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  1. Route map.

    sábado, 17 de octubre de 2020

    “Estás en tu mejor momento”, me dijo por teléfono alguien que no me ve hace más de un año, y me pregunto... ¿es así como se ve? ¿Qué significa eso? Am I overthinking again?

    Extraño los tiempos más simples porque ser una adulta funcional y al tiempo atravesar en silencio períodos depresivos es bastante difícil.

    Y con ‘en silencio’ no quiero decir ‘contándole a una o dos personas y ya’, no. Quiero decir ‘en soledad’.

    Las razones son varias. Orgullo. Vergüenza. Evitación. En fin...

    Me urge una hoja de ruta.

  2. I’m feeling heavy, I’m...

    domingo, 13 de septiembre de 2020

    Un episodio depresivo esperando para suceder.

    Un miedo gigante que no se va y que oprime el pecho.

    Una sensación horrible que quiero arrancar de raíz como la maleza.

    Una tristeza contenida. Un dolor en el corazón que me disimulo a mí misma porque no tengo tiempo para sucumbir a él.

    La desesperanza... las ganas hacer algo pero no saber qué.


  3. .

    sábado, 7 de marzo de 2020

    Estoy aquí. Soy yo. La misma de siempre, la que toda la vida ha cargado una nostalgia que no tiene explicación y que a veces se tiñe de depresión y en el pasado se disfrazó de ponerle nombre y apellido a la felicidad, aunque objetivamente no fuera precisamente felicidad. Hoy me di cuenta de ello, de que lo que de niña eran pesadillas y temor al abandono de mis papás (aunque fueron los padres más consagrados durante mi infancia), y lo que de adolescente fue decirme enamorada de una persona (en un amor que tuvo sus vainas buenas pero que no fue para nada sano), es nostalgia. Así debería llamarme. No me pregunten por qué, porque no lo sé. Mi vida fue, durante mucho tiempo, construida con base en una nostalgia cuyos síntomas más evidentes eran el miedo al cambio y la incapacidad de afrontarlo.

    Y ahora estoy aquí. Soy yo. La misma de siempre, pero tan diferente. A veces no sé para dónde voy. Hay días (pocos) en que lloro mucho, y hay días (como hoy) en que siento algo parecido a ternura por mí misma y me provoca abrazarme y decirme que está bien. Que nada es definitivo. Que quizá necesito apoyarme más en los demás, dejar de contar a mis amigos las cosas cuando ya dejaron de ser un problema, aprender a decir "te necesito". Pero también me entiendo. En el alma me abrazo y comprendo que ya alguna vez me abrí demasiado a alguien, tanto que esa persona (que no es ni buena ni mala, sólo tampoco sabía dónde estaba parada) se aburrió de lo mismo, y por eso es lógico tener miedo a abrirme. A agotar a los demás. A ser percibida como débil... porque sé lo fuerte que soy.

    Y sí, estoy aquí. Soy yo, la misma de siempre, pero con veinticuatro años y la firme convicción de que entre más experiencia tengo, menos sé, menos entiendo, y por cada miedo que pierdo gano uno nuevo.

    Estoy aquí. Soy yo. Quizá no soy la misma de siempre. 

    Pero estoy bien, aunque eso tampoco sé decirlo como debe ser. 

    Estoy aquí. Soy yo. La misma de siempre. Llena de nostalgia y muy llena de miedo de que la nostalgia me arrebate disfrutar el presente, como ya ha hecho tantas veces. De que esta nostalgia, que no entiendo cómo funciona porque no es precisamente añoranza del pasado, me nuble la vista.

    Estoy aquí. Y a veces no sé quién soy.