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  1. I need some shelter of my own protection, baby.

    domingo, 22 de octubre de 2017

    Cinco meses han pasado desde la última vez que escribí una entrada corta, dramática y enigmática. En cinco meses la vida me ha cambiado del cielo a la tierra: en febrero pasé del cielo al infierno en cuestión de minutos, y en adelante no hice más que descender de círculo en círculo hasta el más profundo del infierno. Después volví a ascender y, aunque es clarísimo que estoy muy, muy, muy lejos del cielo... por lo menos ya no tengo la sensación de estar imposiblemente atrapada en un lugar en el que sólo hay dolor y desolación. 

    Quiero contarles que J y yo terminamos. No fue una terminación limpia ni corta, pero no hubo insultos (sí "sacadas en cara" y antipatía, pero muy consistentes con el respeto que nos tuvimos toda la relación, no hubo insultos), llamadas borrachos o serenatas diabólicas. Empezamos "dándonos un tiempo", pero la terminación definitiva vino como en junio, cuando conoció a alguien más y decidió soltarme. Esa fue la cumbre del dolor, pero en adelante todo fue más sencillo: yo había dejado de hablar con mis amigos de la universidad y mi mejor amiga, pero también había empezado a ir a terapia psicológica hacía dos meses, así que volví a conectarme con esas personas a las que había perdido y empecé a salir. A nadie le conté todo lo que pasó, en primer lugar porque sinceramente pensé, al principio, que en verdad nos estábamos dando un tiempo, y me parecía innecesario hacerlo quedar mal... y en últimas porque soy muy consciente de que el único malo de la historia no fue él. Nosotros nos turnamos el papel de villano, y aunque jamás nos insultamos ni nos agredimos... sé bien que ambos nos hicimos mucho daño. No importa quién empezó: nos lastimamos demasiado. 
    El amor no todo lo puede, ahora lo sé: eso que creía ingenuamente no existe, no es real. El perdón no borra ni los pecados ni el dolor, y a veces perdonar es un eufemismo para decir "voy a tratar de quererte como antes de que me lastimaras, pero no se me va a olvidar y esto algún día va a estallar". A veces perdonar requiere no permitir, no permitir que alguien vuelva o no permitirnos volver. A veces sólo estando lejos podemos hacer las paces con lo que el otro hizo y con lo que hicimos, con el dolor que nos causó o que le causamos... y dejarlo estar. 

    Durante los primeros meses le pedí mucho a Dios que me pusiera en su corazón. Todos los días lo hacía por la mañana y por la noche. Eventualmente le pedí a Dios que me matara, que por favor no me dejara seguir viviendo porque no lo soportaba. Pero parece que eso no era lo que Dios quería para mí, y aquí estoy. Dejé de pedirle a Dios que me pusiera en su corazón para pedirle que me sanara y me ayudara a seguir. Siempre le pedí lo siguiente: que, si él era el hombre de mi vida, lo arreglara y me lo devolviera como debía quedarse en mi vida. Ahora no sé si él sea el hombre de mi vida, pero está claro que si se fue es porque no lo era en ese momento. No sé si la vida quiera que nos reencontremos eventualmente y que nos amemos como se debe... pero por ahora estamos siguiendo caminos distintos. Hablamos de vez en cuando, porque habíamos quedado en reconectarnos, en volver a hablar con calma, pero hasta ahora sólo ha servido para darle un tono más amistoso a nuestras conversaciones, para no seguirnos hiriendo y ser capaces de saber del otro sin drama (dejé de temblar y vomitar cada vez que me escribe)... pero está bien. Ya he procesado y entendido muchas cosas y soy capaz de mandarle luz y buena energía cuando pienso en él.

    Desde junio empecé a tener citas con hombres. Tuve las citas más desastrosas de la vida pero también unas bastante divertidas. Con ninguno de esos hombres salí más veces de las que puedo contar con una mano, y eventualmente borré los teléfonos de todos. Ninguno sobrevivió. Hablé de mi vida amorosa con una pluralidad de conductores de Uber y taxi, y seguí llorando pero cada vez con más tiempo entre llanto y llanto: primero cada fin de semana, luego cada quince días, luego una vez al mes. 
    Volví a comer como suelo hacer, subí de peso de nuevo, empecé a conducir y a salir de la ciudad con mis amigos, a quedarme a dormir en la casa de mi mejor amigo y a ir de fiesta con el único propósito de disfrutar con mis amigos. Poco a poco volví a escuchar canciones que hablaban de amor, a ver películas que tocaran el tema, y a hablar del amor. 

    Por supuesto, hablo de amor en tercera persona, en teoría y con un escepticismo que no me permite conjugar el verbo 'amar' con el adverbio 'incondicionalmente' en mi vida. Con J viví cosas hermosas, hice unas muy ricas, comí cosas deliciosas, vi paisajes tan hermosos que agobian, sufrí con él y por él (y viceversa), crecí y aprendí con él (y viceversa, de nuevo), pero ni todo eso fue suficiente para mantenernos juntos. ¿Entonces? ¿Hay algo más? ¿Hay algo que nos perdimos? ¿Hay algún paso que nos saltamos? ¿Éramos o no éramos felices? ¿Cuándo empezó a irse a la mierda (en serio) lo que sentíamos? Pero lo más importante: ¿después de esto habrá algo que se sienta tan real y parezca valer tanto la pena? ¿Podré volver a darle todo de mí a alguien? ¿Debería? ¿Podré volver a creerle a alguien cuando me diga que me ama? ¿Cuando me diga que soy la única mujer en su vida? ¿Cuando me diga que le importo?

    En fin. El año académico ya casi acaba. Todo se hace más difícil y da miedo, pero también emociona. Y estoy bien. No duele respirar ya, no todo el tiempo. Ya no me siento vacía con la misma frecuencia... ya no quiero morirme. Estoy tranquila... y esta tranquilidad no tiene precio.

    Un abrazo. Y volveré pronto, lo prometo. 



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