Rss Feed
  1. In the land of a billion lights.

    lunes, 16 de diciembre de 2013

    No es necesario en absoluto que lo diga, pero ¡ha llegado diciembre! Solía ser uno de mis meses menos predilectos, pero con el tiempo ha empezado a gustarme el tiempo libre.

    Desde hace cosa de 20 días estoy en vacaciones aunque, por alguna extraña razón, este diciembre no se siente como los anteriores. Es... extraño. No he hecho nada fuera de leer y entrenar. Por cierto, llevo dos semanas haciendo crossfit. La idea es hacerlo 5 días a la semana y luego un par de días cuando esté estudiando de nuevo, así que las probabilidades de que mi cuerpo se vuelva musculoso, tipo fisiculturista, son bajas. Me gusta porque cada día son sólo 45 minutos en los que sudas muchísimo y no dejas una sola parte de tu cuerpo quieta. Cuando lees un poquito en qué consiste, parece que todo es terriblemente duro y que nadie tiene compasión de ti, pero creo que he tenido la suerte de toparme con un muy buen entrenador, que tiene en cuenta tus capacidades y no te anima a hacer las rutinas 'cueste lo que cueste', sino a tu ritmo y según los alcances de tu cuerpo. Hasta hace unos días, todo me dolía muchísimo. De hecho, mis piernas se hincharon tras la primera semana porque no estaban acostumbradas a moverse demasiado, pero ya están bien y no duelen en absoluto. La idea no es mantenerme siempre en el entrenamiento intenso, sino continuar con una intensidad bastante moderada para despejarme un poco y seguir tonificando y demás. 
    La universidad acabó bien, así que puedo estar completamente tranquila en vacaciones. Ah, desde que empezaron he dejado de tomar Prozac a diario. Me lastimé hace poco, pero no fue un corte muy significativo. No fui a la segunda consulta con la psicóloga porque ese día tenía algo que hacer, y para cuando la pospuse tenía un examen. Creo que es posible que regrese el otro año, aunque justo ahora me parece un poquito innecesario hacerlo... aunque sé que, cuando vuelva a estar mal, sentiré que necesito ayuda profesional.

    La verdad es que me siento un poco extraña, pero no deprimida, lo cual es bueno. Quizá es sólo que no estaba realmente acostumbrada a salir de la cama en vacaciones y que, bueno, no me siento emocionada y expectante, como el año pasado, por el montón de cosas nuevas y experiencias desconocidas que tendría que afrontar después. 



    He estado pensando un poco en los propósitos que tenía para el 2013, y aquí están los resultados: 

    ∞Leer sesenta libros. Leí 1/4 de lo que planeé.
    ∞Acabar el primer año de carrera con un buen promedio. Sí, ¡lo hice!
    ∞Probar, al menos, sesenta bebidas nuevas. La verdad es que ni siquiera las conté. Y no salí mucho, así que seguramente no lo hice.
    ∞Hacer ejercicio, a ver si tonifico algo y dejo de quejarme. Bueno, empecé a hacerlo hace poco, pero debe contar, ¿no?
    ∞Comer un poco más pensando en mi salud y menos presa de la ansiedad, con el fin de que mi estómago mejore y deje de hincharse. Sí, a medias.
    ∞Engordar a Lío, que está demasiado flaco para mi gusto. Mi perro no engordó, pero se puso musculoso y lindo. Aunque, hablando en serio, ¿esto era un propósito para el 2013?
    ∞Conocer una ciudad nueva. No viajé ni siquiera en vacaciones porque tuve que estudiar todo el tiempo, pero empecé el año conociendo lugares, así que... cuenta, supongo.

    Así que, de todos, básicamente cumplí 3. Tal vez, para el 2014 deba fijarme metas más realistas. Revisé un poquito las entradas anteriores, de cuando comencé el blog y demás, y tuve muchas ganas de eliminarlas todas, pero de repente me pareció que esto puede ser útil a futuro. O no. 

    Estoy a dos días de mi cumpleaños número 18, así que ya comentaré qué tal va. 

    Un abrazo.

  2. I can't throw up, but don't think I even wanna try.

    domingo, 17 de noviembre de 2013

    Tengo un examen importante mañana y lo único que se me ocurre ahora es tomar Prozac, que hace dos días no probaba, para evitar lastimarme. No sé si lo dije, pero necesito comer algo después de tomarlo porque el sabor es realmente desagradable... y me da muchísimo sueño. ¿Me hará sentir que nada amerita amargarme?

    En fin. No puedo dejar de pensar en todo lo que comí hoy. Huevos al desayuno, un montón de dulces, pollo asado al almuerzo, una torta a modo de postre, un helado -de chocolate y avellana, porque qué más daba ya-, palomitas y ahora cereal con leche. Quiero vomitarlo todo.


    Hace cosa de cinco años tenía esta imagen en la barra lateral de mi primer blog, estoy segura. Qué imagen tan vieja... tan de antes.

    Qué imagen tan persistente.
    posted from Bloggeroid

  3. I dwell in the darkness, I let in the light.

    lunes, 11 de noviembre de 2013

    Hace más de un mes no escribo, y la verdad es que he intentado sacar tiempo, pero cuando vengo a escribir simplemente no se me ocurre nada. O tal vez creo que no se me ocurre, no sé, a veces ni siquiera lo intento. He estado bien. No me he lastimado, me mantengo en el peso indicado y tampoco me he atracado. La universidad no ha estado mal, estoy en período de exámenes y en unos quince días acabo, lo que hace que me sienta contenta por terminar, pero un poco presionada por las notas. Sin embargo, sé que podré, más que por mí, porque el mismo día de la primera consulta con la psicóloga estuve en otro médico, que me recetó fluoxetina a modo de relajante muscular porque estaban doliéndome los pies al caminar, pero claramente no ha funcionado sólo en mis extremidades. La fluoxetina es lo que comúnmente se conoce como Prozac. Significa ésto que mi mejoría no se debe a un proceso interior, o por lo menos no espiritualmente hablando, pero no me siento mediocre ni desanimada por ello: me he sentido complacida tomándolo porque el cansancio y las ganas de llorar constantes han ido menguando, y desde hace un mes he podido encontrarme, digamos, estable emocionalmente. 

    Otra cosa o, mejor dicho, otro ser que me ha ayudado increíblemente es éste pequeño, que lleva más de un año con nosotros en casa, pero últimamente se ha vuelto más y más cercano a mí. Es un compañero increíble. Es extremadamente inteligente, ágil y noble, así que... si es posible que un perro despierte el instinto maternal de una mujer, pues sí, lo ha hecho conmigo. Me levanto temprano los fines de semana para que salga al parque, juego con él con frecuencia y le encanta dormir conmigo. Total, que ha cambiado mi rutina totalmente.

    Aquí estábamos tomando el sol, que le gusta tanto como a mí.

    Finalmente tengo algunos amigos en la universidad, así que este semestre resultó un poco más amable que el anterior en todo sentido.

