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I’m feeling heavy, I’m...
domingo, 13 de septiembre de 2020
Un episodio depresivo esperando para suceder.Un miedo gigante que no se va y que oprime el pecho.Una sensación horrible que quiero arrancar de raíz como la maleza.Una tristeza contenida. Un dolor en el corazón que me disimulo a mí misma porque no tengo tiempo para sucumbir a él.La desesperanza... las ganas hacer algo pero no saber qué.Publicado por Bittersweet Vermillion en 20:57 | 0 comentarios |
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sábado, 7 de marzo de 2020
Estoy aquí. Soy yo. La misma de siempre, la que toda la vida ha cargado una nostalgia que no tiene explicación y que a veces se tiñe de depresión y en el pasado se disfrazó de ponerle nombre y apellido a la felicidad, aunque objetivamente no fuera precisamente felicidad. Hoy me di cuenta de ello, de que lo que de niña eran pesadillas y temor al abandono de mis papás (aunque fueron los padres más consagrados durante mi infancia), y lo que de adolescente fue decirme enamorada de una persona (en un amor que tuvo sus vainas buenas pero que no fue para nada sano), es nostalgia. Así debería llamarme. No me pregunten por qué, porque no lo sé. Mi vida fue, durante mucho tiempo, construida con base en una nostalgia cuyos síntomas más evidentes eran el miedo al cambio y la incapacidad de afrontarlo.Y ahora estoy aquí. Soy yo. La misma de siempre, pero tan diferente. A veces no sé para dónde voy. Hay días (pocos) en que lloro mucho, y hay días (como hoy) en que siento algo parecido a ternura por mí misma y me provoca abrazarme y decirme que está bien. Que nada es definitivo. Que quizá necesito apoyarme más en los demás, dejar de contar a mis amigos las cosas cuando ya dejaron de ser un problema, aprender a decir "te necesito". Pero también me entiendo. En el alma me abrazo y comprendo que ya alguna vez me abrí demasiado a alguien, tanto que esa persona (que no es ni buena ni mala, sólo tampoco sabía dónde estaba parada) se aburrió de lo mismo, y por eso es lógico tener miedo a abrirme. A agotar a los demás. A ser percibida como débil... porque sé lo fuerte que soy.Y sí, estoy aquí. Soy yo, la misma de siempre, pero con veinticuatro años y la firme convicción de que entre más experiencia tengo, menos sé, menos entiendo, y por cada miedo que pierdo gano uno nuevo.Estoy aquí. Soy yo. Quizá no soy la misma de siempre.Pero estoy bien, aunque eso tampoco sé decirlo como debe ser.Estoy aquí. Soy yo. La misma de siempre. Llena de nostalgia y muy llena de miedo de que la nostalgia me arrebate disfrutar el presente, como ya ha hecho tantas veces. De que esta nostalgia, que no entiendo cómo funciona porque no es precisamente añoranza del pasado, me nuble la vista.Estoy aquí. Y a veces no sé quién soy.Publicado por Bittersweet Vermillion en 15:01 | 0 comentarios |
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Old habits die hard
martes, 15 de octubre de 2019
Es tarde, es hora de dormir. Es martes, casi miércoles. Desperté muy temprano para ir a trabajar, volví temprano a casa. Pasaron muchas cosas entre una cosa y otra, pero la más constante fue esta sensación que me da miedo, este no gustarme mi cuerpo, estas ganas de cambiarlo todo, de cambiar de piel, de intercambiar estos huesos con algunos más bellos. Y no entiendo, no entiendo porque hace un par de meses creí que no quedaba nada de ese malestar, que todo había quedado atrás. Para recordármelo me tatué la sensación de bienestar, de belleza, de plenitud, y me ha servido todo el tiempo, pero hoy no. Esta noche no. El escozor de estar dentro de mi cuerpo me supera y no quiero estar en él.Ya no es sólo la comida, no es no comer, comer mucho, comer menos o comer más de aquello. Es todo. No quiero ser yo. Todo me parece tan lejano y a la vez me extraña tanto sentirme así.Esto no ha empezado y ya estoy cansada.Publicado por Bittersweet Vermillion en 21:34 | 1 comentarios |
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I'm officially a lawyer!
martes, 6 de agosto de 2019
Quisiera tener palabras para contar con detalle todo lo que ha pasado en mi vida desde la última entrada, pero no estoy segura de tenerlas, y sin embargo quiero contarlo todo.
