Rss Feed
  1. Explain, explain...

    sábado, 26 de enero de 2013

    as I turn and meet the power. 

    No he escrito en más de veinte días. En el tiempo libre me sentía invadida por la pereza, y cuando no era así... no encontraba las palabras necesarias. 

    Al llegar a casa todo estuvo perfecto: me sentía cómoda, aunque los primeros días estuve algo enferma y la casa era un caos total. Al final todo volvió a la normalidad. Hace una semana fue mi primer día en la universidad. El lugar está bien, pero recientemente he albergado una cantidad exorbitante de dudas respecto a mi carrera. Creo que, si estudiara Literatura, sería mucho más feliz. Me sentiría más libre y... vamos, sería feliz. Pues cámbiate de carrera y haz lo que consideres, me van a decir, pero es que no puedo pensar sólo en mí. Hay un millar de factores que indican que me quede estudiando Derecho, que me calle y me conforme, que me esfuerce por ser la mejor y todo estará bien. Que hay tiempo. No quiero discutir esto porque sé que me estoy equivocando, y quisiera con todas mis fuerzas dedicar el resto de mi vida a respirar entre libros, entre lo que amo, pero sólo me queda darlo todo de mí y organizarme de manera tal que me quede tiempo para escaparme un rato a alguna atmósfera imaginaria. No abandonaré al principio y ya lo he decidido. ¿Que cómo me siento? Creo que es claro que no del todo bien, pero no es el fin del mundo y, si las letras de verdad son lo mío, encontraré la forma de vivir en ellas de una u otra forma.

    Hoy he ido de compras. Tuve que pedir una talla más: no me cabía el culo —literalmente— en la talla usual, pero mi ninfómana interior le dijo a la anoréxica que se callara, que me veía increíble y que disfrutara esas nalgas. La ninfómana siempre es más divertida, así que es bueno que domine en esos momentos. Igual los jeans no son lo importante. Siempre he dicho que la ropa engaña, y en mi caso los efectos tienden a ser fantásticos. Me he dado tantísimo asco al quitármelo todo hace un rato, me han repugnado tanto las marcas y mis piernas anchas, que he preferido ignorarme. Darme un golpe mental, amarrarme, porque tengo hambre, estoy agotada y quiero comer, necesito comer y sentirme enérgica... aunque sienta una necesidad algo vaga de ayunar un día entero. Va a ser difícil estudiando y agradezco no poder ayunar abiertamente porque sé que no debo, sin importar si me siento grande y patosa, poco ágil, atascada, fea, y me gustaría poder hacer algo para menguar un poco la sensación. No me gusto, sí, pero soy consciente de que esto va a pasar en un par de días y estaré bien. Y volverá, pero me ocuparé de ello entonces.

    Estoy cansadísima. Toda la semana he madrugado, y a partir del lunes tengo clase de siete de la mañana prácticamente todos los días. Me da tristeza sólo imaginar la perspectiva, con lo mucho que odio madrugar.

    Buenas noches.

  2. Whatever tomorrow brings, I'll be there...

    jueves, 3 de enero de 2013

    La atmósfera general ha cambiado, ¡y de qué manera!

    Creo que hay cosas que no detallé anteriormente, por lo que pueden resultar confusas, así que me es necesario exponer un poco el contexto antes de continuar. Me explico: he venido con mi familia a Santa Marta hace doce días. Nos quedamos en casa de mi abuela paterna, con quien no tengo una relación cercana. 

    Mañana volvemos a casa y, según parece, mi 2013 empieza cumpliendo propósitos: la idea es visitar alguna(s) ciudad(es) que yo desconozca, por lo que el trayecto nos tomará dos días –que, si no me equivoco, podrían ser tres–. Claro que un avión es más rápido y más práctico, pero los viajes en carro nos dan la oportunidad de pasar más tiempo juntos antes de retomar cada uno las actividades usuales, dícese trabajar y estudiar. Por extraño que suene, me gusta estar con mis padres en épocas como la presente, cuando es evidente que se ha superado esa etapa tan tediosa de discusiones y contradicciones, y todos somos mucho más abiertos. No faltan las risas, los detalles curiosos y las historias, así que… bueno, es bastante cómodo el asunto.

