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  1. Relapsing is like falling from a skyscrapper,

    miércoles, 22 de mayo de 2019

    My body ends up numb and my soul is nothing but a big bruise.

    Todo estaba bien, yo estaba bien. Y de pronto algo me recordó que estoy gorda, me hizo sentirme fea, me plantó soluciones extremas o incluso técnicas patéticas que me ayuden a lidiar temporalmente con este desastre. Mi lado racional no quiere seguir jugando con mi salud, sintiéndose así. El otro sólo quiere el abdomen plano, la perfección, no quedarse atrás.



    "Sometimes I miss being sick; The grimiest part of me wishes I had stayed in that familiar city of gray and mental illness and whatever the opposite of healing is. Where there was nothing to laugh about, but plenty to write about. I've considered myself to be recovered from my eating disorder for three years, but I still write about it in present tense. I also still keep all of my ex's in my contact list. And for once, I don't want to write about this. For the first time I am embarassed, instead of proud of all of the mad things I've done for happiness. When a friend at dinner makes a casual comment on calories, the scoreboard in my head illuminates with numbers again. Once, I cut a ribbon the size I wanted to be and wore it around my waist like a bracelet. Bathroom scales make me feel nostalgic, like a scrapbook I flip through, snapshots of my sickness, the suppers of tobacco smoke and red lipstick, how I used to pack my lunchbox with floss and teeth-whitening strips. Last night, I painted my nails when I was hungry; I can't eat until the polish is dry. I don't want to go into more detail because what if you mistake this poem for an instruction manual? I don't know how to talk about the rabbit hole without accidentally inviting you to follow me down it. When recovery is not all yoga mats and tea and avocados, it is work... It is reminding myself that sucking on ice cubes does not count as dinner. Body, forgive me. It is not healthy to drink so much water that your body becomes a bathtub, your organs floating like loofahs. Body, forgive me. Trying to ignore the caloric calculator in my head is like trying to ignore television subtitles and sometimes I just can't, body, forgive me. Recovery is hard work. Not wanting to die is hard work. Every time you asked if I was full I heard you say "fat" but I am trying so hard not to do that. But I cannot unmemorize the calories of a peppermint. Wanting to die is not the same as wanting to come home, and I am still trying to remember that."

  2. Dry wood

    domingo, 12 de mayo de 2019

    La vida pasa de una forma que de repente me parece demasiado rápida. 

    ¿Dónde he estado estos seis años y medio? ¿Qué he hecho? ¿De qué tanto me acuerdo?

    ¿Cuántas veces morí de risa? ¿Cuántas lloré? ¿Cuántas veces tuve ansiedad y no pude dormir porque tenía un examen al día siguiente? ¿Cuántas me emborraché? ¿Cuántas veces llegué tarde a clase? ¿Y cuántas semanas pasé una tarde tras otra estudiando hasta la noche en la universidad?

    ¿Cuántas veces me sentí invencible? ¿Cuántas veces me sentí miserable? ¿Cuántas tuve sexo?

    ¿Cuántos kilómetros conduje? ¿Cuántos caminé? ¿Cuántas canciones bailé?

    ¿Cuántas veces dudé?

    ¿Cuántas veces fui feliz?

    Un montón.

    Uno no cree que va a llegar al final, pero llega.

    Quiero que sea perfecto pero a la vez que sea espontáneo. O quizá quiero que sea perfecto y para eso tiene que ser espontáneo. O tal vez... ahora sé que sólo quiero que sea espontáneo y así es como resulta perfecto.

    Me ahogo. Me emociona. Me asusta. Me desconcierta, me desorienta. Me provoca llorar, detener el mundo, parar.

    Viajar. A donde sea, pero viajar. Sentir el sol en la piel, correr en un lugar desconocido, comer algo diferente, dejar un libro salpicado de mar, respirar un aire que no es el mío... vibrar. Parar un poco de hacer lo que he hecho durante toda mi vida, aunque sea sólo un ratito.

    Y devolverle al universo un poquito de todo el amor que me da.

  3. #Depressed

    jueves, 2 de mayo de 2019

    Depresión.

    D e p r e s i ó n . 

    Depression.