    En mi ciudad hay algo llamado 'ciclovía', que consiste en que ciertas avenidas y demás se cierran para los autos y se ponen a disposición de los ciclistas hasta las 2 pm., pero yo no salía en ese plan desde que era pequeña. Una de mis amigas vive bastante cerca, así que anoche decidimos salir juntas hoy, a ver qué tal nos iba. Estuvimos cosa de 4-5 horas andando en bicicleta casi sin detenernos y lo pasamos bien. Me duelen muchísimo las nalgas y me quemé los brazos porque hizo bastante sol, pero acabamos muy satisfechas. No es como hacer ejercicio todos los días, pero peor es nada, ¿no?

    Espero que todas las chicas a las que he dejado de leer y comentar durante este tiempo estén bien. Lamento no ser lo suficientemente constante para enterarme de sus vidas, pero en fin, justo ahora leeré algunos blogs antes de ponerme a estudiar.

    Un abrazo.

  4. I'm back, but there's nothing new.

    lunes, 30 de septiembre de 2013

    Vaya mes. Si detallara todo lo que ha sucedido por aquí durante los días que he pasado sin escribir, seguramente me entrarían ganas de reír y de llorar, exactamente como entonces. No maduré nada y sólo aprendí un par de cosas de las que no me apetece en lo más mínimo hablar.

    El sábado presenté el último examen que me quedaba, aunque dentro de un mes comienza la época de los finales... y ya fue, habrá llegado diciembre y el final de mi primer año de carrera. 

    Hoy no fui a clase: estuve en la mañana en el reumatólogo, fui a la primera sesión de depilación en los brazos, y en la tarde tuve la primera consulta con la psicóloga. La depilación... bueno, el asunto es que nunca he sido muy de usar camisetas y demás, y mis razones fundamentales eran dos: las cicatrices y los vellos que siempre he odiado. Con la psicóloga hoy fue la primera vez. No sé si lo había comentado, pero casi desde que el año comenzó estaba pensando en ir a consulta, a lo que siempre sacaba excusas tontas y evitaba, hasta que algo/alguien me empujó. Lo que pasó fue, básicamente, que hasta hacía cosa de un mes me encontraba realmente sensible –no sé si la palabra 'sensible' me funcione como eufemismo de 'deprimida'–, así que no soportaba un mal comentario y no dejaba de ver mensajes ocultos en absolutamente todo lo que me decían, donde por supuesto no había nada. Para el día anterior al comienzo de la semana de receso –la segunda de septiembre, se suspenden las clases y uno debe recargar para el final–...  incluso yo estaba harta de mi actitud, pero no podía hacer absolutamente nada para remediarlo, aunque lo intenté. De todas formas, mi estado cambió de extremada y absurdamente frágil a completamente graciosa y comprensiva con apenas una noche de sueño. Cuando desperté, ese sábado, ya no había queja posible de mí, me sentía sin cargas, tranquila, y dejé de hallar sentidos incógnitos en las frases que me decían. No podía estar mejor, pero tampoco podía dejar de preguntarme cuánto iba a durar esa calma. Sentí deseos de cancelar: total, ya me encontraba perfecta, así que no había motivo para visitar a ningún doctor, pero el ciclo volvió a empezar tenue, como siempre, con picos medio violentos... y, después de casi cincuenta días limpia, me lastimé de nuevo. No lo preví, el impulso desembocó en una herida más grande de lo planeado, mucha sangre y una cicatriz más notable y seguramente un poquito más desagradable que las demás. Y entonces recordé por qué no debía cancelar la cita, por qué necesito que alguien esté, cuando menos para explicarme qué es lo que está pasando con mi cabeza. Volvamos a la doctora: no esperaba mucho, pero no me disgustó. Es una mujer agraciada, con cara de no pedir nada más de la vida y una energía agradable. La, digamos, sesión, duró apenas lo suficiente para que yo le contara de los EDs, las autolesiones y la depresión. Me habló de la depresión exógena, causada por factores externos, y la endógena, que no parece tener motivo alguno y con la que, intuyo, se me identifica. Además, me pidió que hiciera deporte por lo menos cuatro veces a la semana y que la próxima vez lleve, para conocerme, una descripción de quién soy escrita en tercera persona, como si no fuese yo misma quien la redactase, y una suerte de autobiografía. La idea es vernos dos veces al mes, no puso un límite de consultas y no empezó a sacar conclusiones, o por lo menos no en voz alta, así que...


    ¡Hasta luego!

  5. It's okay though.

    miércoles, 7 de agosto de 2013

    Redacté y publiqué la entrada anterior, hice un par de cosas entre las que no me permití incluir comer porque ¿cómo iba a ocurrírseme?, y me fui a la cama. Entonces empecé a llorar y no sé qué pasó después, no lo tengo claro –por falso que pueda sonar–, aunque me parece que vi la cuchilla y sólo la usé sin pensar sobre mi muñeca izquierda. De nuevo. Un rasguño no fue suficiente, necesitaba ver sangre.

    Tengo un amigo que es psicólogo con el que hablo ocasionalmente de estas cosas... aunque también intento no sacar el tema a colación con frecuencia porque somos amigos, no es mi terapeuta y hasta para él puede resultar tedioso. "El problema es cómo estás normalizando el lastimarte. Tú no puedes empezar a cortarte y pensar que es normal y que puedes ocultarlo como si nada. (...) El problema no es que no puedas estar mal, es lo que haces cuando estás mal. No puedes pensar que eso pasó y no tiene relevancia porque hacerlo es mantenerlo." Hacerlo es mantenerlo. Tengo que detenerlo, detenerme, es cierto, tengo que dejarlo... pero nadie puede esperar que lo haga de un día para otro. Nunca he conseguido hacerlo. No es algo que desaparezca tras un parpadeo. El asunto es que él me propuso empezar a buscar un terapeuta, sin afán, porque el momento parece apropiado. Interesante, dijo. No me pareció una mala propuesta. Respondió a mi negativa por los antecedentes desastrosos con los psicólogos y psiquiatras con la sugerencia de que en la primera sesión comentara que nunca había logrado congeniar del todo con ellos, y eso me convenció... aunque, claro, todos sabemos que entre el momento en que me convenzo de algo y el momento en que lo convierto en un hecho no hay un espacio precisamente pequeño. Sigue siendo algo que tengo que pensar y organizar bien, no sólo por mí, sino por el horario, el tiempo que pueda tomarme y demás... 



    Gracias por sus comentarios, chicas. Siempre es útil leer visiones ajenas.

    Un abrazo.

  6. I'm all alone cleaning up this mess.

    lunes, 5 de agosto de 2013

    El baño: el centro de expiación, el equivalente al confesionario para un católico. Nadie se atreve a cuestionar las razones para cerrar la puerta con seguro porque son lo más natural... excepto cuando no lo son. 

