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  1. Hace un mes: fluoxetina, dormir, recuperarme, seguir estudiando. Acabaron los exámenes, pero dejé uno para julio porque mi cabeza no funcionaba a causa de la depresión. Fiesta, bailar con J hasta no poder más, ver fútbol, comer, películas... en eso se resumen mis vacaciones. Este año no viajé: mi madre está recién operada, así que no hubo plan familiar, y J y yo nos quedamos cortos de dinero como para siquiera planear algo, aunque igual nos hemos divertido. Estamos bien, tan bien como no estábamos hacía mucho. Ambos nos sentimos seguros y hemos recuperado, sin proponérnoslo ni hacer esfuerzo, la ternura y la dedicación de hace tiempo. 

    Igual pasan cosas: proyectos, decisiones que hay que tomar, ejercicios que debería hacer y verbos que debería empezar a conjugar, pero no me siento capaz de muchas de esas cosas. No sé, siento que a veces hago las cosas por inercia. No me malinterpreten, estoy bien. Creo que es sólo que tengo miedo porque nunca he sido una persona amiga del cambio. Siempre he dicho que me adapto con facilidad... pero ¿de verdad lo hago? Todas las veces que cambié de casa de niña, las mascotas con las que me encariñé y se fueron, todas las cosas y los cambios en mi rutina que llegaban de repente y yo jamás decía nada, los ataques de pánico que a los ocho años aprendí a bancarme sola porque no lo mencioné jamás, los amigos que me dejaron... ¿fueron cosas aceptadas por mí porque quise, o me adapté porque era más sencillo, porque no quería quejarme? Me parece que estoy asustada porque, por firme que suene mi voz, por segura que parezca, nunca he manejado mi vida. Y, siendo franca, jamás he tomado buenas decisiones: dejar de comer, elegir una carrera que en realidad no quería... en fin, la lista de cosas que no he hecho bien es larga. Me acuerdo de todas. "Disculpa, Natalia... sé que me odias y quieres olvidarme, pero este es mi trabajo: venir a esta hora a incordiarte. Yo también tengo que comer de algún modo. Hoy se me hizo un poco tarde, no volverá a suceder. Ya me voy, tal vez te vea en un rato." 


    Sé que todos debemos meter la pata para aprender, pero vamos, toda yo soy una pésima decisión. No soy la persona que quería ser a los 20 años, no me proyectaba así. Tampoco soy la hija que mis papás creían que sería, y definitivamente no soy la novia que él y yo queríamos que fuera cuando empezamos a salir. Nada ha salido de acuerdo con el plan. Aunque, ahora que lo escribo, me pregunto si alguna vez pensé en algo, si tenía alguna cosa clara, y me respondo que no, que sólo me dejé llevar y tomé las decisiones importantes siempre al final, siempre con prisa, siempre sin pensar. Ese es el denominador común de mis errores: no pensé. Creí hacerlo, siempre creo que medito bien las cosas, me doy un par de razones convincentes y así es como no sé que estoy cagándola. ¡Y por eso tengo miedo! Porque necesito que me digan que las cosas que hago están bien, porque no soy lo suficientemente madura para aplicar un filtro y decidir apropiadamente. 
    Entonces, ¿qué? Terror porque ni siquiera yo sé lo que es mejor para mí cuando se presentan las situaciones, porque necesito siempre una segunda opinión. Porque no soy suficiente, no soy lo que pensamos que sería (sí, pensamos, todos los que me rodean), porque no merezco ser tan afortunada después de haber hecho tantas cosas mal, porque no soy lo suficientemente nada. A pesar de que se derivó de una mala elección, lo único que he sabido hacer bien es no comer, de ahí que me costara tanto adquirir hábitos de alimentación saludables, porque yo no era anoréxica, yo era mi anorexia. Y digo 'era' porque mi peso y mis costumbres me dicen que ya lo superé, a pesar de que a veces me vea al espejo y me pregunte "¿qué tal si dejamos de comer 14 días y ya está?" o "si no como hoy, ¿se bajará un poquito la hinchazón estomacal?". Cuando empecé a recuperarme, gané peso y vitalidad, sí, pero perdí mi identidad. Que, francamente, no era tal cosa, pero funcionaba. Me identificaba como mi problema, ¿y ahora? ¿Qué soy? ¿La que siempre escoge mal?

    En fin. No estoy mal, no estoy deprimida, no ha sucedido nada. Soy sólo yo. No me corto desde el 15 de mayo, así que voy para dos meses sin autolesionarme. La comida va bien, aunque no sé cuánto peso. Y, francamente, no creo que sea buena idea saberlo a ciencia cierta. 

  2. 1 comentarios:

    1. Emilia dijo...

      Yo tengo 25 años y conozco chicas mayores y menores que han estados más veces que yo en recuperación, el punto es que no es fácil! No te tortures, ve a tu ritmo, lo importante es que estás comiendo, ni siquiera te importa tu peso! Enhorabuena. No eres ningún error y no eres de ninguna forma insuficiente, esas son cosas de la enfermedad (bueno así lo llamo yo desde mi último intento de recuperación). Ánimo! Besos

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