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  1. Not in the mood right now.

    miércoles, 12 de junio de 2013

    Desperté temprano, comí algo, me duché y salí con una hora de antelación que –dada mi falta de experiencia yendo hacia el lugar donde tengo clase– no fue suficiente, me enfadé, me fastidié, tomé un taxi y llegué. Siempre tuve en mente no idealizar la situación, ni esperar absolutamente nada. Somos 8 personas, el profesor habla todo el tiempo en francés y, aunque no entiendo un carajo la mitad del tiempo, me gusta hacer algo productivo. Me molestó un poco que tocase el tema de las calificaciones –50% actividades en clase, 50% examen final–, y no supe por qué hasta que caí en cuenta de que quizá es lo que viene sucediéndome en la universidad: me siento presionada al saber que seré evaluada, y tiendo a predisponerme negativamente sin siquiera haber empezado. 
    Por lo demás, todo estuvo bien. Me hice un lío al regresar a casa, tomé el bus equivocado, etcétera, pero regresé a buena hora. En cualquier caso, llegué algo cansada y más o menos muy deprimida. No sé qué sucede conmigo: llevo algunos días queriendo dormir eternamente, llorando cada que estoy sola… ayer me lastimé de nuevo. Agresivo, excesivo, todo sin sentido. Hoy me atiborré y vomité hasta que el ardor en la garganta no me permitió continuar. ¿Qué mierda está pasando conmigo? ¿Por qué, justo ahora? Intento sentirme mejor, subirme el ánimo, arreglarme –normalmente la señal de alarma cuando toco fondo es mi negativa a siquiera lavarme el cabello–, reír, lo que sea, pero nada funciona. Ayer, después –casi en medio, pero vale– del arrebato, hablé con un amigo y quedamos de vernos hoy… pero la verdad es que lo dejé cuando lo llamé al medio día para preguntarle qué estaba haciendo y no volví a hablarle en toda la tarde porque en cierto momento perdí las ganas de hablar. Es claro que no estoy bien, pero ya no sé a quién acudir y, para ser honesta, no sé si a estas alturas alguien quiera siquiera ayudarme. Además, ¿'ayudarme' a qué? Estoy confundida y literalmente me pitan los oídos. Esta semana se ha ganado el premio a la semana más dramática y autodestructiva del 2013. 



    Quería leer antes de ir a la cama, pero no sé si me dará tiempo. 

    Y quién sabe qué diantres se me ocurrirá mañana.

  2. Am I losing it?

    martes, 11 de junio de 2013

    “Why do I keep hitting myself with a hammer? Because it feels so good when I stop.”


    Miraba el reloj cada cuatro minutos, calculando el tiempo que me quedaba para la hora a la que debía salir de casa, intentando saber si conseguiría estudiar todo lo que me hacía falta antes de llegar al examen. Me rendí a las ocho de la mañana.

    Supongo que dejé el listón muy arriba en los primeros exámenes, por lo que ahora me frustra pasar, por ejemplo, de un 4,6 a un 3,7. Es una ridiculez porque de cualquier forma tengo casi aprobadas las materias, lo sé, pero no es suficiente. A pesar de que durante los primeros dos meses me salté algunas clases –no fueron muchas–, para esos exámenes sentí que haberlo hecho había repercutido en mis notas buenas pero no excelentes, así que el resto del semestre intenté no faltar a menos que fuera realmente necesario, y lo conseguí. No sé qué pasó ahora. Estaba nerviosa, quizá, un poco pasiva… no sé, pero mis notas bajaron un poco y me sentí muy molesta. La única razón por la que me, digamos, recuperé, fue porque aún quedaban –quedan– exámenes, y no iba a permitir que mi estado de ánimo y mis ganas de cualquier cosa tuviesen incidencia en mi desempeño. Tal vez sucede que trabajo mejor bajo presión, y esta sensación de que estoy en vacaciones teniendo que estudiar me confunde un poco, como si mi cuerpo asimilara que estar en casa es sinónimo de comer y dormir, pero mi cabeza intentara decirle ‘¡aborten misión, aborten misión! ¡Aún no es momento de descansar!’… como que hay una batalla campal entre las ganas de dormir y la necesidad de estudiar y salvar mis calificaciones.

    En fin. Estoy en casa, es medio día, no me he duchado y estoy tomando un pequeño receso de los apuntes y las lecturas de economía porque, aunque ya no presentaré el examen hoy, de todas maneras tengo que estudiar y, en resumidas cuentas, ser economista para el día en que tengo que presentarlo. Me jode un poco porque hay que pagar, pero es el precio de mi pereza y mi ‘todavía hay tiempo’ y, asumo, esto no se repetirá de nuevo. Los últimos exámenes son el fin de semana, y dudo que mi sentido común me permita arriesgarme y acabar así otra vez. El jueves vi Rápido y furioso 6, y del viernes al lunes todo fue un relajo total, así que pensé que con estudiar desde la noche anterior tendría... y no.

    El viernes me inscribí en un curso intensivo de francés. Tengo clase todos los días de 11 a 1 durante un mes, es decir todas las vacaciones, lo que me permitirá no bajar el ritmo, no sentir que desperdicié el tiempo al final y, vamos, dejar la cabeza en otra parte. O eso espero, no sé, en realidad nunca he hecho nada semejante en mi tiempo ‘libre’, así que sólo estoy especulando acerca de cómo funciona. Sobre todo porque nunca se sabe, ¿no? Es muy difícil saber si en determinada situación voy a reaccionar de una u otra manera, así que lo mencionaré luego.