    Estaba sola y, de todas formas, de no haber sido así a nadie le habría importado. Hace tiempo se acabaron las inspecciones con lupa de mi mamá tras mi salida del baño y sospecho que, aunque intuyera algo, se negaría a descubrirlo porque ya le parece que es muy tarde, ya no puede fiscalizar mis actividades y acomodar las comidas a placer. Si hace años me hubieran dado la libertad que tengo ahora para decidir qué y cuándo comer, seguramente ni siquiera estaría aquí porque entonces la prioridad era otra y no tenía idea de lo mucho que me iba a doler desprenderme de todo lo que estaba a punto de perder. Lo que sucede ahora es que, por estúpida que siga siendo, he crecido lo suficiente para darme cuenta de que no puedo sacrificar mi futuro y el montón de prospectos, si no ideales por lo menos sí amables, y de circunstancias que llevaba tiempo buscando o intentando propiciar. No había nadie, así que comí chocolate, un poco de pan, papas fritas, gelatina, salchichón con limón y algo de una botella que encontré, esperé unos cinco minutos y me deshice de todo y un poco también de mí hasta que mi garganta y mi estómago gritaron que me detuviera, que ya no iba a poder sacar más. Lo limpié todo con un dolor de cabeza leve, un cansancio creciente y unos ojos llorosos por causa del esfuerzo. Sin sentimentalismos: el inodoro no los merece. Me acosté en el sofá y deseé un abrazo, pero ¿oliendo a vómito? Tampoco es que me hubiera hecho falta antes. Después me pregunté por qué, si no ha sucedido nada, si algo me hacía pensar que los días sin hacerlo iban a ser muchos más. No puedo responderme. Los viejos hábitos no son algo fácil de vencer y llevaba demasiadas semanas resistiéndome, intentando convencerme de que esta no era la salida. Es difícil creerme, pero la verdad es que he intentado mantenerme alejada de todo esto... lo que no me hace completamente invencible ni inmune frente a esta necesidad. Necesidad, ¿de qué? Quizá de hacerme un poco de daño, de recordarme algo, de no dejarme en paz. No sé. No es algo razonable y sé que afirmar necesitar esto es retorcido y que cuesta entenderlo, pero así es. Tal vez es un castigo, seguramente necesito decirme de forma no verbal que los errores que la gente cercana a mí no se atreve a mencionar para no correr riesgos conmigo existen, que nunca fui perfecta y que de aquí a ese lugar hay un trecho enorme.


    Los ataques de pánico han intentado volver un par de veces durante las dos últimas semanas. Me lastimé hace unos días. Es muy frustrante saber que las cicatrices harán parte de ti siempre, pero por otro lado hay algo que me hace pensar que, si ya hice algunas aquí, ¿qué diferencia va a hacer que continúe haciendo más? Al fin y al cabo una marca más o una menos no hará la diferencia y no modificará por completo mi cuerpo, así que ya nunca seré como ellas. ¿Trajes de baño? Sí, estarán muy bien con mis muslos marcados y mis piernas sin encanto. Si alguna vez quise ser diferente, creo que me equivoqué un poco de camino: lo único que logré en vez de sentirme bien al quitarme la ropa fue sentirme eternamente avergonzada, no sé si de mi piel o del asco que puedo dar desnuda en sí mismo.

    El inicio de la universidad estuvo bien y la situación ha mejorado un poco: la incomodidad ha ido cediendo y yo intento restarle importancia a las nimiedades que pueden convertirse en dramas si fijo demasiado mi atención en ellas.

    Si una obra se interpreta sin público, ¿se interpreta realmente?

  7. Give me reason, but don't give me choice...

    miércoles, 17 de julio de 2013

    ‘Cause I’ll just make the same mistakes again.

    Pasé la semana anterior con mi prima, viendo películas todo el tiempo y demás. Se fue el viernes. Hoy estoy tranquila. Iba a ver a mis amigas, pero desperté muy tarde, así que... después iré a dormir a casa de una de mis primas maternas. La que estuvo en casa la semana pasada también estará, así que se supone que será divertido. De hecho, las películas hasta tarde y esas cosas son interesantes, pero allí nunca duermo bien y la comida no es demasiado llamativa, no como en casa, así que no me provoca quedarme mucho.

    Aprobé francés con una nota excelente. La profesora me envió un mail felicitándome y alentándome a continuar estudiándolo. Luego de superar la posibilidad de que el inicio fuese un fracaso estrepitoso, asumo que las notas no volverán a importar, pero quién sabe si el tiempo me dé. No sé. Reprobé el último examen del semestre, ese al que no fui por miedo, pero no me siento especialmente mal. He estado leyendo más de lo usual y me siento mucho más relajada. Vuelvo a la universidad el lunes... y odio la idea. Aparte de eso no tengo más por contar.

    Un abrazo.



  8. No one notices.

    lunes, 8 de julio de 2013

    El fin de semana lo pasé muy bien. Mis amigas estuvieron en casa, bebimos, jugamos un poco, pusimos canciones de películas viejas como High School Musical y demás, e hicimos el ridículo haciendo mímicas y bailándolas. Bebí muchísimo, pero no se me subió a la cabeza, no sé por qué. Aunque en determinado momento estuve ‘contenta’ y pensé que me embriagaría, no pasó de ahí y estuve toda la noche intentando perder un poco el control, pero no lo conseguí. Hubo charlas subidas de tono, chistes estúpidos y muchas anécdotas en común, y estuvimos toda la madrugada sentadas en la sala de mi apartamento. Vimos amanecer juntas y demás, y a eso de las 6:30 am. cada una se fue a su casa. Mi familia dormía, así que recogí el desorden, tiré las botellas a la basura, lavé los platos sucios y saqué a Lío a hacer pipí antes de acostarme a las 7 am. Me despertaron a para desayunar, pero no tuve fuerzas para levantarme de la cama, así que sólo me levanté a la hora del almuerzo porque el hambre me estaba volviendo loca. Qué raro, ¿no? Desperté con un labio reventado que aún me sangra ocasionalmente y muy, muy sensible. Tenía ganas de llorar por absolutamente cualquier cosa. Un compañero de la universidad me escribió por WhatsApp que estaba preocupado por mí, que si estaba viva. Al principio le respondí todo muy borde, con monosílabos... pero bueno, acabé siendo amable, aunque claramente no iba a decirle gran cosa. 

    Lío pasó una pésima noche el sábado por causa del asunto de mis amigas en casa, así que lo noté un poco enfermo y me fui a la cama con él. Hasta que le dio sueño no me dejó dormir realmente, se mueve demasiado y le gusta acostarse encima de mis extremidades, así que entre intentar acomodarnos y quitármelo de encima se nos pasó fácilmente una hora, pero al final se portó bien y descansó. Hoy fui a clase de francés, presenté el simulacro de examen final –que es mañana–, y todo estuvo bien. No sé, en medio de todo fui superando las cositas desagradables del principio con el paso del tiempo y de las notas, y pude relajarme un poco. No estoy demasiado tensa. 

    Nadie ha notado la herida del viernes porque, aunque está bastante sobre la muñeca, siempre llevo un reloj y un par de pulseritas, así que me cuido de que se note sin cubrirla o aplicarme maquillaje.


    Justo ahora sólo estoy cansada y quiero dormir.

    Un abrazo.

