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  1. La vida no sigue

    viernes, 2 de agosto de 2024

     Terminé el post pasado, hace más de dos años, diciendo “la vida sigue”, en una afirmación conclusiva y contundente que hoy me da un poco de risa. Sarcástica, pero risa.

    La vida no sigue porque a la mejor amiga de mi hermanita la mató el que era su novio. No sigue porque una niña de diecinueve años murió trágicamente y dejó a su familia destrozada y a un montón de personas alrededor heridas y lastimadas.

    Y definitivamente no sigue igual cuando tengo el corazón lleno de rabia y una sensación desoladora de que ninguna cantidad de “justicia” hará que lo que pasó sea justo, que se corrija, que algo esté bien.

    Perdí la fe. Perdí la fe como nunca. Desde el domingo he pasado por todas las emociones, he llorado mares cuando no estoy en casa, he querido devolver el tiempo mil veces y tratar de hacer algo diferente. Pero nada puede ser diferente ya.

    Al principio no dejaba de pensar en mí, en mi hermana, en la hermana de mi novio, en mis amigas, en todas las que hemos sufrido en el seno de esta sociedad machista, en  las que hemos sido manipuladas o violentadas de muchas maneras, en todas las que son una estadística porque ya no pueden contar la historia. Luego sólo pensaba en ella, jovencita, sana, risueña. Y entonces únicamente quedó  la rabia. La rabia profunda e infinita que me perfora el alma y me despierta las cosas más horribles que he pensado y sentido jamás. La rabia que radicaliza todas mis convicciones y termina de anclar esa desconfianza que siento desde la edad que tenía ella, la que nunca dejará de tener.

    Tengo el corazón absolutamente roto. No encuentro los pedazos.

    Quisiera poner a todas las niñas y jóvenes del mundo en Barbieland y cuidar que siempre estuvieran bien.

    El mundo es una absoluta mierda y yo no entiendo cómo es que la vida sigue ni por qué ni de qué manera va a seguir.

    La vida no sigue.