-
Old habits die hard
martes, 15 de octubre de 2019
Es tarde, es hora de dormir. Es martes, casi miércoles. Desperté muy temprano para ir a trabajar, volví temprano a casa. Pasaron muchas cosas entre una cosa y otra, pero la más constante fue esta sensación que me da miedo, este no gustarme mi cuerpo, estas ganas de cambiarlo todo, de cambiar de piel, de intercambiar estos huesos con algunos más bellos. Y no entiendo, no entiendo porque hace un par de meses creí que no quedaba nada de ese malestar, que todo había quedado atrás. Para recordármelo me tatué la sensación de bienestar, de belleza, de plenitud, y me ha servido todo el tiempo, pero hoy no. Esta noche no. El escozor de estar dentro de mi cuerpo me supera y no quiero estar en él.Ya no es sólo la comida, no es no comer, comer mucho, comer menos o comer más de aquello. Es todo. No quiero ser yo. Todo me parece tan lejano y a la vez me extraña tanto sentirme así.Esto no ha empezado y ya estoy cansada.Publicado por Bittersweet Vermillion en 21:34 | 1 comentarios |
-
I'm officially a lawyer!
martes, 6 de agosto de 2019
Quisiera tener palabras para contar con detalle todo lo que ha pasado en mi vida desde la última entrada, pero no estoy segura de tenerlas, y sin embargo quiero contarlo todo.
El 13 de junio de 2019 me gradué como abogada después de cumplir con todos los requisitos exigidos por mi universidad: aprobar los cinco años de materias, hacer un año de judicatura en el que aprendí muchísimo y que me encantó, y aprobar los cinco exámenes preparatorios necesarios. Este último requisito fue el que más me costó, porque se trató de agrupar literalmente toda mi carrera en cinco exámenes orales, pero lo logré, aprendiendo mucho sobre mí misma y recordando cosas que quizá tenía ya olvidadas, siempre contando con un apoyo inmenso.El 13 de junio me puse un vestido azul oscuro que mandé a hacer a mi medida, corto y de manga 3/4 de encaje, unos tacones dorados puntudos de color dorado que amé, y pasé a recibir mi diploma en la tarima del mismo auditorio de sillas azules en el que mi universidad le dio la bienvenida a la niña asustada y dubitativa que era yo en el 2013. Caminé hacia mi destino, le di la mano al rector y recogí mi cartón, sintiéndome hermosa y poderosa, llevando detrás de mí todas las inquietudes, las lágrimas, todas las plegarias que elevé, los nervios tras cinco años de exámenes, las muchas celebraciones cuando acabé materias en el 2017, las noches de agotamiento supremo del 2018 cuando salía a las 5 p.m. de trabajar y estudiaba para los preparatorios hasta las 9.30 p.m., lo mucho que cambió mi vida del 2013 al 2019. El trabajo no fue fácil, muchas veces pensé que no lo lograría, a veces sentí que estaba demasiado lejos el momento en que viera mi nombre sobre la palabra 'Abogada', pero pasó. El día de mi grado fue el momento más feliz de mi vida. No puedo explicarles lo que sentí, pero cuando volví a mi asiento estaba temblando, no sabía dónde meterme, no sabía a quién abrazar o si era apropiado gritar.Para entonces estaba trabajando en una firma de abogados, mi contrato acabó una semana después del grado y ese mismo día viajé a Cartagena a despejarme porque, aunque ese día fui la mujer más feliz de toda la tierra, el día siguiente no fue el mejor y me dejó bastante triste y con necesidad de alejarme de mi rutina y mi vida habitual. Y ¿saben qué? No pude haber tomado una mejor decisión. De nuevo, entre sol y mar aprendí cosas sobre mí, reflexioné, aclaré mis ideas, me divertí, no gasté un sólo peso en nada que no fueran experiencias (y comida), y sin embargo... ¡qué feliz fui! Ah, y me hice un tatuaje, el primero, en un lugar visible pero no tanto, que me sirviera de recordatorio de lo maravilloso que fue todo, de lo que sentí, y de que por fin, por primera vez en la historia de mi vida, me sentí bien con mi cuerpo, me sentí bella, radiante, increíble. Y como podrán ver, no es el cuerpo de