  9. La muñeca de mi brazo izquierdo está roja, me escuece y la piel alrededor del corte que recién me hice está algo hinchada. Tenía dos semanas, tres, no sé, sin hacerme daño, y de nuevo estoy en cero. Ya no hay lugares. Ayer me quité la ropa y, de no ser por el calentón en el que estaba, seguramente me habría dado asco ver mis piernas y mi cadera marcadas. Ahora sólo siento vergüenza. Hace un rato no hubo un detonante específico, no podría decir que lo que pasó fue esto o que sentí esto otro, sólo se acumularon mi sensibilidad del día, mi vacío existencial y la visita de mi hermana –en cuya presencia pierdo toda capacidad de movimiento y, cómo no, cualquier tipo de encanto porque claro, es mi hermana de quien estamos hablando, la rubia preciosa junto a la cual no existe absolutamente nadie más–. Hoy, a esta hora, me siento tan sola como no me había sentido en meses. ¿Les pasó alguna vez que sintieron ganas de llamar a alguien por teléfono y decirle lo desdichadas, lo solas que están? ¿Se arrepintieron porque pensaron que cualquiera de los nombres en la lista de contactos del teléfono seguramente tendría cosas infinitamente mejores que hacer que escucharlas? Claro, una o dos responderían… la cuestión es quién lo haría sin asustarse o enfadarse. Uno concluye que es mejor dejarlo todo como está, porque al fin y al cabo todos estos bajones y estos nudos en la garganta son una falsa alarma, siempre una falsa alarma, otro recordatorio de que llevamos años diciendo que no podemos aguantar más… pero lo hacemos. Y aquí estamos. Sé que tengo un problema, pero no se cuál y no quiero investigarlo por mi cuenta, porque sé que hay cosas que, aunque no se quiera, resultan figuras sugestivas. Sé que tengo un problema, pero lo mejor es no abrir la boca. Quizá todos nos sentimos muy cómodos con la calma aparente y la idea de problema superado que parece haber en mí, así que... visto de refilón podría decirse que no hay motivos reales para cambiarlo. 

    Las clases de francés han ido relativamente bien. Las notas de los exámenes en la universidad no fueron tan buenas como las primeras, pero tampoco fueron malas. He leído mucho, dejé de dormir tanto y justo ahora estoy muy cansada. No sé si las cosas mejoren, no sé si yo mejore, no sé si esta mierda mejore. No sé nada.

    Quería decirle a alguien que estoy mal, y ya lo hice. No hay nada más. La podredumbre de un alma humana, vamos.

  10. Not in the mood right now.

    miércoles, 12 de junio de 2013

    Desperté temprano, comí algo, me duché y salí con una hora de antelación que –dada mi falta de experiencia yendo hacia el lugar donde tengo clase– no fue suficiente, me enfadé, me fastidié, tomé un taxi y llegué. Siempre tuve en mente no idealizar la situación, ni esperar absolutamente nada. Somos 8 personas, el profesor habla todo el tiempo en francés y, aunque no entiendo un carajo la mitad del tiempo, me gusta hacer algo productivo. Me molestó un poco que tocase el tema de las calificaciones –50% actividades en clase, 50% examen final–, y no supe por qué hasta que caí en cuenta de que quizá es lo que viene sucediéndome en la universidad: me siento presionada al saber que seré evaluada, y tiendo a predisponerme negativamente sin siquiera haber empezado. 
    Por lo demás, todo estuvo bien. Me hice un lío al regresar a casa, tomé el bus equivocado, etcétera, pero regresé a buena hora. En cualquier caso, llegué algo cansada y más o menos muy deprimida. No sé qué sucede conmigo: llevo algunos días queriendo dormir eternamente, llorando cada que estoy sola… ayer me lastimé de nuevo. Agresivo, excesivo, todo sin sentido. Hoy me atiborré y vomité hasta que el ardor en la garganta no me permitió continuar. ¿Qué mierda está pasando conmigo? ¿Por qué, justo ahora? Intento sentirme mejor, subirme el ánimo, arreglarme –normalmente la señal de alarma cuando toco fondo es mi negativa a siquiera lavarme el cabello–, reír, lo que sea, pero nada funciona. Ayer, después –casi en medio, pero vale– del arrebato, hablé con un amigo y quedamos de vernos hoy… pero la verdad es que lo dejé cuando lo llamé al medio día para preguntarle qué estaba haciendo y no volví a hablarle en toda la tarde porque en cierto momento perdí las ganas de hablar. Es claro que no estoy bien, pero ya no sé a quién acudir y, para ser honesta, no sé si a estas alturas alguien quiera siquiera ayudarme. Además, ¿'ayudarme' a qué? Estoy confundida y literalmente me pitan los oídos. Esta semana se ha ganado el premio a la semana más dramática y autodestructiva del 2013. 



    Quería leer antes de ir a la cama, pero no sé si me dará tiempo. 

    Y quién sabe qué diantres se me ocurrirá mañana.

  11. Am I losing it?

    martes, 11 de junio de 2013

    “Why do I keep hitting myself with a hammer? Because it feels so good when I stop.”


    Miraba el reloj cada cuatro minutos, calculando el tiempo que me quedaba para la hora a la que debía salir de casa, intentando saber si conseguiría estudiar todo lo que me hacía falta antes de llegar al examen. Me rendí a las ocho de la mañana.

    Supongo que dejé el listón muy arriba en los primeros exámenes, por lo que ahora me frustra pasar, por ejemplo, de un 4,6 a un 3,7. Es una ridiculez porque de cualquier forma tengo casi aprobadas las materias, lo sé, pero no es suficiente. A pesar de que durante los primeros dos meses me salté algunas clases –no fueron muchas–, para esos exámenes sentí que haberlo hecho había repercutido en mis notas buenas pero no excelentes, así que el resto del semestre intenté no faltar a menos que fuera realmente necesario, y lo conseguí. No sé qué pasó ahora. Estaba nerviosa, quizá, un poco pasiva… no sé, pero mis notas bajaron un poco y me sentí muy molesta. La única razón por la que me, digamos, recuperé, fue porque aún quedaban –quedan– exámenes, y no iba a permitir que mi estado de ánimo y mis ganas de cualquier cosa tuviesen incidencia en mi desempeño. Tal vez sucede que trabajo mejor bajo presión, y esta sensación de que estoy en vacaciones teniendo que estudiar me confunde un poco, como si mi cuerpo asimilara que estar en casa es sinónimo de comer y dormir, pero mi cabeza intentara decirle ‘¡aborten misión, aborten misión! ¡Aún no es momento de descansar!’… como que hay una batalla campal entre las ganas de dormir y la necesidad de estudiar y salvar mis calificaciones.

    En fin. Estoy en casa, es medio día, no me he duchado y estoy tomando un pequeño receso de los apuntes y las lecturas de economía porque, aunque ya no presentaré el examen hoy, de todas maneras tengo que estudiar y, en resumidas cuentas, ser economista para el día en que tengo que presentarlo. Me jode un poco porque hay que pagar, pero es el precio de mi pereza y mi ‘todavía hay tiempo’ y, asumo, esto no se repetirá de nuevo. Los últimos exámenes son el fin de semana, y dudo que mi sentido común me permita arriesgarme y acabar así otra vez. El jueves vi Rápido y furioso 6, y del viernes al lunes todo fue un relajo total, así que pensé que con estudiar desde la noche anterior tendría... y no.

