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  1. Recap

    viernes, 14 de diciembre de 2012

    Screams all sound the same.

    Dado que será una entrada de estructura extensa aunque no de contenido, pero aún así, agradeceré antes y no después a las personas que se tomaron el trabajo de leer mi último post y, en general, todos los demás. Supongo que se han quedado porque algo les habrá gustado, así que, bueno, muchas gracias.

    Lo que sigue es una suerte de recapitulación de la semana que he pasado sin escribir y alguna que otra basura adicional que vomité como plus.

    Viernes.
    Cena en casa de una de mis tías por el grado de controladora aérea de mi prima, además del famoso día de las velitas. Lo pasé muy bien recordando ciertos sucesos y parajes de la infancia, y comí delicioso. Supongo que no me apetece extenderme porque ya hablé del resto con mi amigo psicólogo y no, no siento ganas de retomar el asunto.

    Sábado.
    El sábado estuvo mi hermana mayor en casa. Su novio vino a hablar con mi padre, cosa que encuentro realmente ridícula puesto que tiene veintiocho años, un hijo y un divorcio encima. Ella es rubia, preciosa y... eeeen fin.

    Domingo.
    Nada. No me acuerdo, no sé.

    Lunes.
    Mi madre me cedió una cena en un restaurante de mi ciudad. Me gustó muchísimo. Entré, comí, bebí un vino delicioso, hubo algunas fotos y postre: chocolate en su más pura y exquisita expresión y frutos rojos.

    Martes.
    Tuve que despertar temprano a hacer un par de diligencias de mi madre y mi hermana pequeña. Al volver a casa me encontré con un amigo. Estaba muerta de sueño, pero apareció en el chat una chica con la que he vuelto a hablar bastante últimamente estudiamos juntas de pequeñas y es una persona con la que me siento cómoda, aunque ahora tiene una hija y demás y me dijo que le sobraba una boleta doble para un concierto que había esa misma tarde. 

    Miércoles.
    No me molesté en ducharme. ¿Nadie quería leer el detalle? Dudo que alguien haya llegado a este punto y, si alguien lo ha hecho y le ha parecido desagradable: no hay una persona que lo haya hecho absolutamente todos los días de su vida, así que hay que dejar la doble moral.
    Dado que mi hermana compró un iPad con la tarjeta de crédito de mi padre sin tener la decencia de avisar repito, tiene 28 años, aproveché el oportuno enfado de mi madre frente a la situación desequilibrada, quien me prestó otra tarjeta de crédito, y compré un Kindle que, se supone, ha de llegar el día de mi cumpleaños. Ya mencionaré qué tan cumplidos son los asuntos con Amazon.

    Jueves.
    Oh, ¡ayer! Qué rápido llegué. Ayer estuve en casa todo el día. Sí, sí me duché. Comí nuggets de pollo por montones, terminé de leer Fire, de Kristin Cashore.

    Viernes.
    ¡Hoy! No dormí muy bien. Me lastimé. No sé cuántos cortes horizontales, uno vertical, en el mismo escenario de las dos veces anteriores. Asumo que no será muy bueno abrir nuevas heridas sobre heridas que acaban de cerrar, pero no caí en cuenta hasta después. Tampoco es que sea algo muy relevante. 


    Después he visto una película, Amor y letras. La verdad es que me ha gustado muchísimo: un adulto taciturno conoce a una chica activa y jovial de diecinueve años, y entre ellos no sucede nada significativo, fuera del intercambio de cartas escritas a mano y de contenidos encantadores. Es la clara ilustración de la idealización en la que pueden desembocar unas letras bien puestas, y el dolor del choque de la realidad con la imagen irreal y la atmósfera idílica de una relación sin rótulo. Quizá me gustó por eso, porque aunque la chica es un poco ridícula, al final acaba bebiendo de más y teniendo sexo con alguien cuyas palabras nunca hicieron mella en ella, alguien que acaba situándola en su órbita relacional adecuada. 



    En fin, ya sé que he sido algo escueta, pero me apetecía actualizar sin profundizar mucho en ciertos sucesos. Bien dijo Sartrè que «el peligro de llevar un diario es que se exagera todo, uno esta al acecho, forzando continuamente la verdad», y estoy convencida de que tal premisa cobra más sentido entre más días haya que recordar.

    Un abrazo.

  2. 1 comentarios:

    1. Anónimo dijo...

      Tengo que decirlo: amo cómo escribís. Y me gusta mucho Sartrè (no creo que le extrañe a nadie). Tuviste una semana de esas, digamos... "bien"? Me intriga en qué se convertiría el relato si dieras más detalles, pero entiendo si no es necesario. Sos muy bonita y la foto está muy buena. Si tenés algún secreto para llevar tan bien el cabello así de largo, te pido lo compartas. Fin de parte frívola jaja!

      Esas charlas como la que tuviste son fascinantes, lástima que no pueden tenerse con cualquiera. No sé si sorprende que haya pasado con una mujer, pero lo que pienso por mi experiencia es que generalmente son los hombres con quienes una pasa horas "filosofando". No sé bien por qué se hace más simple. Bueno, me imagino. Somos mujeres.

      Un beso enorme :)

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