    D e p r e s s e d .

    Quiero empezar diciendo algo importante: esto no es una promoción de las conductas autolesivas y, si estás considerando hacerlo por primera vez, sugiero que busques ayuda (aunque sea la de algún amigo o familiar de confianza, aunque sientas temor de que piense que quieres llamar la atención, aunque tengas que mostrarle todo el contenido virtual que te invita a querer hacer parte de la "comunidad" de gente que se autolesiona o que te lo vende como una salida). Lo único que sé en este momento, lo único que veo con claridad a través de las ganas de llorar y la tristeza y el embotamiento mental... es que si pudiera regresar en el tiempo a la primera vez que me lastimé y evitarlo, lo haría. Definitivamente lo haría.

    A veces pienso que la niña que fui no estaría nada orgullosa de lo que soy hoy, y eso me mata. Porque en el fondo, lo único en lo que he fallado estruendosamente siempre es en cuidarme a mí misma. No intencionalmente, no porque no me quiera, no porque desee llamar la atención o llegar a estadios drásticos y sombríos... simplemente no sé cuidarme. Soy la persona que tenderá siempre a cuidar a los demás, a tratar de hacerlos sentir bien y especiales, a minimizar la gravedad o seriedad de las cosas que pasan alrededor para reducir la incomodidad, el miedo o el dolor de los demás, pero cuando se trata de mí... no sé qué hacer, qué necesito hacer, por dónde empezar. Y al mismo tiempo... siento que tampoco soy buena para ser la que recibe el cuidado. No sé cómo desempeñar bien ningún rol en lo que a mí respecta. Y entonces voy por la vida a trompicones, haciendo lo que puedo por mantener mi salud mental sin decirle a las demás personas porque no sé cómo reaccionaría yo con las reacciones de alguien más. Ya no sé, siendo una mujer adulta, independiente y reservada en cuanto a mi vida... no sé cómo actuaría. 

    Hoy la depresión me nubla absolutamente todo el panorama. Soy consciente de que durante los últimos diez años o algo así he cargado con ella y he continuado a pesar de ella, pero eso no significa que cada vez que me atacó hubiera tenido la ocasión de mejorar mis técnicas para sobrellevarla, para seguir desarrollando mis tareas con ella mirando sobre mi hombro, para respirar aunque la depresión me presionara el pecho. No. Estaba demasiado ocupada sobreviviendo para pensar en los detalles. 

    Ni siquiera puedo creer que la depresión no haya reaparecido en un momento mejor que este. ¿No podía esperar a finales de junio? ¿A julio? ¿No podía volver con toda su fuerza después?

    No. Tenía que ser ahora y hacerme preguntar si el problema es que soy perezosa y no que estoy deprimida, si hay algo mal conmigo o si es circunstancial. Y me lo pregunto aunque todas mis redes sociales están inactivas y no hay chance de que pierda el tiempo en ellas, aunque toda la semana tuve pesadillas horribles y dormí más de once horas cada día, aunque a veces ni siquiera me sienta yo misma, aunque sea evidente que no estoy bien.

    Hoy la única estrategia que se me ocurre es lastimarme porque ninguna de las otras funcionó para ganar esta batalla silenciosa... porque la lógica me indica que entre más rápido toque fondo, más rápido vuelvo a salir de ahí. Pero a la vez no, porque no quiero ser esa persona, la frágil, la rota. No más. 


  4. SPD stands for skin picking disorder

    miércoles, 1 de mayo de 2019

    Justo ahora atravieso un momento tan extraño de mi vida que no sé ni por dónde empezar. Como seres humanos, hay un montón de cosas que pueden o no sucedernos, y ambas cosas son, a veces, un acontecimiento. Excepto que hay personas, como yo, que parecen tomarse (casi) todo siempre bien, que actúan como si no les afectara nada... personas, como yo, que no procesan los acontecimientos en debida forma porque no se lo permiten. 