    El viernes me inscribí en un curso intensivo de francés. Tengo clase todos los días de 11 a 1 durante un mes, es decir todas las vacaciones, lo que me permitirá no bajar el ritmo, no sentir que desperdicié el tiempo al final y, vamos, dejar la cabeza en otra parte. O eso espero, no sé, en realidad nunca he hecho nada semejante en mi tiempo ‘libre’, así que sólo estoy especulando acerca de cómo funciona. Sobre todo porque nunca se sabe, ¿no? Es muy difícil saber si en determinada situación voy a reaccionar de una u otra manera, así que lo mencionaré luego.


    He vuelto a comer tantos alimentos azucarados como puedo –de preferencia a escondidas y con ganas de vomitarlo, como si no fuera ya algo malo–, pero supongo que es sólo porque me siento un poquito sobrecargada. Tengo que intentar sacarlo de alguna manera y dejarlo estar, pero no se me ocurre cómo conseguir cuidarme de verdad.

    No ha sido un buen día, pero espero que mañana cambie. Y el resto de la semana. Y el mes. Y el año. Y la vida. A veces tengo la sensación de que cada cosa que hago es tan nimia, tan irrelevante, que al fin y al cabo todos los verbos que conjugo en carne propia tienen como propósito pasar el tiempo, esperar haciendo algo, ver qué pasa, cuándo acaba esto. Esa percepción suele ir de la mano del vacío existencial, ese que se cierne sobre tantos aspectos de mi rutina paulatinamente, sin que yo pueda presentirlo siquiera. Eso también me cansa. Entre intentar no hacerme daño, lidiar con el vacío existencial y convencerme de que no está mal no ser perfecta en todo, mi capacidad de aguante emocional queda al límite, como esperando que algún otro suceso reviente la burbujita de presión, ojalá con una cuchilla. Qué simbólico se me antoja ahora cada corte, como si guardara bajo la piel todas esas cosas que me hacen sentir siempre insuficiente y tuviese que abrirles una salida de emergencia que finalmente ilumina el camino con su luz roja.


    Con lo jodido que es que no me salga a volar la fe.


  12. Hey.

    jueves, 6 de junio de 2013

    “I feel older, but not very wise.” 

    Lo de siempre: nunca hay tiempo. Y no hay tiempo, no porque la pase estudiando o haciendo cosas productivas, sino porque en realidad no tuve un momento en el que hubiese querido escribir algo. No hubo un momento en el que necesitara pasar por aquí. En fin.

    Me encuentro físicamente mejor. Estuve en el médico el 20 de mayo, así que me pesó. 46 kgs. Uno menos que dos o tres semanas antes de eso, dos menos que hace dos meses… y no me gusta bajar de peso si no lo hago a propósito porque siento que se me descontrola todo, y se nota: desapareció mi lindo trasero y mi esternón vuelve a ser huesudo. Tuve un retraso de unas dos semanas, pero supongo que se debía a eso y que debí haber aumentado de peso lo suficiente como para que la regla volviera. O no, no sé. He disminuido la cantidad de azúcar que ingiero porque, aunque jamás se me ocurrió –de hecho, pensaba justo lo contrario–, resulta que era el exceso de azúcar lo que hacía que tuviera sueño y cansancio constantemente, e intento no dormir más de lo necesario, pero, por lo demás, procuro no saltarme ninguna comida y evitar ese placer a medias de tener hambre. 

    Pero no es eso por lo que necesité venir. Siendo honesta, me he sentido bien estos días. Es decir, estoy en medio de los exámenes semestrales e intento conservar la estabilidad, pero sé que voy a quebrarme. La semana pasada me lastimé de nuevo. Ya lo había hecho el mes pasado, pero no lo mencioné porque fue sólo un corte y no me pareció relevante. No obstante, hace unos días sólo no pude evitarlo, y me lastimé el antebrazo, el brazo y las piernas, en la parte superior de los muslos, donde ya lo había hecho varias veces. Tal vez algunas desaparezcan, pero hay un en particular que no será fácil ocultar, porque se nota cuánto tardó en cerrar y cuán profunda fue. En determinado momento de la semana me preocupé porque pensé que se había infectado –lo que nunca me ha sucedido–, pero al final todo estuvo bien y la herida sanó. Ahora sólo me escuece ocasionalmente. Eso en términos físicos. El resto es otra cosa: me siento muy culpable, y no sé por qué me siento aún peor cuando pienso en que no se lo dije a nadie. Soy consciente de que lo último que quiero es que las personas cercanas a mí lo interpreten como que estoy desesperada y hundida, porque no es cierto en absoluto, pero supongo que de vez en cuando hace falta comentar estas cosas con alguien. Aunque, claro, tampoco puedo hacerlo con tranquilidad porque ya he hablado mucho, en los últimos años, de desórdenes y heridas. Creo que ya hablé por toda la vida, y no es algo de lo que nadie se sienta cómodo hablando. Eso me trae aquí: en últimas, quien lea esto va a limitarse a permanecer en silencio si así le apetece, o a dejar de leerlo en cuanto se harte, contrario a lo que sucede cuando se sostiene una conversación con alguien que siente que debe decirte algo, o que piensa ‘¿otra vez? Dios, ¿nunca se cansa? ¿Por qué no deja de cortarse y ya está?’. Puse el marcador en cero por enésima vez en la historia, y algo me dice que esto jamás se irá, pero intento dominarlo en vez de que sea al contrario. Debería tirar mis cuchillas a la basura –compré unas nuevas hace algunos meses–, pero no me siento lista para ello. No es que necesite hacerme un poco más de daño, sino que deshacerme de ellas va a suponer que, en medio del siguiente arrebato, sea más llamativo tener que salir a comprarlas y rendirme a la sangre si tengo que esforzarme, que si sé que sólo necesito cerrar la puerta del baño.




  13. Awkward old times came back.

    miércoles, 17 de abril de 2013

    Seré muy breve porque tengo muchísimo sueño, pero lo que sucedió hoy es digno de comentar.

    Hace cosa de tres años, un día cualquiera, salí con algunos amigos. Llevaba días malcomiendo, pero lo había pasado genial, así que al llegar a casa tomé una Coca-cola y unas galletas Oreo, dispuesta a hacerme un par de concesiones a raíz de mi estado de ánimo. No obstante, antes de poder llegar a mi habitación mi madre me llamó. Como cada vez que ha sucedido algo, noté que no me puso un ápice de atención mientras le hablaba, pero se lo atribuí al cansancio. De repente me hizo sentar. No era el cansancio, había leído el blog que yo llevaba para entonces, y tenía en sus manos una copia impresa de algo que se me había ocurrido redactar para publicar después. También había escrutado mis archivos y eliminado aproximadamente la mitad de las fotos 'thinspo'. Yo ya estaba agotada, así que la dejé hacer y acabé en el nutricionista y el psiquiatra. Les dije lo que querían escuchar: que todo estaba bien. 