una Kardashian, no es el cuerpo de una mujer dedicada al gimnasio porque ya no tengo el mismo tiempo, pero es mi cuerpo. Y me encanta.Regresé a Bogotá, después de haberme ido con mucha incertidumbre y una nube de dudas encima, con la certeza de que no tenía idea de lo que iba a pasar, pero la vida me iría llevando a donde fuera necesario.Así fue, y así es como me encuentro ahora, con muchísimo miedo pero también con ganas. Aprendiendo, viviendo el día a día, entregando mi vida a algo más grande que yo para que determine qué hacer con todo, conmigo, a dónde llevarme.Espero que todo por aquí ande bien. ¡Les dejo un abrazo enorme!Publicado por Bittersweet Vermillion en 17:50 | 1 comentarios |
-
Relapsing is like falling from a skyscrapper,
miércoles, 22 de mayo de 2019
My body ends up numb and my soul is nothing but a big bruise.Todo estaba bien, yo estaba bien. Y de pronto algo me recordó que estoy gorda, me hizo sentirme fea, me plantó soluciones extremas o incluso técnicas patéticas que me ayuden a lidiar temporalmente con este desastre. Mi lado racional no quiere seguir jugando con mi salud, sintiéndose así. El otro sólo quiere el abdomen plano, la perfección, no quedarse atrás."Sometimes I miss being sick; The grimiest part of me wishes I had stayed in that familiar city of gray and mental illness and whatever the opposite of healing is. Where there was nothing to laugh about, but plenty to write about. I've considered myself to be recovered from my eating disorder for three years, but I still write about it in present tense. I also still keep all of my ex's in my contact list. And for once, I don't want to write about this. For the first time I am embarassed, instead of proud of all of the mad things I've done for happiness. When a friend at dinner makes a casual comment on calories, the scoreboard in my head illuminates with numbers again. Once, I cut a ribbon the size I wanted to be and wore it around my waist like a bracelet. Bathroom scales make me feel nostalgic, like a scrapbook I flip through, snapshots of my sickness, the suppers of tobacco smoke and red lipstick, how I used to pack my lunchbox with floss and teeth-whitening strips. Last night, I painted my nails when I was hungry; I can't eat until the polish is dry. I don't want to go into more detail because what if you mistake this poem for an instruction manual? I don't know how to talk about the rabbit hole without accidentally inviting you to follow me down it. When recovery is not all yoga mats and tea and avocados, it is work... It is reminding myself that sucking on ice cubes does not count as dinner. Body, forgive me. It is not healthy to drink so much water that your body becomes a bathtub, your organs floating like loofahs. Body, forgive me. Trying to ignore the caloric calculator in my head is like trying to ignore television subtitles and sometimes I just can't, body, forgive me. Recovery is hard work. Not wanting to die is hard work. Every time you asked if I was full I heard you say "fat" but I am trying so hard not to do that. But I cannot unmemorize the calories of a peppermint. Wanting to die is not the same as wanting to come home, and I am still trying to remember that."Publicado por Bittersweet Vermillion en 22:40 | 1 comentarios |
-
Dry wood
domingo, 12 de mayo de 2019
La vida pasa de una forma que de repente me parece demasiado rápida.¿Dónde he estado estos seis años y medio? ¿Qué he hecho? ¿De qué tanto me acuerdo?¿Cuántas veces morí de risa? ¿Cuántas lloré? ¿Cuántas veces tuve ansiedad y no pude dormir porque tenía un examen al día siguiente? ¿Cuántas me emborraché? ¿Cuántas veces llegué tarde a clase? ¿Y cuántas semanas pasé una tarde tras otra estudiando hasta la noche en la universidad?¿Cuántas veces me sentí invencible? ¿Cuántas veces me sentí miserable? ¿Cuántas tuve sexo?¿Cuántos kilómetros conduje? ¿Cuántos caminé? ¿Cuántas canciones bailé?¿Cuántas veces dudé?