    Hoy estuvimos en un pueblo a unos minutos de la ciudad donde, pese a la cercanía a los cero metros sobre el nivel del mar, el clima es caluroso en la mañana y demasiado fresco en la noche. Me quedé sola un par de horas, y durante ese lapso preferí quedarme a continuar mi provechosa lectura –debo decir que Tolstoi me ha enamorado–, acostada en una hamaca. De repente comencé a sentirme mal, y acabé corriendo al baño a vomitar al más perfecto estilo de las películas taquilleras de Hollywood –es decir, limpia y rápida (gracias, de nuevo, experiencia bulímica) pero agresivamente–, tras lo que me quedé dormida durante unas dos horas. Desperté absolutamente renovada, y el dolor de cabeza se había ido. Creo que me encontraba tensa, mal dormida, y la relajación y el exceso de comida tuvieron su efecto.

    En fin, estoy sentada en la pseudo-terraza de la casa de mi abuela. Estamos fácilmente a 28ºC y, pese a lo variopinto del día, mi perspectiva ha cambiado radicalmente frente a varios aspectos.

    Difícilmente voy a sentirme cómoda con mi figura, pero el comentario de Blue Rose hizo que me replantease un poco la egocéntrica posición todos-se-sienten-bien-con-su-cuerpo-y-yo-no porque, al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a encarar sus problemas y cualidades negativas de la manera que le venga en gana. No retiro el comentario referente a la libertad con que llevan sus átomos algunas personas pasadas de kilos, pero reconozco que muchas de ellas se sienten incómodas y no tienen otra opción que aceptar y lidiar con el asunto. No soy una obeso-nazi, que quede claro. 

    En resumen, dejar de aferrarme a la idea de dar valor a lo intangible por si lo otro sigue estancado sería equivocarme. No puedo dedicarme a mi físico de lleno, pero descuidar del todo el cúmulo de electrones que represento no redundaría en una perspectiva agradable, ni siquiera cómoda para mí misma, porque no soy un ogro del pantano, no… hay que encontrar una suerte de equilibrio, por complicado que parezca. No puedo intentar romper con eso que forma parte de mí, pero sí puedo evitar entregarme a las calorías –o la falta de ellas– en exceso.


    Estoy tranquila. El calor, el fastidio, el cansancio y el hecho de que echo infinitamente de menos mi casa y mi cama reforzaron el malestar… pero todo estuvo y está bien: no hubo ningún detonante y tampoco estoy en modo tan autodestructivo como hace años, por lo que no me quiebro por cualquier pequeñez. No me quejo porque no tengo motivos para hacerlo, y tuve siempre presente que sólo han acaecido sucesos a los que estoy poco o nada habituada, pero que no representan un obstáculo mayor para mi existencia. Además, no me considero melindrosa y no es momento de empezar a serlo, así que... bueno, como quiera que sea, supe llevar las situaciones de manera apropiada, pese a la soledad que pude sentir por momentos.

    Creo que acabo la reflexión diciendo que me complace volver, que tenía ya muchísimas ganas de hacerlo. Tengo que arreglar mi equipaje –porque siempre hay algo que se me acaba olvidando–, así que... me despido.

    Un abrazo.


  3. Even skeletons wanna be friends with joy.

    miércoles, 2 de enero de 2013

    «Todos tenemos skeletons en el alma, como dicen los ingleses.»

    ¡Feliz año nuevo! 

    Comienzo deseándolo porque es lo mismo que quiero para mí: un 2013 que pueda, después, recordar con satisfacción y quizá también un poco de cariño. Estaba en deuda con lo siguiente:

    Balance del 2012.

