He pasado varias unidades significativas de tiempo sin escribir porque, como siempre, requiere más esfuerzo encontrar las palabras necesarias para adjetivar los momentos bonitos que para hilvanar con letras los que no lo son tanto.
En determinado momento del relato te das cuenta de que en realidad a nadie le importa un diantre tu estado físico o mental. Sí, eventualmente sucede, te preguntan qué pasa y si pueden hacer algo al respecto, esperando, claro, que no pidas nada descabellado. La preocupación es genuina en ese punto. Después, en cualquier momento, te piden que te desahogues. Eso es lo más triste, que te lo piden, te piden que hables de lo que te acongoja para darte eso que es tan inservible y tan lo mismo de siempre, esas respuestas genéricas que no surten ningún efecto, así que yo directamente paso de comentarle algo a alguien. Las pocas veces que he dicho que me siento gorda o que no me siento cómoda en mi piel he obtenido bufidos, ojos en blanco o comentarios estúpidos a modo de contestación, y no, no me hicieron sentir mejor en absoluto. Ahora me siento mal, joder, MAL, con mayúsculas y en Verdana. No quiero la atención de nadie, no quiero palmaditas en la espalda, no quiero abrazos que no significan nada: quiero ser suficiente. Es algo tedioso de explicar y de entender, así que... retomando el asunto de la última entrada, bueno, haberme provocado el vómito de manera tan violenta e impulsiva me dejó adolorida, ronca, cansada y sin apetito, pero más o menos a las veinticuatro horas decidí comer algo para sentirme con energía. No había vuelto a pensar mucho en ello. Las heridas de mi muslo derecho han cerrado y sólo escuecen un poco ocasionalmente. Sé que no serán fáciles de ignorar para un tercero, pero estoy segura de que, como ha ocurrido con todas las demás, desaparecerán con el bronceado vacacional. No se lo dije explícitamente a nadie, aunque me encontraba perdida en el infierno. De a poco me hago perfectamente capaz de lidiar sola con ese tipo de cosas, y me alegra no necesitar involucrar agentes externos con los que corra el riesgo de ser mandada a la mierda.
Me aterra no saber si estas cosas están manifestándose de nuevo como una parte de mí de la que no puedo deshacerme, o si soy yo la que hace parte de ellas.
That's it. No me encuentro precisamente bien, pero sobreviviré.
Un abrazo.



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