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  1. Nunca hablamos de las cosas que importan, y creo que es porque no sabemos que eran importantes hasta que se ciernen sobre nosotros con gravedad. Tengo la noción de que la gente a mi alrededor necesita y merece más amor de mi parte, más cariño, más amabilidad. Y sin embargo no siempre me sale. Casi nunca, de hecho. Eso pesa porque soy consciente de que algún día eso se me hará importante, y seguramente será muy tarde. 

    Pero es que no hablar de las cosas que importan es una costumbre, y es que las cosas que importan son incómodas, nos hacen revolvernos en la silla o buscar adjetivos suaves o políticamente correctos para describirlas.

    Y si a veces tengo una noción vaga de las cosas que importan hacia afuera, sin lugar a dudas no tengo ni idea de las cosas que importan hacia adentro. Me he perdido siempre en los laberintos de las cosas irrelevantes, en las discusiones superfluas, en los momentos pasajeros. Creo que construyo algo dentro de mí pero no sé qué es, y de repente llegan las avalanchas de las cosas que no entiendo, y resulta que construí castillos de arena, muchos castillos de arena que se deshacen con las olas de un mar que a veces es calma y a veces viene por culpa de un huracán.

    He sido maestra en artes que todavía no logro aprender, he dado consejos hundiéndome en las arenas movedizas de mi propia incertidumbre y de mi insoportable indecisión. He sonreído y reído a carcajadas para horas después sentir miedo de estar sola.

    Traté de meditar, de escribir (sin mucho juicio) en un diario, de dejar de procrastinar. Vi mil doscientas charlas motivacionales para ver si encontraba el consejo que me ayudaría, la pista que me cambiaría la vida.

    Pero me perdí. Y ya no se me ocurre nada diferente al psiquiatra y las pastillas estabilizadoras de ánimo o la sangre, o la sangre y después las pastillas, o al psiquiatra y ser lo suficientemente honesta para decir que me saben a mierda la meditación, las mandalas, el skincare y todo lo demás que no sea hundirme en mi cama o que me saquen de aquí con una grúa. 

    La fuerza se me ha ido quedando en estar viva y ya no sé cómo hacer algo más. Nunca hablamos de las cosas que importan y yo creo que ya no importan más. Esto va a volver a empezar.


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