¿Cuántas veces fui feliz?Un montón.Uno no cree que va a llegar al final, pero llega.Quiero que sea perfecto pero a la vez que sea espontáneo. O quizá quiero que sea perfecto y para eso tiene que ser espontáneo. O tal vez... ahora sé que sólo quiero que sea espontáneo y así es como resulta perfecto.Me ahogo. Me emociona. Me asusta. Me desconcierta, me desorienta. Me provoca llorar, detener el mundo, parar.Viajar. A donde sea, pero viajar. Sentir el sol en la piel, correr en un lugar desconocido, comer algo diferente, dejar un libro salpicado de mar, respirar un aire que no es el mío... vibrar. Parar un poco de hacer lo que he hecho durante toda mi vida, aunque sea sólo un ratito.Y devolverle al universo un poquito de todo el amor que me da.Publicado por Bittersweet Vermillion en 23:23 | 1 comentarios |
-
#Depressed
jueves, 2 de mayo de 2019
Depresión.D e p r e s i ó n .Depression.D e p r e s s e d .Quiero empezar diciendo algo importante: esto no es una promoción de las conductas autolesivas y, si estás considerando hacerlo por primera vez, sugiero que busques ayuda (aunque sea la de algún amigo o familiar de confianza, aunque sientas temor de que piense que quieres llamar la atención, aunque tengas que mostrarle todo el contenido virtual que te invita a querer hacer parte de la "comunidad" de gente que se autolesiona o que te lo vende como una salida). Lo único que sé en este momento, lo único que veo con claridad a través de las ganas de llorar y la tristeza y el embotamiento mental... es que si pudiera regresar en el tiempo a la primera vez que me lastimé y evitarlo, lo haría. Definitivamente lo haría.A veces pienso que la niña que fui no estaría nada orgullosa de lo que soy hoy, y eso me mata. Porque en el fondo, lo único en lo que he fallado estruendosamente siempre es en cuidarme a mí misma. No intencionalmente, no porque no me quiera, no porque desee llamar la atención o llegar a estadios drásticos y sombríos... simplemente no sé cuidarme. Soy la persona que tenderá siempre a cuidar a los demás, a tratar de hacerlos sentir bien y especiales, a minimizar la gravedad o seriedad de las cosas que pasan alrededor para reducir la incomodidad, el miedo o el dolor de los demás, pero cuando se trata de mí... no sé qué hacer, qué necesito hacer, por dónde empezar. Y al mismo tiempo... siento que tampoco soy buena para ser la que recibe el cuidado. No sé cómo desempeñar bien ningún rol en lo que a mí respecta. Y entonces voy por la vida a trompicones, haciendo lo que puedo por mantener mi salud mental sin decirle a las demás personas porque no sé cómo reaccionaría yo con las reacciones de alguien más. Ya no sé, siendo una mujer adulta, independiente y reservada en cuanto a mi vida... no sé cómo actuaría.Hoy la depresión me nubla absolutamente todo el panorama. Soy consciente de que durante los últimos diez años o algo así he cargado con ella y he continuado a pesar de ella, pero eso no significa que cada vez que me atacó hubiera tenido la ocasión de mejorar mis técnicas para sobrellevarla, para seguir desarrollando mis tareas con ella mirando sobre mi hombro, para respirar aunque la depresión me presionara el pecho. No. Estaba demasiado ocupada sobreviviendo para pensar en los detalles.Ni siquiera puedo creer que la depresión no haya reaparecido en un momento mejor que este. ¿No podía esperar a finales de junio? ¿A julio? ¿No podía volver con toda su fuerza después?No. Tenía que ser ahora y hacerme preguntar si el problema es que soy perezosa y no que estoy deprimida, si hay algo mal conmigo o si es circunstancial. Y me lo pregunto aunque todas mis redes sociales están inactivas y no hay chance de que pierda el tiempo en ellas, aunque toda la semana tuve pesadillas horribles y dormí más de once horas cada día, aunque a veces ni siquiera me sienta yo misma, aunque sea evidente que no estoy bien.Hoy la única estrategia que se me ocurre es lastimarme porque ninguna de las otras funcionó para ganar esta batalla silenciosa... porque la lógica me indica que entre más rápido toque fondo, más rápido vuelvo a salir de ahí. Pero a la vez no, porque no quiero ser esa persona, la frágil, la rota. No más.Publicado por Bittersweet Vermillion en 19:47 | 3 comentarios |