    ∞Me gradué –y mis notas fueron bastante buenas–.
    ∞Sobreviví con éxito al examen de estado y al asunto de la universidad.
    ∞Viajé fuera del país y bastante dentro de él.
    ∞Leí más libros que el año pasado –aunque menos que el anterior a ese–.
    ∞En septiembre llegó a casa Lío, mi perrito.
    ∞Conocí gente nueva.
    ∞Me cansé de determinadas personas, por frívolo que suene, y las hice significativamente a un lado para concentrarme en lo que valía la pena. El resultado fue más positivo de lo esperado.
    ∞Mi relación con mi madre mejoró aún más, pese a los altibajos normales.
    ∞Me lastimé, la depresión fue más protagónica en ciertos momentos y mis desórdenes regresaron con fuerza, todo quizá más que en el 2011.
    ∞Empecé a utilizar gafas. Dejé de llevar brackets.
    ∞Maduré, evidentemente, como se hace cada día.
    ∞Entablé una amistad bastante estrecha con ciertas personas con las que venía compartiendo la cotidianidad. Preveo que, pese a ello, la vigencia era limitada.
    ∞Seguí siendo problemática. De ahí salieron los mejores recuerdos.
    ∞Creé este blog que, si bien no es muy frecuentado por terceros, me ha permitido exteriorizar ciertas cosas de una manera más o menos sana.

    Propósitos para el 2013.

    ∞Acabar el primer año de carrera con un buen promedio.
    ∞Hacer ejercicio, a ver si tonifico algo y dejo de quejarme.
    ∞Comer un poco más pensando en mi salud y menos presa de la ansiedad, con el fin de que mi estómago mejore y deje de hincharse.
    ∞Engordar a Lío, que está demasiado flaco para mi gusto.
    ∞Conocer una ciudad nueva.

    En fin, ahí están. Quizá los ponga en la barra lateral del blog a modo de recordatorio, como suele hacerse con el peso, e ir monitoreando mi progreso. Sobra decir que esta vez no me arriesgaré a que ninguna forma de vida inteligente tenga idea siquiera de este sitio, puesto que esta vez no sería poco lo que se estropearía.

    El disgusto hacia mi cuerpo comienza a exceder los límites. Pese a que mi 2013 empezó bastante bien, esa nimiedad de mi perspectiva se ha hecho más notable de lo usual, y más tediosa y difícil de llevar. Sé que a nadie le importa una mierda, pero transcribiré un trozo de la conversación que tuve hoy con alguien que hay por aquí –y a quien no debe molestarle, porque me limitaré a poner única y expresamente lo que dije yo–:

    *Insertar nombre de la persona*, veo mujeres hermosas, si no de rostro, sí de cuerpo, y luego me veo yo y siento asco. No soporto leer ese tipo de basura –con todo respeto– (haciendo alusión a los libros de autoayuda) porque es lo mismo que tomar antidepresivos: engañarte, crearte una atmósfera propicia para aceptar tus defectos, positivizarlos o esconderlos. No voy a cerrar los ojos ante mi imperfección, aunque quiero. Me doy cuenta de que para los hombres soy un atractivo intelectual, invisible. Mi cuerpo no vale, porque hasta yo me siento amorfa por ratos.
    Y veo mujeres gordas y me pregunto cómo pueden exponerse así, y envidio su libertad y esa falta de profundidad que implica creer que la forma no es importante. Estoy hastiada de este cuerpo, de mi belleza prosaica, conceptual.

    Avanzada la conversación: Soy como una obra de arte de esas que los críticos y los observadores desprecian, hasta que llega algún tostadito y le parece bella.

    No sé qué más decir, puesto que ahí arriba, entre líneas y por encima, se nota todo lo que quisiera verbalizar. Estoy física y mentalmente agotada. Me siento emocionalmente inestable, de esa manera que es tan peligrosa y tan repugnante a veces. Parece que estuviese anestesiada, entumecida, que acabasen de darme una fuerte paliza. No tengo ganas de poner imágenes, ni recuerdo frases en inglés que se me hayan quedado pegadas. Quiero acostarme y dorm(or)ir un rato.

    Un abrazo.