Odio intentar pertenecer a este mundo de nuevo y venir, después de haber escrito más de mil entradas mal repartidas por diferentes blogs, y sentirme desnuda y novata. Sobre todo eso, sentirme mal por sentirme tan abandonada. Porque ni siquiera quedan los resquicios del tiempo que me tardé redactando entradas y pixelando mi vida para no sentirme tan sola. Se me agolpan los recuerdos y las ganas de no haber borrado así el pasado, pero también me agobia la culpa porque durante dos años no sentí necesidad alguna de recordarme la historia completa, y algo me dice que hacerlo ahora es un mal indicio. Supongo que es muy difícil volver a empezar, pero se puede, aunque no será como antes. Estoy molesta porque he perdido el hilo y no sé cómo encontrarlo.
En fin, no sé de dónde me sale el afán por compartir mis letras. A pesar de que a este año no le han faltado cosas positivas, creo que podría hacerlo mejor que esto que se resume en pasar mi tiempo libre yendo en retroceso e intentando dormir para no ser consciente de los dolores de cabeza y los rugidos estomacales que no me dejan olvidar el hambre. Cuatro nuevos cortes se han sumado al cuadro pintoresco y enfermizo de mi brazo izquierdo.
Y no puedo evitar sentirme patética por hacerme tanto daño.
Y no me cabe en la cabeza saberme capaz de odiarme tanto.
Nadie suele decirme Allie, más que tú.
Tus palabras son inconfundibles, no tuviste que mencionar tu nombre, para saber que eras tú.
Mi mamá me dijo hace 2 semanas que las verdaderas amistades perduran, apesar de la distancia y el tiempo, no estoy segura a que vino pero tenía que escribirlo.
Creciste, cambiaste pero nunca te he dejado de querer, siempre te pienso y de alguna u otra forma seguirás siendo mi hija.
Voy a estar contigo algún día y me sentiré digna de estar a tu lado, porque creo que tengo mucho que aprenderte.
Un Beso