-
SPD stands for skin picking disorder
miércoles, 1 de mayo de 2019
Justo ahora atravieso un momento tan extraño de mi vida que no sé ni por dónde empezar. Como seres humanos, hay un montón de cosas que pueden o no sucedernos, y ambas cosas son, a veces, un acontecimiento. Excepto que hay personas, como yo, que parecen tomarse (casi) todo siempre bien, que actúan como si no les afectara nada... personas, como yo, que no procesan los acontecimientos en debida forma porque no se lo permiten.Una de mis amigas es psicóloga y siempre me habla de la evitación: cada vez que yo decidía no rendir un examen o no hacer algo (cualquier cosa), ella me decía "estás evitando", y yo siempre me molestaba mucho porque... ¿yo? ¿Evitar? Jamás. Excepto que sí, lo hago como loca. Evito todo lo que podría generarme malestar, y si por alguna razón siento malestar en alguna situación, también evito procesarlo. Siempre hay mil formas. Ahora, en un buen momento en el que, sin embargo, todo es incierto... evito esa sensación tan horrible que me produce no tener la certeza de qué hacer, cómo hacerlo o cuándo hacerlo, de no tener un plan. Es decir, soy una persona descomplicada, pero ¿no es muy, muy rico tener un plan de acción siempre? Pero eso no sucede, uno nunca puede planearlo todo milimétricamente porque hay cosas que se escapan de nuestro control, y aquí viene la más estúpida paradoja: a veces me cuesta hacer un plan porque ¿qué pasa si no estoy considerando todas esas variables que no dependen de mí aunque sea para tenerlas en mi campo de visión? ¡Igual las necesito! ¡Necesito saber qué no puedo controlar! ¡No puedo avanzar si no lo sé todo! Y cuando no lo sé todo, cuando estoy agobiada por la incertidumbre, cuando no sé qué hacer o qué omitir o hacia dónde caminar o en qué lugar quedarme quieta... los desórdenes alimenticios regresan.Dejemos una cosa clara: no sentirme bien con mi cuerpo es una cosa que viene de toda la vida. No recuerdo un sólo momento en el que no haya habido nada que me disgustara. Pero en el presente, después de una decantación seria y de una autoterapia importante, queda poco. Y, sin embargo, la diferencia entre "queda poco" y "no queda nada" es más grande de lo que parece. Ahí se ancla mi evitación adulta, en lo que no me gusta de mí, aunque no sea mucho. Porque quizá si me concentro en lo que he comido o dejado de comer, no pienso tanto en lo que estoy haciendo o en el camino que estoy recorriendo. Porque de pronto nada es tan serio si mi meta principal es aplanar el abdomen (cómo aplanar mi abdomen sin tener que bajar de peso porque siempre pierdo peso primero en el culo y eso no me gusta, Google voy a tener suerte), no ponerle azúcar a ninguna bebida, comer/no comer/comer más de esto o menos de aquello. Porque no necesito un plan si tengo este. Porque quizá me salgo un poco de mí si me enfoco más en... mí.Los desórdenes tienen un aura hechicera que los adorna y los embellece en mi mente, aunque la razón me recuerda que son monstruos que me dejan atontada, con la piel sin vida y un aliento horrible. La palabra 'anorexia' me recuerda cosas feas, tristes, veladas amargas viendo a los demás comer o intentar vestir mi cuerpo de forma sexy aunque mis huesos no tuvieran un gramo de sensualidad... pero también parece seductora a veces. Seduce porque es poderosa, grande, porque ocupa tanto mi mente aunque sea durante los minutos en que pienso en ella, que todo lo demás desaparece. Porque soluciona mis problemas al ser la más grande patrocinadora de... evitación. La anorexia (aunque hoy me jure que sólo es un recuerdo, aunque no deje de comer pese a evocarla e invocarla con