    Una de mis amigas es psicóloga y siempre me habla de la evitación: cada vez que yo decidía no rendir un examen o no hacer algo (cualquier cosa), ella me decía "estás evitando", y yo siempre me molestaba mucho porque... ¿yo? ¿Evitar? Jamás. Excepto que sí, lo hago como loca. Evito todo lo que podría generarme malestar, y si por alguna razón siento malestar en alguna situación, también evito procesarlo. Siempre hay mil formas. Ahora, en un buen momento en el que, sin embargo, todo es incierto... evito esa sensación tan horrible que me produce no tener la certeza de qué hacer, cómo hacerlo o cuándo hacerlo, de no tener un plan. Es decir, soy una persona descomplicada, pero ¿no es muy, muy rico tener un plan de acción siempre? Pero eso no sucede, uno nunca puede planearlo todo milimétricamente porque hay cosas que se escapan de nuestro control, y aquí viene la más estúpida paradoja: a veces me cuesta hacer un plan porque ¿qué pasa si no estoy considerando todas esas variables que no dependen de mí aunque sea para tenerlas en mi campo de visión? ¡Igual las necesito! ¡Necesito saber qué no puedo controlar! ¡No puedo avanzar si no lo sé todo! Y cuando no lo sé todo, cuando estoy agobiada por la incertidumbre, cuando no sé qué hacer o qué omitir o hacia dónde caminar o en qué lugar quedarme quieta... los desórdenes alimenticios regresan.

    Dejemos una cosa clara: no sentirme bien con mi cuerpo es una cosa que viene de toda la vida. No recuerdo un sólo momento en el que no haya habido nada que me disgustara. Pero en el presente, después de una decantación seria y de una autoterapia importante, queda poco. Y, sin embargo, la diferencia entre "queda poco" y "no queda nada" es más grande de lo que parece. Ahí se ancla mi evitación adulta, en lo que no me gusta de mí, aunque no sea mucho. Porque quizá si me concentro en lo que he comido o dejado de comer, no pienso tanto en lo que estoy haciendo o en el camino que estoy recorriendo. Porque de pronto nada es tan serio si mi meta principal es aplanar el abdomen (cómo aplanar mi abdomen sin tener que bajar de peso porque siempre pierdo peso primero en el culo y eso no me gusta, Google voy a tener suerte), no ponerle azúcar a ninguna bebida, comer/no comer/comer más de esto o menos de aquello. Porque no necesito un plan si tengo este. Porque quizá me salgo un poco de mí si me enfoco más en... mí. 

    Los desórdenes tienen un aura hechicera que los adorna y los embellece en mi mente, aunque la razón me recuerda que son monstruos que me dejan atontada, con la piel sin vida y un aliento horrible. La palabra 'anorexia' me recuerda cosas feas, tristes, veladas amargas viendo a los demás comer o intentar vestir mi cuerpo de forma sexy aunque mis huesos no tuvieran un gramo de sensualidad... pero también parece seductora a veces. Seduce porque es poderosa, grande, porque ocupa tanto mi mente aunque sea durante los minutos en que pienso en ella, que todo lo demás desaparece. Porque soluciona mis problemas al ser la más grande patrocinadora de... evitación. La anorexia (aunque hoy me jure que sólo es un recuerdo, aunque no deje de comer pese a evocarla e invocarla con frecuencia) es una forma de esconder las demás cosas bajo la alfombra aunque sea por un momento, es saber qué tengo que hacer, cuándo debo hacerlo y de qué manera, es tener un plan, seguirlo, alcanzar una meta, tener marcado el camino. Es una excusa para no sentir lo demás, para no pensar en lo que pasa alrededor, para no comprometerse con nada. La anorexia arrebata vida, resta vitalidad, impide salir de casa, diezma los momentos de felicidad, me hace conflictiva y antipática... pero me distrae de lo demás. Entre calcular cuánto peso y cuántas calorías más puedo comer en el día, entre idear estrategias para que los demás no sepan qué pasa por mi cabeza, no queda espacio para nada más. La vida se convierte en eso que pasa mientras hago una dieta exagerada.

    Excepto que ya no lo hago. Hace años no. Esa ya no soy yo. Entonces digo "no, no puedo recaer" mientras escribo esto y suelto un putazo porque me arruinó una uña la antiquísima pero (ahora) más grave adquisición en mi lista de obsesiones y compulsiones: eso que llaman skin picking disorder. Fuck me.