    En fin, hoy llegué de la universidad y mamá estaba sentada en el sofá. Tenía un gesto raro, pero, al entrar, yo tenía cara de haber llorado, aunque lo que sucedió fue que había estornudado mucho, así que de inmediato cambió de expresión y me preguntó qué había pasado. Tenía una tablet en las manos y no alcanzó a cerrar el navegador, donde tenía abierto, justamente, mi blog. Esta vez, a diferencia de la anterior, no me salió ninguna carcajada nerviosa ni me puse en actitud reflexiva. Me provocaba gritar, pero me limité a quitársela. ¿Es en serio?, ¿otra vez?, ¿en serio?, fue lo único que conseguí decir mientras eliminaba el historial, las contraseñas, las cuentas y las aplicaciones que pudiesen recordarle algo. No ha venido a hablar conmigo, lo que me resulta un tanto extraño, pero no puedo asegurar que no lo haga. No sé hasta dónde leyó, pero, en todo caso, dudo mucho que se atreva a plantearme una charla existencial o una visita a algún psicólogo. No me siento mal porque, después de todo, lo único que he hecho aquí es poner por escrito mis experiencias, he escrito para mí y he dejado claro cuánto he intentado dejar mis viejos hábitos atrás, así que... no sé, quizá en un par de semanas vuelva a mi url original, que en realidad me gusta mucho, o quizá encuentre una mejor.

    Ayer estuve en el gimnasio. Al principio me dio un poco de vergüenza, pero todo acabó siendo bastante divertido. Ahora sólo estoy un poco cansada.

    Un abrazo.

  14. It's not written in stone.

    lunes, 15 de abril de 2013


    “Me alegro de que sea niña. Pero confío en que sea tonta…, lo mejor que le puede pasar a una niña en este mundo es ser una hermosa tontita.”

    He querido poner algo diferente para empezar. La frase es de El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald, cortísima obra que, por cierto he amado con pasión y desenfreno. Lo recomiendo sin dudarlo.

    Cómo odio los lunes. Y hoy, como plus y casi literalmente, me llovieron las siete plagas: lunes de levantarse antes de las 5 am. y correr para llegar a tiempo a clase. Salí de casa cinco minutos tarde, lo suficiente para no alcanzar a tomar el bus vacío. Llovía. Repito: llovía. Cuando subí al bus, la sombrilla no cerraba. Mr. Bean en versión femenina, digamos, para ilustrar mejor el asunto. Entonces dejó de llover para empezar a diluviar. Bajé del bus, abrí la sombrilla, caminé dos cuadras... y nadie adivinará lo que sucedió a continuación: pues sí, como en las caricaturas, al mejor estilo de El correcaminos, la sombrilla empezó a desbaratarse a trocitos, sin que yo pudiese impedirlo. Me mojé el alma. Llegué con el cabello hecho un desastre a clase, pero solté una risa fresca y dije 'me tomo un café y ya fue'... antes, claro, de verificar mi billetera y recordar que había dejado el dinero en el pantalón negro que usé el sábado. Mojada, hambrienta y deshauciada. Posterior a ello se me cayó la comida, me estrellé con una puerta y estuve por resbalarme en un pasillo, sucesos en los que hubo testigos haciendo eco de mi torpeza con sus carcajadas. Yo también me reí, y es que tampoco iba a dedicarme a hacer escándalo porque ¿de qué iba a servir? He tenido un día tan caricaturesco, casi gracioso, que estoy segura de que no se me va a olvidar. Sin embargo, me alegra que haya terminado.

    En la tarde fuimos por ahí mamá y yo, y acabamos comprando unos zapatos para el gimnasio. Mañana iré por primera vez, aunque me da algo de vergüenza. Me gustaría poder tomarme una foto y ponerla aquí, pero no estoy segura de salir bien, así como tampoco estoy segura de que vaya a sentirme cómoda haciendo ejercicio entre tanta gente, pero por algo debo empezar. Hace un rato quise saltarme la cena porque me sentía un poco mal, pero mi mamá se percató de ello y, aunque no tiene motivos para enfadarse, prefiero dejar que me vea comer, porque tampoco es que valga mucho la pena discutir por nimiedades, menos ahora que no es que nos veamos mucho que digamos. He estado recibiendo las notas de los últimos exámenes: no puedo quejarme porque, si bien no fueron perfectas, tampoco fueron malas. No obstante, intentaré esforzarme un poco más para los siguientes que, por cierto, empiezan de nuevo en un mes y medio.

    Estoy algo cansada, pero es mejor escribir un poco más seguido, porque así no pierdo tanto el hilo. Qué irónico, ¿no? Perder el hilo de la propia historia.

    Un abrazo.



  15. This is not what I had planned.

    domingo, 14 de abril de 2013

    I use the deadwood to make the fire rise. 


    No han faltado sucesos que me han hecho sentir bien pero, como es usual, la sensación pasa pronto y cede sin reparos el espacio a la vocecilla que empieza susurrando que no soy suficiente y acaba gritándolo y poniéndolo en avisos luminosos. No tengo a quién culpar, por supuesto, porque esto que me invade es apenas el producto de lo que decidí hacer, de las formas en que decidí reaccionar a las situaciones. Es decir, no puedo y no quiero culpar a nadie porque en el fondo yo podría haber elegido algo diferente a alternar la autocompasión y la paciencia, a presionarme porque no puedo presionar a nadie más y convertirlo en mi modus operandi. Pude, pero no lo hice, y aquí estoy, sentada en el sofá con el ordenador en las piernas intentando escribir lo mismo de siempre de alguna forma amable que oculte mi perpetua repetición. Fallando. De nuevo.

    No he dejado de comer para nada, y tampoco he seguido una dieta especialmente restrictiva, pero para todos he adelgazado. En realidad, el único hábito que recién adquirí es el de llevar agua siempre conmigo: tengo que caminar mucho entre semana, así que tengo mucha sed durante el día. Intento mantenerme estable, sobre todo porque sé que, de no hacerlo, mi concentración desaparece y mi irritabilidad se eleva a las nubes, pero los comentarios no se han hecho esperar. "Como tú eres delgada", "igual casi ni comes", "voy a empezar a tomar agua, a ver si me vuelvo flaca como tú". ¿En serio? A veces parece un complot. ¿Se fija alguien en la cantidad de comida que ingiero diariamente? ¿Me han visto sin ropa? No. Siempre respondo que soy normal por no escandalizar a nadie, pero la verdad es que no me veo precisamente delgada. Mucho menos 'flaca'. Hoy escribo porqueme sobran el miedo y las ganas de lastimarme. Si consigo irme a la cama sin ver una gota de sangre me habré vencido, por lo menos por esta noche... y, aunque no sé cuánto dure la victoria, aunque a veces da igual hoy o dentro de una semana, aunque no piense tanto en mí como en los demás, sabré que pude ser más fuerte que esto durante un momento.

    En fin... quería poner todo el drama aquí porque no puedo seguir expresándolo en carne y hueso. Han ocurrido cosas buenas, pero también cosas tan chocantes, emocionalmente hablando, que estoy un poco sobrecargada. Sumando que más o menos me ocupan otros asuntos más o menos preocupantes. 




  16. Back on the road.

    domingo, 17 de febrero de 2013

    Can I make it better with the lights turned on?