frecuencia) es una forma de esconder las demás cosas bajo la alfombra aunque sea por un momento, es saber qué tengo que hacer, cuándo debo hacerlo y de qué manera, es tener un plan, seguirlo, alcanzar una meta, tener marcado el camino. Es una excusa para no sentir lo demás, para no pensar en lo que pasa alrededor, para no comprometerse con nada. La anorexia arrebata vida, resta vitalidad, impide salir de casa, diezma los momentos de felicidad, me hace conflictiva y antipática... pero me distrae de lo demás. Entre calcular cuánto peso y cuántas calorías más puedo comer en el día, entre idear estrategias para que los demás no sepan qué pasa por mi cabeza, no queda espacio para nada más. La vida se convierte en eso que pasa mientras hago una dieta exagerada.Excepto que ya no lo hago. Hace años no. Esa ya no soy yo. Entonces digo "no, no puedo recaer" mientras escribo esto y suelto un putazo porque me arruinó una uña la antiquísima pero (ahora) más grave adquisición en mi lista de obsesiones y compulsiones: eso que llaman skin picking disorder. Fuck me.Publicado por Bittersweet Vermillion en 21:20 | 0 comentarios |
-
Ink
jueves, 18 de abril de 2019
Es miércoles en la noche y llego a minuevacasa muy tarde y tan cansada que podría dormirme en cualquier momento. Sin embargo, una pregunta me da vueltas y vueltas en la cabeza: ¿quiero o no quiero dejar de ver definitivamente algunas de mis cicatrices?Mi cuerpo está lleno de cicatrices originadas en mi tendencia al cutting, unas tan antiguas que ahora son líneas blancas que sólo ves si la luz me da de cierta manera o si sabes que hay algo que ver ahí, y otras tan recientes que aún son rojas y llamativas. Algunas a lo largo de todo mi brazo izquierdo, otras en la espalda, otras en las caderas y la parte superior de mis muslos, otras en el estómago e incluso alguna que otra en una rodilla. Varias fueron superficiales, otras sangraron tanto que temí que no pararan nunca. Y sí, es lo que ha dejado "mi tendencia al cutting", como todavía le llamo tras una década autolesionándome y sabiendo perfectamente que no es ninguna tendencia sino algo que hago porque (por fin lo entendí) el mejor castigo es el que me autoinflinjo yo misma (y bueno, por esa excusa biológica de que cortarse libera endorfinas).No voy a mentir: hacerme daño jamás me pareció un problema en el momento en que lo hacía porque jamás se me complicó ninguna herida, ni siquiera esas que me hicieron dudar si ir a que me las cosieran en alguna clínica. Después ya era otra cosa, pero era la mejor ocultándolas. Sólo ahora, que tengo una vida ciertamente distinta de la que era hace algunos años, que no tengo que dar explicaciones de cada cosa que hago o cada paso que doy, que no me importa mucho lo que la gente pueda pensar, siento la necesidad y también ganas de desviar la atención de mis cicatrices y de tatuarme algo que me diga, cada vez que lo mire, que no importa qué tan malo sea lo que está sucediendo, nada justifica un nuevo corte porque esa etapa ya terminó y estamos bien.Pero ¿dónde? ¿Sobre qué cicatrices? Yo, que me aburro al día 5 del color de uñas elegido para la semana, ¿lograré no aburrirme de ver siempre un tatuaje? Y lo más importante: ¿estoy dispuesta a que valga la pena, a perder ese que hoy sólo empleo como último recurso, ese pedacito de escape emocional o de aterrizaje turbulento que es autolesionarme, y dejar de hacerlo por siempre?Publicado por Bittersweet Vermillion en 8:18 | 1 comentarios |
-
We don't need poetry if we already feel too much
martes, 26 de febrero de 2019
Quizá la razón por la que nunca me gustó la poesía es porque está llena de tristezas, añoranzas y ansiedades... y de eso ya tengo bastante.Uno pensaría que sentir es mejor que estar gélido por dentro y no sentir nada, ¿pero sí?Lo que pasa es que uno sólo es consciente de lo fuerte ha sido cuando puede darse el lujo de dejar de serlo un poco, y ser débil no le gusta a nadie.
