ella quiere vivir. Yo recuerdo que no quería, por eso tuvieron que ayudarme empujándome y jalándome fuera del hoyo hasta que por fin encontré una motivación. Y eso es, desgraciadamente, lo que a veces necesitamos que suceda. Llega un momento en que SOLAS NO PODEMOS.

    3. *Cristal* dijo...

      (Continuación)

      Yo tengo fe en que esta amiga, a la que le está costando igual que a cualquiera, le va a ir mejor. Porque está poniendo de su parte, está cediendo. "Ceder" es la palabra clave. ¿Qué tan peor puede poner las cosas, si ahora están en el tope?¿Qué queda por hacer más que lo que otros dicen, ya que lo que yo pienso me ha llevado hasta acá?

      Y sobre el hecho de que tu novio se puede cansar... Yo tb pensaba que era imposible. Hasta que al menos a mí me pasó. Perdí al que fue el amor de mi vida porque lo cansé, se cansó de no poder compartir una cena normal conmigo, ver cómo me autoflagelaba y me autoboicoteaba y me autoanalizaba. A veces pensar mucho no ayuda, menos si se exterioriza con personas que no están preparadas para entender (Curioso, porque los psicólogos sí están entrenados para entender y tratar de ayudar. No hay que adjudicar el papel de terapeuta a la pareja, lección aprendida). Y es que no se puede pretender que la persona que te ama no sienta nada cuando te ve mal, o peor aún, cuando ve que tú misma te haces daño. Si fuera una persona de afuera se molestaría mucho con ésta. Pero siendo tú misma, yo creo que debe tener emociones muy encontradas. Él tb necesita soporte emocional. ¿Sabes por el tratamiento emocional por el que tienen que pasar los familiares de las personas enfermas?

      Ese es mi punto de vista.

      Me gusta mucho leerte, tienes un muy buen estilo. Espero que no te molesten mis comentarios. No sé, yo la veo más clara xq he estado ahí, y estoy ahora mejor gracias a todo ese esfuerzo de la humildad y seguir "órdenes y que me laven el cerebro". Es simplemente un punto de vista más saludable, una visión más amplia de la vida, con otras alternativas de solución a los problemas que las que nosotras, por nuestra ceguera, estamos acostumbradas o dispuestas a ver. Y que cuando tomamos nos damos cuenta de que ese era el camino.

      Te mando un abrazo fuerte, muchos besitos en esa heridita para que cicatrice bonito, y una sonrisa calurosa para que te sientas mejor :)

    4. Anónimo dijo...

      Lo que yo haría es hablar una vez más con él, visto que te asusta que se canse del asunto. Le diría que estás pensando en buscar ayuda y le mostraría que quiero hablar abiertamente del tema una vez más, que te de tiempo porque no lo dejarás de la noche a la mañana. Poner las cartas sobre la mesa, como se dice.
      Sólo tenés que estar segura de que vas a intentarlo :)

      Un beso

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