El 13 de junio de 2019 me gradué como abogada después de cumplir con todos los requisitos exigidos por mi universidad: aprobar los cinco años de materias, hacer un año de judicatura en el que aprendí muchísimo y que me encantó, y aprobar los cinco exámenes preparatorios necesarios. Este último requisito fue el que más me costó, porque se trató de agrupar literalmente toda mi carrera en cinco exámenes orales, pero lo logré, aprendiendo mucho sobre mí misma y recordando cosas que quizá tenía ya olvidadas, siempre contando con un apoyo inmenso.El 13 de junio me puse un vestido azul oscuro que mandé a hacer a mi medida, corto y de manga 3/4 de encaje, unos tacones dorados puntudos de color dorado que amé, y pasé a recibir mi diploma en la tarima del mismo auditorio de sillas azules en el que mi universidad le dio la bienvenida a la niña asustada y dubitativa que era yo en el 2013. Caminé hacia mi destino, le di la mano al rector y recogí mi cartón, sintiéndome hermosa y poderosa, llevando detrás de mí todas las inquietudes, las lágrimas, todas las plegarias que elevé, los nervios tras cinco años de exámenes, las muchas celebraciones cuando acabé materias en el 2017, las noches de agotamiento supremo del 2018 cuando salía a las 5 p.m. de trabajar y estudiaba para los preparatorios hasta las 9.30 p.m., lo mucho que cambió mi vida del 2013 al 2019. El trabajo no fue fácil, muchas veces pensé que no lo lograría, a veces sentí que estaba demasiado lejos el momento en que viera mi nombre sobre la palabra 'Abogada', pero pasó. El día de mi grado fue el momento más feliz de mi vida. No puedo explicarles lo que sentí, pero cuando volví a mi asiento estaba temblando, no sabía dónde meterme, no sabía a quién abrazar o si era apropiado gritar.Para entonces estaba trabajando en una firma de abogados, mi contrato acabó una semana después del grado y ese mismo día viajé a Cartagena a despejarme porque, aunque ese día fui la mujer más feliz de toda la tierra, el día siguiente no fue el mejor y me dejó bastante triste y con necesidad de alejarme de mi rutina y mi vida habitual. Y ¿saben qué? No pude haber tomado una mejor decisión. De nuevo, entre sol y mar aprendí cosas sobre mí, reflexioné, aclaré mis ideas, me divertí, no gasté un sólo peso en nada que no fueran experiencias (y comida), y sin embargo... ¡qué feliz fui! Ah, y me hice un tatuaje, el primero, en un lugar visible pero no tanto, que me sirviera de recordatorio de lo maravilloso que fue todo, de lo que sentí, y de que por fin, por primera vez en la historia de mi vida, me sentí bien con mi cuerpo, me sentí bella, radiante, increíble. Y como podrán ver, no es el cuerpo de una Kardashian, no es el cuerpo de una mujer dedicada al gimnasio porque ya no tengo el mismo tiempo, pero es mi cuerpo. Y me encanta.Regresé a Bogotá, después de haberme ido con mucha incertidumbre y una nube de dudas encima, con la certeza de que no tenía idea de lo que iba a pasar, pero la vida me iría llevando a donde fuera necesario.Así fue, y así es como me encuentro ahora, con muchísimo miedo pero también con ganas. Aprendiendo, viviendo el día a día, entregando mi vida a algo más grande que yo para que determine qué hacer con todo, conmigo, a dónde llevarme.Espero que todo por aquí ande bien. ¡Les dejo un abrazo enorme!Publicado por Bittersweet Vermillion en 17:50 | 1 comentarios |
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Relapsing is like falling from a skyscrapper,
miércoles, 22 de mayo de 2019