Cuando más duele el frío (o cuando uno más se acuerda de él) es cuando el calor llega.Publicado por Bittersweet Vermillion en 21:59 | 0 comentarios |
-
Trojan horse????
miércoles, 30 de enero de 2019
Estoy sentada en mi cama, viendo Bojack Horseman y tomándome un laxante con agua helada, y de repente me acuerdo de este espacio porque... bueno, porque sí, me estoy tomando un laxante y eso siempre me va a recordar el pseudónimo bajo el que escribo.El laxante sabe a m*erda, pero tengo que tomármelo. Es parte de esta nueva vida que llevo, en la que tengo las uñas tan largas que me preguntan si son postizas (they're not), en la que la enfermera que me puso un analgésico hace quince días cuando tuve que ir a urgencias porque llevaba días sin ir al baño me pide insistentemente que por favor le diga si me operé el trasero porque de lo contrario no puede inyectarme (I didn't), en la que intento llevar un equilibrio entre no dejarme arrastrar por el monstruo que me hace querer coquetear con el ayuno y no comer demasiado (porque, como ya he dicho, la verdad es que amo comer).No quiero, sin embargo, sonar mal: eso no ocupa mi cabeza todo el tiempo y en este momento de mi vida, que es algo confuso porque por primera vez me quedé sin trabajo (y todos sabemos que el primer desempleo es más desorientador que la primera experiencia laboral), estoy contenta. Justo ahora tengo tiempo para mí y para cosas para las que antes no lo tenía. Siento que a veces esperamos cosas de la vida que ella misma nos da, pero en un empaque distinto al que pedimos, y hay que saber agradecer. O sea, estoy bien, equilibrada, no lo tengo todo resuelto pero estoy en el camino y voy bien acompañada. Estoy muy bien. Pero mis hábitos alimenticios son (¿algún día dejarán de serlo?) la mancha sobre el mantel.No estoy tomándome un laxante mientras escribo esto (ya voy por la mitad) por las razones por las que lo habría hecho antes. No quiero bajar de peso, quiero, literalmente, poder ir al baño con normalidad. ¿Alguien adivina por qué? Pues sí, bueno, porque maltraté tanto mi cuerpo que ahora necesito seguir una rutina "más saludable" (pero que implica levantarme siempre temprano) para poder ir al baño. Absurdo, ¿no? No. Es natural: de hecho, debo agradecerle a la vida que esa sea la única secuela seria que me dejaron los desórdenes alimenticios. Para no hacer el cuento largo: en el presente debo elegir muy bien mi comida, desde temprano, para que mi abdomen no se infle de repente y me produzca dolores. Normalmente lo logro, estoy cambiando para bien mis hábitos. Entonces... si estoy tan empeñada en estar saludable y hacer frente a las consecuencias nefastas de una enfermedad, ¿por qué a veces siento temor de dejarme llevar al abismo de los trastornos que siento haber dejado atrás?Me explico: una ventaja o desventaja, como se quiera ver, que me ha traído la vida adulta es el autocontrol. Ya no me resulta tan fácil rendirme ante un atracón de cualquier cosa, ya no me como hasta el empaque de los dulces y puedo decir que no comeré sino una porción aunque me muera por dos. Siempre quise llegar a ser esta mujer zen para la alimentación, la que ocasionalmente se permite comer demasiado pero puede perfectamente controlar de manera racional sus porciones, pero... ¿es tan positivo esto? ¿Será infundado ese miedo que tengo a que algo se me salga de las manos y este autocontrol sea un arma usada en mi propia contra? ¿Me estoy autosaboteando yo sola pidiendo menos comida de la habitual, sirviéndome menos cuando cocino yo, evitando ciertos alimentos aunque me gusten muchísimo? ¿Qué debo hacer cuando me descubro haciendo esas cosas? ¿Son necesarias para que no se me hinche el abdomen y me duela imposiblemente el estómago o sólo estoy exagerando y siendo demasiado autoindulgente con mi salud mental a este respecto? ¿Es esta vaina reciente de "comer bien" un caballo de Troya dentro del que vienen las viejas obsesiones?No sé yo, pero algo me dice que ese equilibrio que pienso que encontré no es un equilibrio de verdad, soy yo intentando desesperadamente no irme a ningún extremo, intentando con todas mis fuerzas anclarme simbólicamente al centro entre el ayuno (mentalmente placentero) y la ingesta de comida exagerada (físicamente maravillosa).¡Qué pesadilla! El laxante ya se acabó.Publicado por Bittersweet Vermillion en 22:06 | 0 comentarios |