    He vuelto a comer tantos alimentos azucarados como puedo –de preferencia a escondidas y con ganas de vomitarlo, como si no fuera ya algo malo–, pero supongo que es sólo porque me siento un poquito sobrecargada. Tengo que intentar sacarlo de alguna manera y dejarlo estar, pero no se me ocurre cómo conseguir cuidarme de verdad.

    No ha sido un buen día, pero espero que mañana cambie. Y el resto de la semana. Y el mes. Y el año. Y la vida. A veces tengo la sensación de que cada cosa que hago es tan nimia, tan irrelevante, que al fin y al cabo todos los verbos que conjugo en carne propia tienen como propósito pasar el tiempo, esperar haciendo algo, ver qué pasa, cuándo acaba esto. Esa percepción suele ir de la mano del vacío existencial, ese que se cierne sobre tantos aspectos de mi rutina paulatinamente, sin que yo pueda presentirlo siquiera. Eso también me cansa. Entre intentar no hacerme daño, lidiar con el vacío existencial y convencerme de que no está mal no ser perfecta en todo, mi capacidad de aguante emocional queda al límite, como esperando que algún otro suceso reviente la burbujita de presión, ojalá con una cuchilla. Qué simbólico se me antoja ahora cada corte, como si guardara bajo la piel todas esas cosas que me hacen sentir siempre insuficiente y tuviese que abrirles una salida de emergencia que finalmente ilumina el camino con su luz roja.


    Con lo jodido que es que no me salga a volar la fe.


  3. Hey.

    jueves, 6 de junio de 2013

    “I feel older, but not very wise.” 

    Lo de siempre: nunca hay tiempo. Y no hay tiempo, no porque la pase estudiando o haciendo cosas productivas, sino porque en realidad no tuve un momento en el que hubiese querido escribir algo. No hubo un momento en el que necesitara pasar por aquí. En fin.

    Me encuentro físicamente mejor. Estuve en el médico el 20 de mayo, así que me pesó. 46 kgs. Uno menos que dos o tres semanas antes de eso, dos menos que hace dos meses… y no me gusta bajar de peso si no lo hago a propósito porque siento que se me descontrola todo, y se nota: desapareció mi lindo trasero y mi esternón vuelve a ser huesudo. Tuve un retraso de unas dos semanas, pero supongo que se debía a eso y que debí haber aumentado de peso lo suficiente como para que la regla volviera. O no, no sé. He disminuido la cantidad de azúcar que ingiero porque, aunque jamás se me ocurrió –de hecho, pensaba justo lo contrario–, resulta que era el exceso de azúcar lo que hacía que tuviera sueño y cansancio constantemente, e intento no dormir más de lo necesario, pero, por lo demás, procuro no saltarme ninguna comida y evitar ese placer a medias de tener hambre. 

    Pero no es eso por lo que necesité venir. Siendo honesta, me he sentido bien estos días. Es decir, estoy en medio de los exámenes semestrales e intento conservar la estabilidad, pero sé que voy a quebrarme. La semana pasada me lastimé de nuevo. Ya lo había hecho el mes pasado, pero no lo mencioné porque fue sólo un corte y no me pareció relevante. No obstante, hace unos días sólo no pude evitarlo, y me lastimé el antebrazo, el brazo y las piernas, en la parte superior de los muslos, donde ya lo había hecho varias veces. Tal vez algunas desaparezcan, pero hay un en particular que no será fácil ocultar, porque se nota cuánto tardó en cerrar y cuán profunda fue. En determinado momento de la semana me preocupé porque pensé que se había infectado –lo que nunca me ha sucedido–, pero al final todo estuvo bien y la herida sanó. Ahora sólo me escuece ocasionalmente. Eso en términos físicos. El resto es otra cosa: me siento muy culpable, y no sé por qué me siento aún peor cuando pienso en que no se lo dije a nadie. Soy consciente de que lo último que quiero es que las personas cercanas a mí lo interpreten como que estoy desesperada y hundida, porque no es cierto en absoluto, pero supongo que de vez en cuando hace falta comentar estas cosas con alguien. Aunque, claro, tampoco puedo hacerlo con tranquilidad porque ya he hablado mucho, en los últimos años, de desórdenes y heridas. Creo que ya hablé por toda la vida, y no es algo de lo que nadie se sienta cómodo hablando. Eso me trae aquí: en últimas, quien lea esto va a limitarse a permanecer en silencio si así le apetece, o a dejar de leerlo en cuanto se harte, contrario a lo que sucede cuando se sostiene una conversación con alguien que siente que debe decirte algo, o que piensa ‘¿otra vez? Dios, ¿nunca se cansa? ¿Por qué no deja de cortarse y ya está?’. Puse el marcador en cero por enésima vez en la historia, y algo me dice que esto jamás se irá, pero intento dominarlo en vez de que sea al contrario. Debería tirar mis cuchillas a la basura –compré unas nuevas hace algunos meses–, pero no me siento lista para ello. No es que necesite hacerme un poco más de daño, sino que deshacerme de ellas va a suponer que, en medio del siguiente arrebato, sea más llamativo tener que salir a comprarlas y rendirme a la sangre si tengo que esforzarme, que si sé que sólo necesito cerrar la puerta del baño.