My body ends up numb and my soul is nothing but a big bruise.Todo estaba bien, yo estaba bien. Y de pronto algo me recordó que estoy gorda, me hizo sentirme fea, me plantó soluciones extremas o incluso técnicas patéticas que me ayuden a lidiar temporalmente con este desastre. Mi lado racional no quiere seguir jugando con mi salud, sintiéndose así. El otro sólo quiere el abdomen plano, la perfección, no quedarse atrás."Sometimes I miss being sick; The grimiest part of me wishes I had stayed in that familiar city of gray and mental illness and whatever the opposite of healing is. Where there was nothing to laugh about, but plenty to write about. I've considered myself to be recovered from my eating disorder for three years, but I still write about it in present tense. I also still keep all of my ex's in my contact list. And for once, I don't want to write about this. For the first time I am embarassed, instead of proud of all of the mad things I've done for happiness. When a friend at dinner makes a casual comment on calories, the scoreboard in my head illuminates with numbers again. Once, I cut a ribbon the size I wanted to be and wore it around my waist like a bracelet. Bathroom scales make me feel nostalgic, like a scrapbook I flip through, snapshots of my sickness, the suppers of tobacco smoke and red lipstick, how I used to pack my lunchbox with floss and teeth-whitening strips. Last night, I painted my nails when I was hungry; I can't eat until the polish is dry. I don't want to go into more detail because what if you mistake this poem for an instruction manual? I don't know how to talk about the rabbit hole without accidentally inviting you to follow me down it. When recovery is not all yoga mats and tea and avocados, it is work... It is reminding myself that sucking on ice cubes does not count as dinner. Body, forgive me. It is not healthy to drink so much water that your body becomes a bathtub, your organs floating like loofahs. Body, forgive me. Trying to ignore the caloric calculator in my head is like trying to ignore television subtitles and sometimes I just can't, body, forgive me. Recovery is hard work. Not wanting to die is hard work. Every time you asked if I was full I heard you say "fat" but I am trying so hard not to do that. But I cannot unmemorize the calories of a peppermint. Wanting to die is not the same as wanting to come home, and I am still trying to remember that."Publicado por Bittersweet Vermillion en 22:40 | 1 comentarios |
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Dry wood
domingo, 12 de mayo de 2019
La vida pasa de una forma que de repente me parece demasiado rápida.¿Dónde he estado estos seis años y medio? ¿Qué he hecho? ¿De qué tanto me acuerdo?¿Cuántas veces morí de risa? ¿Cuántas lloré? ¿Cuántas veces tuve ansiedad y no pude dormir porque tenía un examen al día siguiente? ¿Cuántas me emborraché? ¿Cuántas veces llegué tarde a clase? ¿Y cuántas semanas pasé una tarde tras otra estudiando hasta la noche en la universidad?¿Cuántas veces me sentí invencible? ¿Cuántas veces me sentí miserable? ¿Cuántas tuve sexo?¿Cuántos kilómetros conduje? ¿Cuántos caminé? ¿Cuántas canciones bailé?¿Cuántas veces dudé?¿Cuántas veces fui feliz?Un montón.Uno no cree que va a llegar al final, pero llega.Quiero que sea perfecto pero a la vez que sea espontáneo. O quizá quiero que sea perfecto y para eso tiene que ser espontáneo. O tal vez... ahora sé que sólo quiero que sea espontáneo y así es como resulta perfecto.Me ahogo. Me emociona. Me asusta. Me desconcierta, me desorienta. Me provoca llorar, detener el mundo, parar.Viajar. A donde sea, pero viajar. Sentir el sol en la piel, correr en un lugar desconocido, comer algo diferente, dejar un libro salpicado de mar, respirar un aire que no es el mío... vibrar. Parar un poco de hacer lo que he hecho durante toda mi vida, aunque sea sólo un ratito.Y devolverle al universo un poquito de todo el amor que me da.Publicado por Bittersweet Vermillion en 23:23 | 1 comentarios |