    Las últimas semanas han sido una excursión emocional. Pasé de la euforia a la duda, y de la duda a la depresión. Ahí me quedé durante dos semanas. A veces acompañada, a veces sola, porque me sigue costando hablar. No puedo decir que estuve deprimida todo el tiempo, pero sentí que estuve a punto de tocar fondo un par de veces. Es que todo me resultaba imposible, aunque tengo clarísimo que es difícil de entender para quien jamás se ha sentido de semejante manera, así que procuré no decir nada. Y de nuevo estaba esa tendencia que tengo de llorar cada que hablo de ciertas cosas. Además, cuando se habla de asuntos repetitivos… no lo sé, hablé con mi prima de ello, y ambas convinimos en que charlar no suele ayudar cuando uno no está bien. Es decir, claro que es lindo que alguien te escuche, pero las personas sí se cansan –yo, por ejemplo, me harté de dar “ánimo” a alguien cuando era cosa de todos los días–, y eso no los hace malos amigos, sino humanos. 
    Mi cuerpo es como plastilina: cuando no consigo expresarme toma medidas y exterioriza lo que estoy callándome de la mejor forma que encuentre. Fui presa de un escozor infinito en las piernas, lo que me dejó varias heridas que han ido sanando con el paso del tiempo y la estabilidad emocional. También caí enferma, y mis padres dicen que adelgacé –yo no diría que bajé de peso, sino que la grasa sufrió una re-acomodación–, pero me recuperé y sigo respirando. 

    La semana pasada estuve mucho mejor. Creo que suelo encontrar excusas para lo mal que me siento cuando no consigo explicarlo, así que elegí la asunción de que yo era un monstruo del pantano y el resto de chicas no para justificarme. Es evidente que no me siento del todo cómoda en mi piel, pero no se trataba de cómo veía a las demás, sino de qué motivo razonable darle a mi estado de ánimo, de cómo encontrar un argumento que pareciera al menos un poco sensato. Intelectualmente… quizá me sentí un poco presionada, pero tampoco tiene mucho que ver con la gente con la que estudio. Aunque no suelo adoptar actitudes favorables frente a la competencia, no soy estúpida y, lo que me cuesta, habrá otras formas de trabajarlo. No es el fin del mundo.




    Hoy me encuentro bien. Es domingo y tengo que preparar un par de lecturas para las clases de mañana, puesto que ayer no hice absolutamente nada, así que parto pronto.

    Un abrazo enorme.

  17. Explain, explain...

    sábado, 26 de enero de 2013

    as I turn and meet the power. 

    No he escrito en más de veinte días. En el tiempo libre me sentía invadida por la pereza, y cuando no era así... no encontraba las palabras necesarias. 

    Al llegar a casa todo estuvo perfecto: me sentía cómoda, aunque los primeros días estuve algo enferma y la casa era un caos total. Al final todo volvió a la normalidad. Hace una semana fue mi primer día en la universidad. El lugar está bien, pero recientemente he albergado una cantidad exorbitante de dudas respecto a mi carrera. Creo que, si estudiara Literatura, sería mucho más feliz. Me sentiría más libre y... vamos, sería feliz. Pues cámbiate de carrera y haz lo que consideres, me van a decir, pero es que no puedo pensar sólo en mí. Hay un millar de factores que indican que me quede estudiando Derecho, que me calle y me conforme, que me esfuerce por ser la mejor y todo estará bien. Que hay tiempo. No quiero discutir esto porque sé que me estoy equivocando, y quisiera con todas mis fuerzas dedicar el resto de mi vida a respirar entre libros, entre lo que amo, pero sólo me queda darlo todo de mí y organizarme de manera tal que me quede tiempo para escaparme un rato a alguna atmósfera imaginaria. No abandonaré al principio y ya lo he decidido. ¿Que cómo me siento? Creo que es claro que no del todo bien, pero no es el fin del mundo y, si las letras de verdad son lo mío, encontraré la forma de vivir en ellas de una u otra forma.

    Hoy he ido de compras. Tuve que pedir una talla más: no me cabía el culo —literalmente— en la talla usual, pero mi ninfómana interior le dijo a la anoréxica que se callara, que me veía increíble y que disfrutara esas nalgas. La ninfómana siempre es más divertida, así que es bueno que domine en esos momentos. Igual los jeans no son lo importante. Siempre he dicho que la ropa engaña, y en mi caso los efectos tienden a ser fantásticos. Me he dado tantísimo asco al quitármelo todo hace un rato, me han repugnado tanto las marcas y mis piernas anchas, que he preferido ignorarme. Darme un golpe mental, amarrarme, porque tengo hambre, estoy agotada y quiero comer, necesito comer y sentirme enérgica... aunque sienta una necesidad algo vaga de ayunar un día entero. Va a ser difícil estudiando y agradezco no poder ayunar abiertamente porque sé que no debo, sin importar si me siento grande y patosa, poco ágil, atascada, fea, y me gustaría poder hacer algo para menguar un poco la sensación. No me gusto, sí, pero soy consciente de que esto va a pasar en un par de días y estaré bien. Y volverá, pero me ocuparé de ello entonces.

    Estoy cansadísima. Toda la semana he madrugado, y a partir del lunes tengo clase de siete de la mañana prácticamente todos los días. Me da tristeza sólo imaginar la perspectiva, con lo mucho que odio madrugar.

    Buenas noches.

  18. Whatever tomorrow brings, I'll be there...

    jueves, 3 de enero de 2013

    La atmósfera general ha cambiado, ¡y de qué manera!

    Creo que hay cosas que no detallé anteriormente, por lo que pueden resultar confusas, así que me es necesario exponer un poco el contexto antes de continuar. Me explico: he venido con mi familia a Santa Marta hace doce días. Nos quedamos en casa de mi abuela paterna, con quien no tengo una relación cercana. 

    Mañana volvemos a casa y, según parece, mi 2013 empieza cumpliendo propósitos: la idea es visitar alguna(s) ciudad(es) que yo desconozca, por lo que el trayecto nos tomará dos días –que, si no me equivoco, podrían ser tres–. Claro que un avión es más rápido y más práctico, pero los viajes en carro nos dan la oportunidad de pasar más tiempo juntos antes de retomar cada uno las actividades usuales, dícese trabajar y estudiar. Por extraño que suene, me gusta estar con mis padres en épocas como la presente, cuando es evidente que se ha superado esa etapa tan tediosa de discusiones y contradicciones, y todos somos mucho más abiertos. No faltan las risas, los detalles curiosos y las historias, así que… bueno, es bastante cómodo el asunto.

    Hoy estuvimos en un pueblo a unos minutos de la ciudad donde, pese a la cercanía a los cero metros sobre el nivel del mar, el clima es caluroso en la mañana y demasiado fresco en la noche. Me quedé sola un par de horas, y durante ese lapso preferí quedarme a continuar mi provechosa lectura –debo decir que Tolstoi me ha enamorado–, acostada en una hamaca. De repente comencé a sentirme mal, y acabé corriendo al baño a vomitar al más perfecto estilo de las películas taquilleras de Hollywood –es decir, limpia y rápida (gracias, de nuevo, experiencia bulímica) pero agresivamente–, tras lo que me quedé dormida durante unas dos horas. Desperté absolutamente renovada, y el dolor de cabeza se había ido. Creo que me encontraba tensa, mal dormida, y la relajación y el exceso de comida tuvieron su efecto.

