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  1. La explicación del olvido y la ausencia.

    miércoles, 11 de enero de 2017

    Siempre publico una entada para comentar cómo me fue de cumpleaños, pero lo olvidé. Basta comentar que llegaron los 21 años con un par de fiestas sorpresa (una de las que acabó en la firme determinación de no volver a salir de fiesta con mis amigos de la universidad) y buena comida. Viajamos luego a la costa caribe a disfrutar de las vacaciones... y lo hicimos muchísimo, pero permití que varias cosas arruinaran un poco esa sensación de goce y bienestar. 

    1. He subido de peso. Ostensiblemente. ¿Dónde se nota más? O mejor, ¿dónde se nota mal? En el abdomen. Mi abdomen plano y divino de hace un tiempo desapareció para dar paso, no a un montón de llantas o a una situación crítica, pero sí a un vientre poco fit. En parte se debe a mis problemas intestinales, que hacen que a menudo me hinche un montón (a pesar de que me alimento bien), pero también a que dejé de frecuentar el gimnasio desde octubre y a mis malos hábitos de autocuidado en época de exámenes finales en noviembre. Como consecuencia de lo anterior, estuve excesivamente consciente de mi cuerpo en las vacaciones, cohibiéndome un poco y no disfrutando a plenitud ciertos espacios que antes podía gozar con tranquilidad. Mi novio también ha ganado barriguita, pero no sé por qué misterio los hombres no llegan a verse del todo mal en ese estado, así que aunque a veces me anima un poco, también me da un poco de envidia la posibilidad que tiene él de descuidarse sin caer en desgracia. 
    ¿Qué hacer ante esto? J dice que volver al gimnasio. Estoy de acuerdo, pero al mismo tiempo siento que necesito algo más drástico. Estuve leyendo acerca de un color cuya observación inhibe un poco el apetito (sí, a propósito de Kendall Jenner, old habits die hard) y lo he estado considerando... pero no quiero volver a obsesionarme ni perder el peso que he ganado en otros lugares del cuerpo (o sea, mi culo). Otra opción que puede funcionar es ir al nuticionista, al que J no le tiene mucha fe, pero con el que siento que a lo mejor puedo ser sincera y expresar mis necesidades. En fin, ya comentaré qué decidí. ¿Es esto un factor de riesgo para una recaída? No lo sé, pero quiero creer que no. Y es que me considero recuperada de la anorexia aunque en este momento me preocupe por tener la tripa plana, porque esto de ahora es una necesidad focalizada y porque no pienso poner en riesgo mi salud otra vez. 

    2. Mi papá sufrió una complicación de salud lo suficientemente grave para hacernos regresar de las vacaciones y, en mi caso, pasar ya tres noches en la clínica. Estuvo a punto de dejar este mundo, lo que me ha tenido en un vaivén emocional entre la fuerza y la entereza y la tristeza y el miedo. No tengo palabras para describir lo que sentí. Los recuerdos de toda una vida a su lado, siendo la hija que más tiempo ha estado con él y quien más lo conoce, me llenaron (y me llenan todavía a ratos) de nostalgia y pavor. Dormir en la clínica para acompañarlo y estar pendiente de él me agota, pero me tranquiliza un poco. El problema es que es claro que me preocupo por estar con él por su salud, pero no sé si por otro lado también lo hago por mí, por sentirme útil, por hacer el papel de hija diligente, por expiar un par de culpas... no sé. No sé si en el fondo soy una egoísta disfrazada de colaboradora.

    3. Inicio el quinto y último año de la universidad. De repente, la proximidad de la vida profesional me abruma, así como pensar en la cantidad de cosas que no recuerdo de los 4 años anteriores. 

    4. No dejo de pensar. Tengo tantas cosas en la cabeza (y he tenido tantas), que noté una especie de falta de memoria que me hace olvidar cosas que recién pensé hacer o decir. Lo que J me explicó fue que mi cabeza tiene tantas cosas en remojo que olvida algunas otras porque el cerebro no las considera importantes. Esto, aunque no tiene la gravedad de un alzheimer prematuro o cualquier otra cosa, no deja de ser molesto.

    5. Llevamos 1 mes sin sexo. Por favor, no me pregunten cómo hemos sobrevivido porque ninguno de los dos lo sabe. De cualquier modo, cuando esto ocurre mis niveles de tensión aumentan, me vuelvo más irritable, no pienso con la misma claridad y hay discusiones entre nosotros. Y nada de eso ayuda.

    Así que ahí está. Un resumen de todo y de nada, hasta que (dentro de poco) vuelva a escribir, pueda volcarme sobre las letras en la pantalla y compartir reflexiones sobre el comienzo de año, así como metas y listados.

    Un abrazo.


  2. 1 comentarios:

    1. RECOMENZAR dijo...

      tienes un blog maravilloso es una locura que no sigas escribiendo un abrazo enorme desde Miami

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