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#Depressed
jueves, 2 de mayo de 2019
Depresión.D e p r e s i ó n .Depression.D e p r e s s e d .Quiero empezar diciendo algo importante: esto no es una promoción de las conductas autolesivas y, si estás considerando hacerlo por primera vez, sugiero que busques ayuda (aunque sea la de algún amigo o familiar de confianza, aunque sientas temor de que piense que quieres llamar la atención, aunque tengas que mostrarle todo el contenido virtual que te invita a querer hacer parte de la "comunidad" de gente que se autolesiona o que te lo vende como una salida). Lo único que sé en este momento, lo único que veo con claridad a través de las ganas de llorar y la tristeza y el embotamiento mental... es que si pudiera regresar en el tiempo a la primera vez que me lastimé y evitarlo, lo haría. Definitivamente lo haría.A veces pienso que la niña que fui no estaría nada orgullosa de lo que soy hoy, y eso me mata. Porque en el fondo, lo único en lo que he fallado estruendosamente siempre es en cuidarme a mí misma. No intencionalmente, no porque no me quiera, no porque desee llamar la atención o llegar a estadios drásticos y sombríos... simplemente no sé cuidarme. Soy la persona que tenderá siempre a cuidar a los demás, a tratar de hacerlos sentir bien y especiales, a minimizar la gravedad o seriedad de las cosas que pasan alrededor para reducir la incomodidad, el miedo o el dolor de los demás, pero cuando se trata de mí... no sé qué hacer, qué necesito hacer, por dónde empezar. Y al mismo tiempo... siento que tampoco soy buena para ser la que recibe el cuidado. No sé cómo desempeñar bien ningún rol en lo que a mí respecta. Y entonces voy por la vida a trompicones, haciendo lo que puedo por mantener mi salud mental sin decirle a las demás personas porque no sé cómo reaccionaría yo con las reacciones de alguien más. Ya no sé, siendo una mujer adulta, independiente y reservada en cuanto a mi vida... no sé cómo actuaría.Hoy la depresión me nubla absolutamente todo el panorama. Soy consciente de que durante los últimos diez años o algo así he cargado con ella y he continuado a pesar de ella, pero eso no significa que cada vez que me atacó hubiera tenido la ocasión de mejorar mis técnicas para sobrellevarla, para seguir desarrollando mis tareas con ella mirando sobre mi hombro, para respirar aunque la depresión me presionara el pecho. No. Estaba demasiado ocupada sobreviviendo para pensar en los detalles.Ni siquiera puedo creer que la depresión no haya reaparecido en un momento mejor que este. ¿No podía esperar a finales de junio? ¿A julio? ¿No podía volver con toda su fuerza después?No. Tenía que ser ahora y hacerme preguntar si el problema es que soy perezosa y no que estoy deprimida, si hay algo mal conmigo o si es circunstancial. Y me lo pregunto aunque todas mis redes sociales están inactivas y no hay chance de que pierda el tiempo en ellas, aunque toda la semana tuve pesadillas horribles y dormí más de once horas cada día, aunque a veces ni siquiera me sienta yo misma, aunque sea evidente que no estoy bien.Hoy la única estrategia que se me ocurre es lastimarme porque ninguna de las otras funcionó para ganar esta batalla silenciosa... porque la lógica me indica que entre más rápido toque fondo, más rápido vuelvo a salir de ahí. Pero a la vez no, porque no quiero ser esa persona, la frágil, la rota. No más.Publicado por Bittersweet Vermillion en 19:47 | 3 comentarios |

