Rss Feed
  1. What does recovery look like?

    miércoles, 13 de julio de 2016

    Creo que podemos convenir en que la anorexia y la bulimia no se ven bien. O por lo menos no se vieron bien en mí jamás. Quiero decir, ¿hay algo glamouroso en masticar comida y escupirla sin tragar? ¿En vomitar hasta tener el piso del baño salpicado de comida devuelta, hasta que el corazón late rápido y fuerte y los ojos sangran y lloran y uno siente que se va a desmayar? No. No lo creo.

    La recuperación, en cambio, se ve un poco mejor. Se siente mejor, genuinamente bien. Recuperarte de los desórdenes alimenticios es escribir acerca de esa paz a las 12.55 am. mientras comes un chocolate que tu novio dejó olvidado en tu casa. Es tener fuerza para hacer todo lo que antes no podías, es no pasar momentos miserables negándote la comida de las reuniones familiares, es no tener mal aliento (porque ¿quién lo diría? ¡No comer también genera mal aliento!). Estar libre de anorexia es subir de peso y poder entrenar, amar, viajar, coger mucho. En mi caso fue poder volver a concentrarme, estudiar dos carreras al tiempo, descubrir el buen sexo y comenzar a respetar mi propio cuerpo, abrazar mi existencia.

    No voy a mentir: cuesta. Cuesta decir 'basta', dejar de odiarse y empezar a asumir que de todo se puede sacar algo bueno, que las cosas que no nos gustan de nuestros cuerpos tienen soluciones más saludables y divertidas que no probar bocado. Es difícil que no dé vergüenza quitarse la ropa frente a alguien, nadar en una piscina o empezar a ir al gimnasio... pero se puede. Sí que se puede. Y todo mejora. Los padres gruñones se van convirtiendo en amigos con el paso del tiempo, la gente negativa va saliendo de la vida de uno y las cosas empiezan a verse mejor cuando uno se sacude el drama y se da cuenta de que la gente que quiere que uno coma no es gente malvada sino gente realmente preocupada, personas que ven el toro desde la barrera y saben que Ana mata.

    Hoy puedo decir que estoy tranquila. He tenido que regalarle a mi hermana pequeña ropa que compré en el 2014 y 2015 porque no quepo en ella, mis muslos se tocan como nunca y me siento más grande... pero también más viva, más capaz, más completa. No he vomitado en años y tampoco dejado de comer en muchísimos meses, así que... ¡sí, estoy recuperada!

    Aún quedan la depresión y el riesgo de autolesión, tendencia de la que intento desprenderme. Es difícil, igual, pero no imposible. A veces hay que empezar a tomar decisiones, sacar del panorama a la gente que no funciona en él, moverse, buscar cómo hacerse la autoterapia y dejar de vivir una vida miserable porque todo evoluciona.

    Me siento mejor que nunca, habiendo ganado peso siento la belleza, la seguridad, eventualmente la sensualidad y, sin duda alguna, la vitalidad que jamás experimenté cuando odiaba mi cuerpo y despreciaba la comida. ¿Coincidencia? No lo creo.

  2. 1 comentarios:

    1. *Cristal* dijo...

      Tal cual :) Qué lindo encontrar a alguien que también conoce lo que es estar mal y, a pesar de lo "bien" que se está ahí, reconoce genuina y libremente que estar sana es mil millones de veces mejor. Sufrimiento es sufrimiento, no se puede ser feliz negándose a una misma. Te felicito. Sigue así, por más!

    Publicar un comentario