    En fin, estoy sentada en la pseudo-terraza de la casa de mi abuela. Estamos fácilmente a 28ºC y, pese a lo variopinto del día, mi perspectiva ha cambiado radicalmente frente a varios aspectos.

    Difícilmente voy a sentirme cómoda con mi figura, pero el comentario de Blue Rose hizo que me replantease un poco la egocéntrica posición todos-se-sienten-bien-con-su-cuerpo-y-yo-no porque, al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a encarar sus problemas y cualidades negativas de la manera que le venga en gana. No retiro el comentario referente a la libertad con que llevan sus átomos algunas personas pasadas de kilos, pero reconozco que muchas de ellas se sienten incómodas y no tienen otra opción que aceptar y lidiar con el asunto. No soy una obeso-nazi, que quede claro. 

    En resumen, dejar de aferrarme a la idea de dar valor a lo intangible por si lo otro sigue estancado sería equivocarme. No puedo dedicarme a mi físico de lleno, pero descuidar del todo el cúmulo de electrones que represento no redundaría en una perspectiva agradable, ni siquiera cómoda para mí misma, porque no soy un ogro del pantano, no… hay que encontrar una suerte de equilibrio, por complicado que parezca. No puedo intentar romper con eso que forma parte de mí, pero sí puedo evitar entregarme a las calorías –o la falta de ellas– en exceso.


    Estoy tranquila. El calor, el fastidio, el cansancio y el hecho de que echo infinitamente de menos mi casa y mi cama reforzaron el malestar… pero todo estuvo y está bien: no hubo ningún detonante y tampoco estoy en modo tan autodestructivo como hace años, por lo que no me quiebro por cualquier pequeñez. No me quejo porque no tengo motivos para hacerlo, y tuve siempre presente que sólo han acaecido sucesos a los que estoy poco o nada habituada, pero que no representan un obstáculo mayor para mi existencia. Además, no me considero melindrosa y no es momento de empezar a serlo, así que... bueno, como quiera que sea, supe llevar las situaciones de manera apropiada, pese a la soledad que pude sentir por momentos.

    Creo que acabo la reflexión diciendo que me complace volver, que tenía ya muchísimas ganas de hacerlo. Tengo que arreglar mi equipaje –porque siempre hay algo que se me acaba olvidando–, así que... me despido.

    Un abrazo.


  19. Even skeletons wanna be friends with joy.

    miércoles, 2 de enero de 2013

    «Todos tenemos skeletons en el alma, como dicen los ingleses.»

    ¡Feliz año nuevo! 

    Comienzo deseándolo porque es lo mismo que quiero para mí: un 2013 que pueda, después, recordar con satisfacción y quizá también un poco de cariño. Estaba en deuda con lo siguiente:

    Balance del 2012.

    ∞Me gradué –y mis notas fueron bastante buenas–.
    ∞Sobreviví con éxito al examen de estado y al asunto de la universidad.
    ∞Viajé fuera del país y bastante dentro de él.
    ∞Leí más libros que el año pasado –aunque menos que el anterior a ese–.
    ∞En septiembre llegó a casa Lío, mi perrito.
    ∞Conocí gente nueva.
    ∞Me cansé de determinadas personas, por frívolo que suene, y las hice significativamente a un lado para concentrarme en lo que valía la pena. El resultado fue más positivo de lo esperado.
    ∞Mi relación con mi madre mejoró aún más, pese a los altibajos normales.
    ∞Me lastimé, la depresión fue más protagónica en ciertos momentos y mis desórdenes regresaron con fuerza, todo quizá más que en el 2011.
    ∞Empecé a utilizar gafas. Dejé de llevar brackets.
    ∞Maduré, evidentemente, como se hace cada día.
    ∞Entablé una amistad bastante estrecha con ciertas personas con las que venía compartiendo la cotidianidad. Preveo que, pese a ello, la vigencia era limitada.
    ∞Seguí siendo problemática. De ahí salieron los mejores recuerdos.
    ∞Creé este blog que, si bien no es muy frecuentado por terceros, me ha permitido exteriorizar ciertas cosas de una manera más o menos sana.

    Propósitos para el 2013.

    ∞Acabar el primer año de carrera con un buen promedio.
    ∞Hacer ejercicio, a ver si tonifico algo y dejo de quejarme.
    ∞Comer un poco más pensando en mi salud y menos presa de la ansiedad, con el fin de que mi estómago mejore y deje de hincharse.
    ∞Engordar a Lío, que está demasiado flaco para mi gusto.
    ∞Conocer una ciudad nueva.

    En fin, ahí están. Quizá los ponga en la barra lateral del blog a modo de recordatorio, como suele hacerse con el peso, e ir monitoreando mi progreso. Sobra decir que esta vez no me arriesgaré a que ninguna forma de vida inteligente tenga idea siquiera de este sitio, puesto que esta vez no sería poco lo que se estropearía.

    El disgusto hacia mi cuerpo comienza a exceder los límites. Pese a que mi 2013 empezó bastante bien, esa nimiedad de mi perspectiva se ha hecho más notable de lo usual, y más tediosa y difícil de llevar. Sé que a nadie le importa una mierda, pero transcribiré un trozo de la conversación que tuve hoy con alguien que hay por aquí –y a quien no debe molestarle, porque me limitaré a poner única y expresamente lo que dije yo–:

    *Insertar nombre de la persona*, veo mujeres hermosas, si no de rostro, sí de cuerpo, y luego me veo yo y siento asco. No soporto leer ese tipo de basura –con todo respeto– (haciendo alusión a los libros de autoayuda) porque es lo mismo que tomar antidepresivos: engañarte, crearte una atmósfera propicia para aceptar tus defectos, positivizarlos o esconderlos. No voy a cerrar los ojos ante mi imperfección, aunque quiero. Me doy cuenta de que para los hombres soy un atractivo intelectual, invisible. Mi cuerpo no vale, porque hasta yo me siento amorfa por ratos.
    Y veo mujeres gordas y me pregunto cómo pueden exponerse así, y envidio su libertad y esa falta de profundidad que implica creer que la forma no es importante. Estoy hastiada de este cuerpo, de mi belleza prosaica, conceptual.

    Avanzada la conversación: Soy como una obra de arte de esas que los críticos y los observadores desprecian, hasta que llega algún tostadito y le parece bella.

    No sé qué más decir, puesto que ahí arriba, entre líneas y por encima, se nota todo lo que quisiera verbalizar. Estoy física y mentalmente agotada. Me siento emocionalmente inestable, de esa manera que es tan peligrosa y tan repugnante a veces. Parece que estuviese anestesiada, entumecida, que acabasen de darme una fuerte paliza. No tengo ganas de poner imágenes, ni recuerdo frases en inglés que se me hayan quedado pegadas. Quiero acostarme y dorm(or)ir un rato.

    Un abrazo.